Domingo 31 de Diciembre de 2017
Cuando un hobby se convierte en una manera de ganarse la vida. Esa es la frase que resume la tarea de Alfredo Laborde, un rosarino de 43 años que desde los 20 incursionó en la restauración de autos deportivos antiguos como pasatiempo hasta que la pasión, la constancia y el perfeccionamiento le permitieron dedicarse tiempo completo al arte de reproducir coches "vintage" originales, hasta incluso fabricar un famoso modelo desde cero, el Shelby Cobra AC 427 de 1968.
Mecánico de profesión y criado en barrio Saladillo, Alfredo hizo sus primeras armas arreglando los autos de su padre, que tenía una jugosa colección de vehículos del estilo. "Empecé a meterles mano para poder sacarlos a dar una vuelta. Yo los quería manejar, pero no tenía plata para pagarle a alguien especializado, entonces aprendí a emparcharlos", cuenta.
Con el tiempo, y de manera autodidacta, adquirió los conocimientos y los contactos que le permitirían junto a un socio comenzar a trabajar para clientes de todo el país, pero también internacionales. Hasta el 2006, cuando la limitación a las importaciones hizo el negocio inviable, propietarios de Estados Unidos y algunos países europeos le enviaban sus coches (Jaguar, Lancia, Mercedes, por ejemplo) para ser renovados por completo en Rosario y luego volver a su lugar de procedencia.
A partir de allí tuvo que reconvertirse y comenzar a armar sus propios autos (al Cobra se le sumó el Porsche 356 y pronto habrá otro modelo), o comprar coches en desuso para restaurarlos y venderlos.
MacGyver
"Mucha gente no sabe la calidad del trabajo que hay en esta ciudad. Con el 50 por ciento de los recursos que en otros lugares, pero con creatividad y poder de improvisación, se hacen cosas de gran nivel. Mi taller es básico y con herramientas simples, pero con mucho ingenio. Somos un poco MacGyver", dice con sorna en referencia a la serie de los años '80 en la que un agente secreto era capaz de armar una bomba con un clip y un chicle.
El trabajo es arduo y detallado: el auto se desarma por completo, se chequean posibles inconvenientes mecánicos y estéticos, se cambian las partes defectuosas con repuestos originales que son importados; y si no se consiguen, se fabrican a medida (pistones, bielas, engranajes). Otras veces se reemplazan por repuestos nacionales.
"El desafío constante es poder armar algo que todos creen que no puede hacerse", dice el mecánico. Del proceso participa un gran grupo de gente, porque muchas tareas, como los tapizados o las partes de madera, se tercerizan y se hacen a mano.
De hecho, Laborde no es el único que ofrece este servicio, sino que hay todo un circuito de unos 20 talleres en la ciudad. "Nadie lo sabe, pero en Rosario hay gente que construye autos y luego los vende en Italia o España para competición, como por ejemplo una réplica de la Flecha de Plata de (Juan Manuel) Fangio", señala. "Hay mucho de arte en esto", compara.
La especialidad
En su taller, la especialidad son los modelos de dos puertas, convertibles y biplaza (para dos personas), conocidos en la jerga como "roadster". La decisión de empezar a fabricar el Cobra, famoso por la doble línea de pintura que atraviesa toda la carrocería de punta a punta, también se debió a lo privativo de su precio: "Este auto sale entre dos y tres millones de dólares, pero nosotros lo fabricamos por 50 mil", detalla.
La carrocería de fibra de vidrio es armada desde cero por Alfredo. Un ingeniero mecánico asesora en el montaje del motor, adaptado de un Ford Mustang. Otros componentes, como el parabrisas, se importa desde Estados Unidos.
¿Quiénes son los compradores? "Obviamente gente con poder adquisitivo. Y mucho varía según la calidad de los componentes que se elijan. Pero básicamente hay dos tipos de clientes: el hombre mayor, que no tiene tiempo y te lo pide armado, completo; y el joven, que quizás tiene menos dinero y va comprando de a partes los kits para armarlo él mismo. A esos chicos también les enseñamos, les damos una mano, el conocimiento circula", analiza.
Artesanal
Laborde hace todo con sus propias manos. Además de construir la casa en la que transcurre la entrevista y reciclar varios de los muebles que la visten por dentro, también restaura barcos y hasta aviones.
Su joya es un Triumph TR3 verde de 1960 que utiliza habitualmente en las calles rosarinas. El coche está impecable: "Me lo regaló mi viejo a los 18 años", recuerda.
Su próximo desafío es construir el Ford GT 40 que corrió las 24 horas de Le Mans en los '60 y '70. El original, afirma, sale 10 millones de dólares, pero la réplica puede hacerse por 100 mil.
"Sólo una caja de cambios auténtica sale 25 lucas verdes, así que hay que buscar piezas nacionales", indica el hombre. Y allí la pasión talla y el resultado final es impactante.
Los modelos deslumbran y Alfredo disfruta de su trabajo.