Pandemia

El servicio de drogadependencia del Agudo Avila está al borde del cierre

Los profesionales que trabajan en asistencia y prevención de daños hace nueve meses que no cobran. Mientras tanto, advierten, el aislamiento profundiza los problemas de consumo

Miércoles 21 de Octubre de 2020

En abril, poco después de que la pandemia de coronavirus irrumpa en la vida cotidiana, el Servicio Asistencial en Drogadependencias y Sida (Sadys) del Centro Regional de Salud Mental Agudo Avila presentó una campaña con información clara y pragmática sobre consumo de drogas en medio de la crisis sanitaria, y anunció la puesta en marcha de un servicio de consejería on line con dos líneas telefónicas. Ambas medidas buscaban anticiparse a los efectos que las restricciones a la vida social iban a tener en los problemas de consumo. Lo que por esos días era imprevisto era el camino que iba a recorrer el servicio: sin fondos para mantener sus actividades y con sus profesionales sin cobrar sus sueldos desde enero, el Sadys se encuentra al borde del cierre. Y lo que es peor: "se está dejando de lado la atención de las poblaciones más vulnerables, en estos escenarios en que resulta indispensable", señala su titular, Silvia Inchaurraga.

Desde el comienzo de la pandemia de coronavirus, en el Sadys no sólo se mantuvo sus actividades de asistencia a personas con problemas relacionados al consumo de sustancias, sino que la demanda creció. "Las restricciones de la vida social para toda esta población ha generado una maximización de las situaciones de riesgo, incluso de daño. En estos tiempos, una crisis de abstinencia se transforma en una crisis de abstinencia con A mayúscula. Hemos tenido muchos pacientes que han terminado detenidos por andar metiéndose en líos y circulando a cualquier hora producto de la ansiedad y desesperación. El acompañamiento a estas poblaciones es más que urgente en este escenario", señala la jefa del servicio.

El Sadys depende del Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencias y SIDA de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el Centro Regional de Salud Mental Agudo Avila en el marco de un convenio entre la universidad y la provincia. Desde 1995 brinda asistencia a personas con problemas de consumo de drogas, y realiza actividades de clínica, investigación, capacitación y campañas en el territorio en el marco de los proyectos de prevención y reducción de daños.

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En el servicio trabaja un equipo de 9 personas (6 psicólogos, 1 psiquiatra y consejeros acompañantes de reducción de daños) y se financia en el marco de un convenio firmado con la Agencia de Prevención del Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (Aprecod), junto al Ministerio de Gobierno y el Ministerio de Salud de la provincia.

Sin embargo, desde enero de este año, los profesionales dejaron de percibir sus sueldos y cinco de los nueve integrantes del servicio (cuatro psicólogos y un psiquiatra) presentaron su renuncia. Lo que deja al Sadys "en riesgo de ser cerrado", tal como advirtieron varias veces sus profesionales en las notas que llevaron a los despachos de varios funcionarios provinciales.

Actualmente, en los consultorios que funcionan en el Hospital Agudo Avila se atienden unos 30 pacientes. Muchos más son los beneficiarios de las acciones que se despliegan en las consejerías barriales o en las campañas que desarrollan en eventos masivos. La última fue sobre coronavirus y consumo de drogas y advertía sobre los cuidados en medio de la crisis sanitaria.

En los consultorios

El Sadys funciona en el segundo piso del centro de salud mental de Suipacha y Santa Fe. En esta pandemia no dejaron de llegar hasta los consultorios pacientes que ingresaron por la guardia del hospital, o por el sector de internación, los destinos dispositivos que dependen del centro de salud, como las casas asistidas.

Martín Coronel es el coordinador clínico del servicio. La pandemia, dice, cambió la configuración de lo que comúnmente se llama la problemática de adicciones. "Como se desarticularon las redes de trabajo en territorio, de atención primaria, recibimos las consultas de la gente que llega con el problema estallado", señala sin medias tintas.

La reducción de la circulación de personas desarticuló las iniciativas relacionadas con la reducción de daños, el trabajo en territorio, las reuniones con los promotores de los talleres. El problema, dice, es saber si estas actividades se retomarán el año próximo. "Lo novedoso que plantea el servicio es la modalidad de trabajo, en asistencia, prevención e investigación y el trabajo articulado entre la Universidad y la provincia que incluye la formación de estudiantes de pre y posgrado. Es un proyecto único e innovador que no se puede perder", apunta y destaca que, en medio de este devaneo "la gente sigue viniendo, sigue sufriendo y sigue teniendo los mismos o más problemas que antes".

ARDA - Reducción de daños

Sin respuestas

Desde diciembre pasado, los trabajadores del servicio han venido reclamando la regularización de su situación. "Si se interrumpen los tratamientos que se vienen llevando adelante, implicaría además consecuencias gravísimas que no sólo afectan el proceso terapéutico que se viene sosteniendo -en algunos casos- desde hace años; sino que además ponen en riesgo la salud y la salud mental de los y las pacientes, incrementando el riesgo de daños asociados al consumo y de nuevas situaciones de consumo problemático", describe Inchaurraga y advierte que la situación no sólo perjudica directamente a los trabajadores, sino a los usuarios del servicio y, además, desjerarquiza al sistema público de salud.╠

"En estos tiempos de pandemia _remarca_, el Estado debiera estar más presente que nunca acompañando tanto a los profesionales de la salud como a los usuarios del sistema público de atención, que además en este caso son usuarios de sustancias en contacto con el sistema de salud y con un dispositivo de inclusión y asistencia que se erige como alternativa necesaria a la, lamentablemente frecuente, exclusión y aislamiento social o patologización y encierro en instituciones monovalentes".

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