Lunes 06 de Diciembre de 2021
En la Rosario de 1951 no circulaba la palabra rock, mientras el género se separaba de a poco del blues, el rhythm & blues y el folk. Y mucho menos un miserable amplificador. The Beatles estaban a punto de cambiar el mundo y Ciro Fogliatta armaba en 1963 The Wild Cats en una ciudad que miraba de reojo a esos jóvenes argentinos de cabellos de peluquería y prendas multicolores.
Años en que la música se atravesó en el camino de un pibe de barrio Ludueña que quería ser como John Lennon o como Fogliatta expresando su juventud a través de la música. El primer rosarino que pasó por la puerta del rock que abrieron Los Gatos cumple este lunes 70 años y rememora su adolescencia y las vicisitudes que lo llevaron a ser parte de la historia grande del rock, con sus primeros aportes con el grupo local Lágrimas y luego junto a El Reloj, la más recordada y vigente de las bandas del rock progresivo argentino.
Eduardo Frezza nació el 6 de diciembre de 1951 en una clínica del barrio Echesortu y se instaló con la familia constituida por su madre Francisca González Llavé y su padre Alberto Frezza en Ludueña. Su infancia y primera juventud tuvo sedes en la escuela Cristóbal Colón de Pascual Rosas al 800, en la plaza Charlone de Rioja al 4500, y en el colegio y la iglesia de los franciscanos en Mendoza y Avellaneda.
Atracción por la música
En su niñez tuvo una experiencia casi mística si no fuera por la cortina de tiras de plástico de la puerta que todo lo enredaba. Pegado en la heladera Siam del almacén de su barrio divisó un poster de John Lennon y no lo dudó. Empezó a estudiar música. Frezza relata que en esos primeros años pudo ver en Rosario las actuaciones del francés Johnny Hallyday y la búlgara Sylvie Vartan, así como a Los Gatos y a Manal, quienes le sirvieron de inspiración.
Fue alumno de piano de una profesora rusa que se enojó mucho cuando se dio cuenta que un Eduardo “medio vago” no estudiaba las lecturas y sacaba la música de oído. Fue autodidacta en guitarra y varios años después sí fue al Conservatorio Julián Aguirre en Banfield, provincia de Buenos Aires, donde aprendió las artes de la voz: “Nos cantábamos todo”, recuerda.
Junto a compañeros del colegio formó su primera banda que, con las hormonas a full, terminó mal por una percanta. Los Tranquilos Labradores Hippies habrá tocado dos o tres veces como grupo pero el abrupto final de su primera experiencia musical lo deprimió.
Siempre según el libro "Almas de diamante" (Praga Ediciones), volverá a aparecer aquí un personaje muy importante en esta historia. Fue su padre Alberto quien primero había aceptado que Eduardo no siguiese con el negocio familiar de la herrería y quien lo levantó de la cama y le consiguió una banda a la cual integrarse.
The Addams Group recibió a Frezza para que haga arreglos y también cante, aunque el estilo beatle no era de su agrado / Generación Subterránea (Amanoediciones).
Se trataba de Los Átomos, “una banda de buena gente, pero no me llenaba la música” que hacían. Hubo un festival en la Sociedad Rural del parque Independencia y allí Frezza conoció a Omar Timpanaro, tecladista y líder del The Addam’s Group. Empezó a ensayar con ellos, a hacer los arreglos musicales y, de un día para el otro, a cantar. Hasta que el flequillo y el atuendo muy parecido a The Beatles descolocó a Eduardo.
Fue Timpanaro quien decidió entonces el cambio de imagen y estilo, y le puso al grupo Lágrimas como nuevo nombre, que de ahora en más se dedicaría al rock más elaborado y más pesado.
Lágrimas en escena
La ilusión de transformarse en un grupo de rock con un disco bajo el brazo empezó con una mentira y terminó (no necesariamente) mal. Lágrimas fue telonero de El Trío Galleta en Rosario y con los porteños llegó un plomo con aires de productor que aseguraba tener aceitados contactos con las grandes grabadoras. Los padres de los pibes rosarinos les dieron dinero y comida, y pagaron el alquiler de un departamento en la Metrópoli para sus hijos. Ni bien llegaron a Buenos Aires, el supuesto productor les robó un equipo y se hizo humo.
De todos modos, Lágrimas logra en 1967 un objetivo mayor: interesar a una compañía discográfica. Graba para Odeon Pop un simple que en el lado A contenía “Nena dejame vivir en paz” y en el B “Enamorada de la perdición”. El primero era autoría de Armando Gaudio, quien era guitarrista de Los Ángeles Salvajes que se disolvió con su partida, y el segundo de Frezza. Para ese momento, Lágrimas alista a Frezza (bajo), Timpanaro (teclados Hammond), Armando Arselli (guitarra y voz) y Osvaldo Gaudio (batería). En "Generación subterránea" se nombra también a Néstor Domínguez (voz). Se hicieron 500 copias del disco, otra fuente señala cinco mil, y hoy es un objeto de colección.
Una de las formaciones originales del grupo Lágrimas, verdadero pionero del rock nacional que grabara un simple en 1967 / Gentileza: Archivo Leonardo Gaudio.
El arqueólogo del rock rosarino Sergio Rébori reflexiona en su libro “Generación subterránea” (Amanoediciones) sobre el valor del trabajo de Lágrimas. Los Gatos graban “La balsa” el 19 de junio, disco que es lanzado el 3 de julio de 1967, y la historia oficial del rock la considera fundacional. El simple de Lágrimas es contemporáneo y por lo tanto del mismo carácter inicial que el tema de Litto Nebbia.
