La Ciudad

El minuto a minuto de quienes trabajan para conseguir una cama en cuidados intensivos

La Central de Derivaciones del Sies tiene 50 profesionales y trabajadores que arman el rompecabezas ante la escasez de plazas

Viernes 30 de Abril de 2021

Al mismo tiempo que una ambulancia da vueltas durante horas en busca de una cama crítica o recibe apoyo en la puerta del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), como pasó en las últimas semanas, hay una tensión que sucede entre cuatro paredes mientras un operador no hace más que hablar por teléfono. Esa tensión transcurre en la Central de Derivaciones de Rosario, donde en esos minutos se hacen “llamados, llamados y más llamados para conseguir esa cama”, dice María José Figueroa, una de las encargadas. “El miedo con el que todos tenemos que lidiar es el de no poder atender al paciente", afirma. Eso no sucedió en 2020, hubo demoras de varias horas, pero nadie se quedó sin asistencia. A esta segunda ola, más virulenta, quienes se encargan de ese proceso de derivaciones todavía la están mirando de reojo y por estos días aún pueden "acomodar más o menos prolijamente las piezas del rompecabezas", añade el titular del Sies, Cristian Bottari. Pero advierten: “Esto recién está empezando”.

La Central de Derivaciones de Rosario tiene casi dos décadas. En el espacio que funciona junto al Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies), en la esquina de Balcarce y San Luis, se articulan las derivaciones y traslados de los pacientes de toda la región sur de la provincia, entre hospitales públicos y privados de diferentes niveles de complejidad.

En tiempos normales y prepandémicos, trabajan en lograr que un paciente que ingresa a un hospital con un cuadro de abdomen agudo y requiere una cirugía de emergencia sea trasladado a un efector de mayor complejidad con un cirujano de guardia que realice la intervención. O de modo contrario, que un paciente que no requiere atención de alta complejidad libere una plaza de un efector de Tercer Nivel trasladándolo a otro centro de salud.

Pero estos no son tiempos normales. La pandemia de coronavirus les presentó un escenario inédito en su historia. De hecho, casi no hay suceso en la ciudad con la que puedan compararlo. “La tragedia de Monticas, donde estuvimos trabajando incluso en el lugar haciendo el «triage» de los heridos”, cita Bottari, recordando el siniestro de febrero de 2017 donde murieron 13 personas y considerada la peor tragedia vial de la provincia.

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Los operadores son estudiantes avanzados de la carrera de Medicina.

Los operadores son estudiantes avanzados de la carrera de Medicina.

Ni siquiera la magnitud de un hecho como la explosión de las torres de calle Salta 2141 generó un estrés como el que los médicos, operadores y trabajadores están atravesando desde marzo de 2020. “Eso fue tremendo, pero la diferencia es que en ese momento, desde los hospitales y sanatorios llamaban de forma constante ofreciendo asistencia y nos sobraban camas", agrega Bottari.

Aterrorizados

La preparación para el pico de Covid comenzó por fortalecer los recursos humanos, que se incrementaron "entre un 50 y un 60 por ciento", señala Daniel Welschen, director provincial de la central. Ese crecimiento hace que hoy el equipo del "930" _como lo llaman médicos y personal hospitalario por la terminación de teléfono que es 480-4930_ esté conformado por unas 50 personas, a razón de una decena por turno.

Los primeros cinco meses de pandemia la tensión no pasó por la saturación, sino por el miedo. “Como todo el personal de salud, estábamos aterrorizados, no sabíamos bien de qué se trataba y teníamos que desde del inicio tratar con los pacientes, entrar a los geriátricos, hisopar y salir con siete positivos", recuerda el director del Sies.

“Aprender todo, capacitarnos, saber usar los equipos de seguridad, todo eso generó una tensión y una angustia muy grande", señala Figueroa, que apunta recién a octubre de 2020 como el pico de máxima tensión de la primera ola.

Ahora son unas diez personas por turno las que en estos días acomodan el rompecabezas de las piezas para que ninguno de los pacientes que requiere una cama de terapia intensiva se quede sin atención en un contexto de ocupación de plazas críticas que se sostiene por encima del 90 por ciento.

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Aunque los procedimientos están

Aunque los procedimientos están "más aceitados" en la segunda ola, señalan que el temor de no conseguir una cama para un paciente siempre persiste.

Dos médicos, el que organiza los turnos programados y el que se encarga de los turnos crónicos _como pueden ser los pacientes trasladados a diálisis_, los operadores que reciben las llamadas, el radioperador que despacha la ambulancia y quienes realizan la derivación son parte del esquema.

La prudente distancia

El proceso que detalla Javier Salafica, otro de los encargados, comienza por el telefonista que recibe el requerimiento desde un hospital o ambulancia. “Ese pedido se carga en un sistema, una persona toma el caso y lo desarrolla, comienza a hacer la búsqueda de cama de acuerdo a la complejidad del paciente y auditado por el médico de guardia y una vez que la plaza se consigue, el radioperador despacha el móvil indicando de dónde a dónde es el traslado", detalla punto a punto.

Admiten que en esta segunda ola, el sistema está aceitado, sin embargo, ante lo que llaman “un código rojo”, que no es más que un paciente con riesgo de vida, la tensión va in crescendo. “Cuando tenés un paciente arriba de una ambulancia y no encontrás cama, estamos todos al llamado para conseguirla, sea en el sector público o privado", agrega Figueroa, que aclara: “Uno sabe que el paciente está siendo asistido, sea en la ambulancia o en el efector, pero la tensión está".

Dejan en claro que el que se lleva la peor parte es el médico que está con el paciente, pero no dejan de admitir que entre los llamados constantes se dan tensiones, roces y asperezas propias de la situación de estrés. “Incluso se conectan los directores de todos los hospitales y se analizan la posibilidades, bajar a sala a un paciente que está mejor y ver cómo armar el lugar que se necesita", indica Figueroa.

Mariano Mereles, otro de los integrantes del equipo, apunta “la angustia y el malestar que se genera cuando te ves frustrado porque no podés conseguir el lugar todo lo rápido que se lo necesita" y dice ser consciente "todo el tiempo de que es la vida de una persona lo que está en juego y más si es un paciente crítico".

Sin embargo, hay una prudente distancia que todos mantienen. “Si te hacés carne de una situación, no podés atender la siguiente”, dice la encargada, y el director del Sies agrega: “Somos duros por definición, si no, no podés trabajar en emergencias".

Así, aunque el cansancio de llevar un año y medio bajo ese nivel de tensión les pesa, manejan los nervios y la incertidumbre de un escenario que admiten es dinámico minuto a minuto. "Ahora te digo que tenemos una cama y salimos de la oficina y quizá, no la tengo más", apunta Welschen.

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