La ciudad

El Papá Noel que va hace 15 años al Vilela y busca contagiar a los demás

Claudio es remisero, compra regalos y los reparte con su familia en el hospital hasta la medianoche del 24 de diciembre.

Domingo 22 de Diciembre de 2019

Sobre la hora en que las familias empiezan a juntarse para terminar el 24 de diciembre y esperar Navidad, Claudio Martos (52) llega, en modo Papá Noel y a bordo del remís con el que trabaja todo el año, a la unidad oncológica del Hospital de Niños Víctor J. Vilela junto a su familia para repartir regalos y golosinas. Es una práctica que ya lleva 15 años y que incluye a los chicos internados y a los que esperan en la guardia. A poco del inicio del 25, él y su familia se van a festejar la Navidad donde “toque”, en un procedimiento que ya se convirtió en ritual familiar.

El hombre compra los regalos durante el año con lo que obtiene del remís que maneja de lunes a sábados, y sólo busca que los demás se ocupen, por un momento del año, de alguien más.

Es la principal misión: contagiar la acción y que, el año próximo, haya más hospitales o geriátricos donde la gente pueda ir y acompañar a otras personas, aunque sea por un rato.

Claudio decidió dar una mano en el lugar donde su hijo, Kevin, estuvo internado tres veces tratándose por una leucemia detectada a sus tres años. Sobre todo por la última vez, cuando terminaron 2003 y empezaron 2004 en el hospital de Virasoro e Italia.

“Ese año, nos tocó pasar Navidad, Año Nuevo y Reyes en el hospital. Entramos el 19 de diciembre de 2003 y salimos el 11 de enero de 2004”, recuerda en diálogo con La Capital, y menciona “el garrón” de pasar las fiestas en el hospital por todo lo que rodea a la situación: “Tenés a tu hijo internado, estás lejos de tu familia, aislado. Muchos son del interior y están solos”.

Sin embargo, rescata, enseguida, el trato de las enfermeras en esas épocas fuera de casa, quienes “se portaron diez puntos” y con las que han pasado las fiestas ese año.

Si bien su hijo tuvo varias internaciones, “la que motivó todo” fue la última, entre 2003 y 2004. Ya con su hijo recuperado, Claudio decidió empezar a colaborar con el Servicio de Voluntarias del Hospital de Niños Víctor J. Vilela con la compra de juguetes para Navidad para que ellas pudieran repartirlos.

En la víspera de Navidad de 2004 tomó la iniciativa, llamó al hospital y avisó que iba a llegar vestido con el traje de Papá Noel que alternó en años previos con su tío para disfrazarse en su casa, durante las navidades con la familia.

“A mí me fue quedando natural el uniforme”, bromea Claudio, y cuenta: “Al tercer año que iba a llevar las cosas, pensé «me disfrazo y voy». Llamé por teléfono, lo propuse y todo salió diez puntos. De ahí en más, cada año voy el 24 de diciembre, a las 20.30 o 21, reparto todo y, a las corridas, de ahí nos vamos con mi familia a comer donde toque”.

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Tradición familiar

La familia entera cumple con la movida para repartir los regalos cada año en el Vilela. Ya es una tradición solidaria familiar esperar la llegada del 24 de diciembre para acercarse en el remís que maneja Claudio hasta Virasoro e Italia y recorrer unidad por unidad.

“Vamos siempre en familia. Es una de las cosas que hacemos todos juntos”, cuenta Claudio sobre su esposa, Marisa, y sus tres hijos Brian, Kevin y Chiara.

Para el estereotipo, es una manera poco convencional de pasar las fiestas. Sin embargo, la movida que hacen Claudio y su familia también deja ver una posibilidad de abrir la celebración e ir a otro lugar en vez de juntarse sólo con los suyos. Gracias a esto, comparten un rato de ellos antes de la medianoche con chicos y padres que pasan las fiestas lejos de casa.

Claudio detalla cómo fue “perfeccionando” su llegada al Vilela: “Los primeros años, una vez fui a las 14 del 24, otra fui el 25; hasta que un día fui el 24 a la noche. La recepción es totalmente diferente”.

Hubo años difíciles para Claudio y su familia porque la iniciativa peligró por falta de fondos para conseguir juguetes; incluso, épocas sin trabajo. Aun así, el hombre siempre priorizó pasar un rato con los chicos en el hospital y, de paso, regalar algo a cada uno.

“Una de las veces tenía 2 mil pesos en el bolsillo y no sabía ni cómo iba a pasar las fiestas yo. Fui a un mayorista, saqué la tarjeta de crédito, que normalmente no uso, y compré los juguetes en cuotas. Mi esposa me preguntó cómo lo íbamos a pagar”, rememora, para agregar que “después pude pagarlo, pero en ese momento no sabía”."
"Una vez al año nos podemos ocupar un ratito de los demás para que nadie se sienta solo. Sería copadísimo"

10 minutos de alegría

Claudio piensa y planifica todos los regalos que entrega cada 24 de diciembre. Durante el año compra juguetes que le gustan y, cuando llega el día, completa con lo que haga falta, por si hay “alguna situación especial”. A eso, le suma paquetes con golosinas y autitos o muñequitos para los chicos que están en la guardia

A medida que llega el 24 de diciembre, Claudio prepara “todo para cada habitación”, para llegar organizado al hospital: “Son diez minutos de alegría que tienen los chicos. No es por el regalo, es más por ver a Papá Noel”.

“Ven que estás y que vas, que no están solos. Yo estuve ahí y esa es la sensación”, agrega, sin poder olvidarse de los días en los que tuvo que acompañar a Kevin en el hospital.

Después de ver tantas situaciones distintas a lo largo de los años, asegura que ni el tiempo ni las experiencias pudieron acostumbrarlo a los distintos casos con los que le tocó tratar: “Si te caés, no podés ir. Yo no me permito caerme. Aunque, a veces, he salido moqueando”.

Después de cada visita, no es fácil dejar las emociones atrás para irse a pasar la Navidad en familia. Claudio contó que “normalmente, vamos los cinco” al hospital, pero que salen de ahí “y se terminó. Nos vamos todos juntos, a las corridas, para donde tengamos que pasar el 24. A veces, hasta tipo payasesco para descomprimir un poco y aflojar”.

Si alguien se suma a hacer lo mismo en otro lado, para Claudio ya será tarea cumplida: “Si todos nos dedicamos a un hospital o un geriátrico, estaría copadísimo. Son dos horas para que nadie se sienta tirado ni abandonado. Una vez al año nos ocupamos un ratito de los demás, no tanto de nosotros o los regalos de nuestros hijos. La mayoría de nuestros hijos tienen, y si no lo pueden tener mañana”.

Claudio hasta se dejó una prolija y frondosa barba, que aprovechará el martes a la noche para personificar a Papá Noel para los chicos del Vilela. Después, volverá a ser el Claudio cotidiano, por lo menos hasta el año que viene cuando regrese para darle algunos minutos de felicidad a los chicos.

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