Escuchá el disco simple que Lágrimas grabó en 1967 para la compañía discográfica Odeón
Con actuaciones entre en Rosario, en algunas poblaciones cercanas y algún show en Buenos Aires, Frezza data en 1969 la decisión de instalarse en la Capital Federal. En el 70 “anduvimos dando vuelta con nuestros problemas habitacionales” y el camino parecía enderezarse cuando llegó una invitación indeclinable: representar a Rosario en el B.A.Rock II.
Un miserable amplificador
El editor de la revista musical Pelo Daniel Ripoll había revolucionado la escena de la música joven con un festival en 1970 al que llamó Buenos Aires Rock o B.A.Rock y que debido a su éxito se repitió en 1971. Nombrado como Festival Internacional de la Música Progresiva tuvo lugar en el Velódromo Municipal porteño los sábados 6, 13 y 20, y jueves 11 de noviembre desde las 13:30 “hasta que se ponga el sol”, y de allí el nombre del filme de 1973.
A Lágrimas le tocó formar parte de la propuesta del jueves 11 de noviembre. "Al sonidista se le quemó una potencia y terminamos tocando con nuestros equipos". La afirmación de Frezza merece una explicación. En esa época había pocos equipos de sonido nacionales y la mayoría eran importados y muy caros. Y encima los militares habían prohibido algunas importaciones. Pero el padre de Timpanaro le había comprado "un piano Hammond y un equipo italiano sin distorsión. Insólito para la época. Éramos la envidia del pueblo".
Vista general de atrás del escenario del Velódromo Municipal porteño invadido por jóvenes durante el B.A.Rock II de 1971 en el que actuó el grupo rosarino Lágrimas / Revista Pelo.
Con ese equipo se salvó la actuación en el BARock. "Quedamos bien", asienta el músico porque "el público aplaudió y la prensa dijo que éramos una buena banda". Registra la revista Pelo en su edición nº 20: “La intención del grupo de hacer auténtica música progresiva se vio deslucida por el bajo rendimiento de los equipos. El público comprendió el inconveniente y brindó de todos modos su apoyo a estos rosarinos que demostraron la importancia del rock del interior”.
Ese mismo día tocaron Litto Nebbia, Miguel y Eugenio, Orion's Beethoven, La Pesada del Rock and Roll, y los tucumanos Pio y Teorema.
Frezza esboza que el guitarrista (sería Juan Louro) decide volver a Rosario para casarse y el Osvaldo "Bocón" Frascino entra a formar parte del grupo, pero su futuro estaría en el Pescado Rabioso de L.A. Spinetta. En su reemplazo envió a un ensayo a su compañero en Kids Lawyers, Fernando "Willy" Gardi, quien rápidamente se adaptaría a Lágrimas.
Pero tanto esfuerzo se dará de bruces contra una obligación de la época: la colimba. Frezza recuerda que un llamado telefónico los dejó sin aliento. El sorteo había convertido a los rockeros en soldados, excepto a Gardi porque estaba casado y a Eduardo por número bajo. Los mecenas del grupo (léase padres) decidieron rescindir el contrato del departamento de Haedo y llevarse los pibes a Rosario.
Frezza se negó a volver, quedó solo en la vereda con su bajo y la solidaridad de un vecino, el Gorgo Mario, lo retuvo en Buenos Aires. Cuando Gardi fue a buscar al grupo encontró la casa vacía y al preguntar por "los rosarinos" se reencontró con Frezza. Allí se selló una duradera amistad y se sembraría la semilla de El Reloj, agrupación con la que Frezza asumiría un valioso lugar en el rock vernáculo.
Frezza ayer, hoy y siempre con un instrumento en las manos, haciendo un rock que ha quedado en los libros / Genereción Subterránea (Amanoediciones) / Archivo Eduardo Frezza.
Tiempos de rock
La historia de El Reloj comienza en 1971 con Frezza (bajo), Gardi y Horacio Suárez Tucata, luego Goyo Felipes, Osvaldo Blanco y después Osvaldo Zabala (guitarras), Juan Espósito (batería) y Luis Valenti (teclados), y con cambios de formación, rupturas y resurrecciones aún no ha conocido su final. Hoy Frezza tiene un proyecto junto a Zabala que recorre parte de la discografía de El Reloj, ya que Gardi, Espósito y Valenti han fallecido.
Eduardo Frezza en una de sus últimas actuaciones en el bar Hannover B&B en el oeste bonaerense / Archivo Eduardo Frezza.
Para cerrar el año, Frezza se presentará el 30 de diciembre en el bar The Other Place, del barrio porteño de Almagro, mientras organiza un recital para el 9 y/o 10 de abril de abril de 2022 en el auditorio Belgrano, del barrio homónimo, para festejar los 50 años de El Reloj con quienes pasaron por su formación.
Hoy Frezza vive en Buenos Aires, dice que se toma todo con tranquilidad y que disfruta tanto de tocar como de descansar. Tuvo dos hijos y una hija, madre de su único nieto, a quien visita periódicamente en la ciudad de Santa Fe. Cree que la música es un sentimiento, que esa sensación no se pierde con la edad y asegura que no podrá dejar de hacer rock "porque el alma siempre sale más fuerte que la materia".