La ciudad

"El paro es consecuencia de políticas que no priorizan la universidad pública"

Ricardo Nidd es médico psiquiatra, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR. Desde su gestión impulsó el Consejo Académico Social en Salud y la creación de una cátedra optativa sobre aborto.

Domingo 26 de Agosto de 2018

Siete de cada diez profesionales argentinos egresaron de universidades públicas y en las facultades estatales se produce el 75 por ciento del conocimiento científico del país. Para el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Ricardo Nidd, estos dos datos alcanzan para comprender el relieve que ostenta la universidad pública. Y también para advertir sobre las consecuencias de cualquier recorte sobre los presupuestos de educación superior.

"El cese de actividades docentes que hoy estamos presenciando es consecuencia de una política determinada respecto de la educación pública. No es una medida de fuerza de los docentes, es una de las tantas consecuencias inevitables de una política de Estado que no privilegia la universidad pública. Los docentes universitarios no pedimos flan", advierte Nidd.

La facultad de Ciencias Médicas es la más poblada de la UNR. Cada año ingresan al edificio de Francia y Santa Fe unos 3 mil alumnos. Las carreras de medicina, enfermería y fonoaudiología suman unos 18 mil estudiantes.

Aún así, el presupuesto de este año para la facultad es de 8 millones de pesos, sin contar salarios ni servicios. Unos 666 mil pesos por mes para atender las necesidades de mantenimiento y limpieza del edificio, insumos, incorporación de tecnología, tratamiento de residuos patológicos, entre otras cosas. Unos 37 pesos por mes por alumno.

Una suma "muy escasa" que se engrosa con la venta de consultoría y servicios al Estado. "Aún con ese presupuesto, asumimos el desafío de garantizar condiciones edilicias para sostener la gratuidad y el ingreso irrestricto", señala Nidd un miércoles por la tarde, mientras la facultad se mantiene desierta y en la esquina de Santa Fe y Suipacha se desarrolla una de las clases públicas de la Universidad Itinerante en la 12ª jornada de huelga de los profesores.

—Usted afirma que lo que está en juego en este conflicto es algo más que los salarios de los docentes universitarios. ¿Por qué?

—No es la primera vez que un modelo de gestión del Estado desde los preceptos del neoliberalismo genera consecuencias al interior de la educación pública en general y de la universidad en particular. La idea de la universidad pública como un instrumento de emancipación, generador de los saberes indispensables para el pensamiento de una Nación, no es coherente con un modelo de achicamiento del Estado. El desarrollo de una universidad gratuita, masiva, con ingreso libre, con investigación científica, con inserción social, con extensión universitaria, no está en sintonía con un pensamiento de la educación como un privilegio. La educación es un derecho individual, pero no es sólo eso. Es también el resultado del ejercicio de ese derecho, que genera en el colectivo pueblo un beneficio consecuente con esto.

—En la historia del país, el acceso la educación pública ha sido el principal agente de movilidad social...

—Basta analizar algunos datos: el 70 % de la matrícula profesional de la Argentina egresó de la universidad pública, exactamente al revés que en el resto de América. Esta fortaleza que tienen los argentinos está en peligro desde el comienzo del segundo cuatrimestre. No se trata de un punto más o un punto menos en la discusión salarial que se está llevando adelante con los docentes. Si hay un compromiso del Estado nacional con este concepto, debe reconocer que la oferta salarial es insuficiente. Pero la prolongación del conflicto tiene que ver con el lugar que le da el gobierno nacional al concepto de universidad pública. Lo que está pasando debilita la universidad. Desde algunos lugares del poder se deja vislumbrar un discurso de relativización de la importancia de la educación pública como fortaleza de la Nación. Y esto produce desencuentros entre actores que deberían estar fuertemente unidos, los chicos de la escuela secundaria, los alumnos de la universidad, los docentes, los no docentes, los padres de los chicos, las autoridades universitarias y la sociedad en su conjunto, son los que tienen que plantear la incorporación de la problemática de la universidad pública como prioridad a la hora de construir los presupuestos.

—¿Actualmente no tiene prioridad?

—Si cuando se discute el presupuesto se ubica a la educación a la cola de la lista, cuando te toca asignar recursos ya repartiste en otras cosas y te queda poco. La ecuación es a la inversa, si ponés a la educación pública en el primer lugar, vas a encontrar recursos. Esto es apostar al país. Como decía (el dirigente indio Jawarlal) Nehru: "Mi país es demasiado pobre como para no invertir en educación". Si logras poner la educación publica en el primer lugar de las prioridades, vas a poder pensar en una Nación soberana, capaz de construir su propio conocimiento, capaz de desarrollar investigación científica, podemos apostar a convocar a la juventud a correrse del consumo para estudiar. Esta es la gran batalla cultural que intentamos dar desde la universidad pública.

—¿Por eso dice que no son sólo salarios?

—Por supuesto que como trabajadores tenemos que luchar por nuestros salarios, pero ahora la discusión es mucho mas profunda, no es un punto más de pauta salarial. la universidad pública produce el 75 por ciento del conocimiento científico del país. A quién se le ocurre desalentar esa fortaleza. El estudio es un derecho de la sociedad y no puede ser considerado como un servicio al que se accede pagando. No hay mayor prestigio que ser egresado de la universidad publica. Y esto es lo que está en peligro. Los docentes universitarios no pedimos flan.


>>> Las diferencias que expone la educación privada

Al analizar las consecuencias del paro de las universidades públicas, el decano de Ciencias Médicas, Ricardo Nidd, advirtió sobre el avance de la oferta privada educativa y la migración de alumnos desde la estatal a la privada.

"Mi preocupación se basa en la igualación cultural de los procesos de formación en tanto y en cuanto los resultados son parecidos y llevan el mismo nombre. Uno se puede recibir de médico acá o en una privada, los resultados finales son títulos similares. Yo no voy a hacer menoscabo de la educación privada, pero creo que es otra cosa. Creo que venir a la universidad es asistir a un espacio garante de derechos, contra otro espacio que tiene que ver con una institución con fines de lucro", sostuvo.

Y advirtió que esta diferencia marca la formación y el ejercicio de los profesionales que egresan. "Los graduados de la pública van a salir con un plus de formación que está curricularmente oculto, pero que es la razón de ser la de la universidad pública. Tiene que ver con votar a sus propios representantes, con ejercer la crítica, con tener un espacio donde debatir, con participar de proyectos de extensión o de investigación. Entonces, el título final de un graduado en la universidad privada y uno en la pública, llevan el mismo nombre pero no son los mismos profesionales, porque en el medio pasaron cosas que son incomparables".

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