La ciudad

El refugio Sol de Noche abrió hace sólo siete días y ya está desbordado

Con 20 plazas, durante el frío fin de semana pasado el albergue ya alojó a unas 28 personas. Rosario tiene dos hogares nocturnos. Por ordenanza de 2007, debería haber uno municipal.

Martes 24 de Junio de 2008

La necesidad golpea las puertas del refugio Sol de Noche, que abrió hace sólo una semana para dar cama y comida a gente en situación de calle y ya se vio desbordado por la demanda. "Aunque tenemos 20 plazas, el viernes y el sábado pasados alojamos a 28 personas, mientras el resto de los días rondamos las 25", dijo ayer Elizabeth Báez, una de los 40 voluntarios que se turnan para atender el refugio, bancado a fuerza de pulmón y solidaridad (ver aparte). El otro albergue en Rosario es el hogar para adultos desamparados Josefina Bakita, del padre Tomás Santidrián, también lleno. Y aunque por ordenanza el municipio debió crear un centro de noche hace ya un año, nunca lo abrió.

Según contó Báez, todos se vieron sorprendidos por la respuesta. A las siete personas que habitualmente rondan a la intemperie por las zonas de hospitales y de la terminal de ómnibus y que ellos mismos se encargaron de convocar se sumaron muchas otras, enteradas de la reapertura de Sol de Noche por los medios de comunicación y el boca a boca.

El refugio, que funcionó durante el invierno pasado, no había podido abrir este año porque sus voluntarios debieron devolver el local que les habían prestado en zona oeste. Y aunque contaban con dinero para alquilar, no conseguían un propietario dispuesto a ceder una casa para ese uso. Pero la semana pasada finalmente lo lograron y desde entonces Sol de Noche volvió a ofrecer cama, baño y comida, de 19 a 7, a personas de ambos sexos en situación de calle, en Beruti 3261.

Buscando una salida. A grandes rasgos, y aunque advierte que cada caso es un mundo, Báez contó que entre las 25 y 28 personas que están durmiendo en el albergue, "la mayoría busca una salida a su situación".

Esto implica que muchos tienen o procuran un trabajo, y cuando disponen de "unas monedas colaboran como pueden con el refugio: compran pan, facturas o jugo", o "ayudan en la limpieza y la cocina. Por ejemplo, en los últimos días "hasta hicieron pan casero".

Incluso están los que intentan pagarse una pensión, pero no les alcanza. "Hay que pensar que una pieza se está cobrando cerca de 500 pesos por mes, casi lo que nosotros pagamos por la casa que ahora ocupa el refugio", dijo la voluntaria.

También hay personas, afirmó, que enfrentan realidades conflictivas en su hogar, lo que a lo largo del tiempo los ha llevado a permanecer en la calle.

Báez también contó que entre la gente que durante las últimas noches pernoctó en el refugio, el más joven tiene 23 años y el mayor 66.

Según la voluntaria, aunque por ahora no reciben ninguna ayuda del Estado (están tramitando su personería jurídica) sí mantienen contacto con el Programa de Asistencia Directa (Paid) de Promoción Social municipal para intentar acercar a las personas que concurren al refugio una ayuda "más integral".

Según la coordinadora del Paid, Susana Bonavía, esa misma repartición asiste además con ropa, frazadas y alimentos a unas 70 personas, "individualizadas por distrito" y a las que incluso monitorean desde los centros de salud y a través de sus propios operadores de calle.

Incumplimiento. Aun así, al municipio le correspondería hacer algo más. Mínimamente, cumplir con la ordenanza 8.156, aprobada el 3 de mayo del año pasado, que estableció la creación de un "centro de noche", abierto todo el año.

En ese lugar, gente en condición de desamparo debería poder encontrar una cama, cena y desayuno, duchas y servicio de ropa limpia. Sin embargo, la norma nunca se cumplió.

El otro refugio abierto, pero también colmado, es el hogar para adultos desamparados Josefina Bakita (más conocido como "crotario") que la obra del padre Santidrián tiene en la estación de trenes Rosario Norte y donde se albergan ya 54 varones.

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