Jueves 30 de Noviembre de 2017
En Rosario existe un programa que desarrolla desde hace algunos años la Asociación Rosarina de Fútbol junto a la Subsecretaría de Deportes que pretende que los chicos del baby jueguen y no compitan, donde participen todos independientemente de sus cualidades, a sabiendas de que es una tarea titánica porque la mayor problemática fue, y aún lo es, convencer a los adultos de los beneficios para sus propios hijos. Ardyti, asociación en la que se produjo este incidente, no cumplió con los requerimientos y por ende no se sumó al proyecto. Donde seguramente gravitó la negativa de padres y directivos de algunos clubes.
Por supuesto que el citado programa debe evolucionar en la cobertura interdisciplinaria profesional y ampliarse para hacer comprender que la formación de jugadores es a mayor edad, pero también es verdad que en Rosario se convive con clubes gerenciados desde lo fáctico que están estructurados en función del negocio, con convenios con clubes del exterior, y donde lo que menos se respetan son los derechos del niño. Sobre esto también es indispensable legislar, caso contrario lo que aquí se narra sólo será un componente más de la hipocresía en la cancha por donde gira la pelota.
Este problema que atraviesa al deporte de base es estructural, porque aún no se entiende que los chicos deben jugar a la pelota. Para jugar al fútbol tendrán tiempo. Y de última será decisión de ellos. Pero en cualquier caso, lo que importa es el niño. El mismo que en el triste episodio descripto fue una vez más víctima de los adultos. Entre ellos, sus padres.