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El transporte público de pasajeros volvió con frecuencias espaciadas

Tras 29 días seguidos de paro, las unidades circularon ayer con pocos pasajeros. Si bien hubo quejas, el público valoró la limpieza.

Sábado 01 de Agosto de 2020

Después de 29 días sin transporte público de pasajeros, Rosario retomó ayer cierta "normalidad" en las calles a raíz del regreso de las unidades, que funcionaron a capacidad limitada por los protocolos sanitarios impuestos por el coronavirus. La ciudadanía se volcó a las esquinas para trasladarse principalmente al trabajo o a realizar trámites postergados. Si bien hubo quejas que giraron en torno a las pocas frecuencias que generaron esperas de más de 20 minutos, se valoró la higiene en los vehículos.

No fue un viernes más en la ciudad, que estuvo casi un mes sin el servicio esencial del transporte a raíz del paro de los choferes. En un contexto de normalidad, con clases en las escuelas y sin cuarentena de por medio, el saldo hubiese tenido peores resultados.

Las unidades volvieron a circular, el tránsito mostró algunas complicaciones, y esquinas y plazas revivieron con grupos de personas en los refugios, aunque todas respetando el distanciamiento.

Para la mayoría se trata de un medio indispensable, y volvieron a utilizarlo para llegar al trabajo o recorrer distancias largas que, por distintas motivos, no pueden hacer en bicicleta y muchos menos en taxi por una cuestión de costos.

El panorama se advirtió en una recorrida de La Capital por el entorno de la plaza Sarmiento, donde si bien no se notó el trajinar de épocas no tan lejanas, hubo señales de cierta reactivación.

La empleada de una dietética de calle Entre Ríos al 900 resumió lo que significa el transporte público para miles de rosarinos. "Fue un alivio, volví a trabajar después de casi un mes. Vivo en la zona de Fisherton, a 84 cuadras de acá. Se hubiera usado el taxi, habría tenido que pagar 750 pesos por día. Y andar en bicicleta me da miedo por los choques y los robos".

El dueño de una tienda de ropa por la misma calle expuso otra mirada. "El negocio es mío y no tengo empleados. Pero la gente que me da de comer y me compra se mueve en colectivo. Todo se deprimió con el paro y la pandemia, esperemos que se reactive", se esperanzó Mario Difilippo.

Carlos, el muchacho que vende praliné en la esquina de Entre Ríos y San Luis, describió que vio pasar "pocos colectivos sobre las nueve de la mañana. A mi me vendría bien que se moviera todo un poco más, porque llegué a vender 4.000 pesos por día y ahora no llego a 800 pesos".

Mientras tanto, en la plaza Sarmiento, al igual que en la Alberdi (Puccio y bulevar Rondeau) y en las esquina de Uriburu y San Martín, la Municipalidad dispuso puntos de desinfección de colectivos y controles para que las personas respeten el distanciamiento y las normas sanitarias.

Más allá de eso, el local de recarga de la tarjeta Movi ubicado sobre la intersección de Entre y San Luis estaba cerrado. Cuando LaCapital se lo advirtió a una agente municipal, dijo que enseguida reportaría la situación, que se da en todos los barrios de la ciudad.

En la tradicional parada y bajo la supervisión de agentes del Ente de la Movilidad, Miriam aguardó más de 20 minutos el 146. "Fui a la zona oeste para llevarle un regalo a mi hija, porque ayer cumplió años. Ahora regreso a mi casa en el sur. Si tengo que hacer esa vuelta en taxi, gasto como mil pesos", indicó la mujer que antes de subir por la puerta trasera valoró la higiene de los colectivos.

Mariela, una docente del barrio Las Delicias, cargaba un par de bolsas de la proveeduría de la Mutual de la Asociación Empleados de Comercios (Amecro) mientras esperaba el 138 que la devolviera a su casa. "La frecuencia no es la mejor. Para venir estuve más de 20 minutos en Italia y Arijón", remarcó sobre un déficit del servicio que cuesta revertir.

En la esquina de San Luis y Corrientes Marisa se bajaba apurada de un 103 (bandera roja), procedente de Villa Gobernador Gálvez. "La verdad es que el colectivo estaba limpio y no había mucha gente. Ahora que se solucionó el problema vengo a trabajar en colectivo. Durante el paro nos arreglamos con compañeras gracias al auto de una de ellas y compartimos el gasto de gasoil", dijo la joven que, al igual que el resto de los consultados, criticó una espera promedio de 20 minutos hasta que llegó su colectivo.

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