El Insituto de Biología Molecular de Rosario lleva adelante el décimo encuentro BioLíderes

El espacio reúne a políticos, empresarios y periodistas quienes experimentan el trabajo real de laboratorio con vistas a la planificación estratégica de la región

06:30 hs - Sábado 05 de Septiembre de 2026

El Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) lleva adelante la décima edición del encuentro BioLíderes, un taller de inmersión donde dirigentes, empresarios y periodistas experimentan el trabajo de laboratorio en primera persona para tender un puente necesario para la planificación estratégica de la región.

Un diputado frente a una micropipeta. Un empresario intentando transformar bacterias con ADN. Una periodista haciendo una PCR. Esa escena marcó la dinámica real del taller de inmersión en biotecnología organizado entre este viernes y sábado por el IBR, dependiente del Conicet y la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Con más de 200 profesionales, entre investigadores, personal de apoyo y estudiantes, el IBR es un actor central del entramado científico local. Sin embargo, desde 2013 la institución decidió dar un paso más en su articulación con la comunidad. En lugar de sacar a los investigadores del laboratorio para explicar sus líneas de trabajo, la propuesta invirtió la lógica: llevar a quienes toman decisiones a la mesada del laboratorio.

“La biotecnología ocupa un lugar cada vez mayor en decisiones relacionadas con la salud, los alimentos, el ambiente, la producción y la economía, pero buena parte de quienes deben tomar esas decisiones nunca tuvo contacto directo con la ciencia que las sustenta”, explicó Alejandro J. Vila, director del IBR.

“El taller apunta a cubrir un vacío en la formación de la clase dirigente del país y fortalecer el vínculo entre el sistema científico y la sociedad. Buscamos que comprendan cómo piensa un científico, qué grado de incertidumbre acompaña al conocimiento y por qué la infraestructura, los recursos humanos altamente formados y el financiamiento sostenido son indispensables para producir ciencia competitiva”, agregó.

Aprender haciendo

Durante dos jornadas intensivas, los participantes reciben una introducción a los principios fundamentales de la biología molecular e inmediatamente cambian la sala de conferencias por el trabajo experimental. Los participantes realizan experimentos, esperan resultados y se equivocan. Esta inmersión les permite comprender de forma tangible el rigor que demanda obtener una respuesta confiable y el impacto de los descubrimientos argentinos.

Nada de esto sería posible sin el esfuerzo colectivo de la institución. Año tras año, más de 30 científicos, técnicos y miembros del personal de apoyo del IBR asumen el compromiso de hacer posible esta actividad. Son ellos quienes abren las puertas de sus espacios de trabajo, guían a los participantes y dedican su tiempo para construir un puente de diálogo real entre el mundo académico y la sociedad.

A lo largo de sus diez ediciones, el programa ha convocado a referentes de todos los sectores, evidenciando que la ciencia no es patrimonio de una administración determinada, sino una infraestructura cultural que requiere acuerdos a largo plazo.

La pluralidad de esta edición queda reflejada en la diversidad de sus asistentes. Durante estas jornadas, los guardapolvos son vestidos por figuras del ámbito político, académico y civil, tales como Joaquín Blanco (Diputado Provincial PS), Juan Monteverde (Concejal CF), Ciro Seisas (Senador Provincial), Nicolás Gianelloni (Municipalidad de Rosario) y Alejandro Vila (Decano de la Facultad de Humanidades y Artes, UNR).

El entramado institucional y productivo también se hace presente con la participación de Ana Clara Dalla Valle (Fundación BCR), Ingrid Drago (Bolsa de Comercio / Fundación Rosario), Tomás Bril Mascarenhas (Fundar), Gaspar Mac (Warecloud), Juan Bisio (Trascender), José María Bruniard (CONICET), Fernanda Mutio (UNIRR/FISFE), Gabriel Maurino (SOYar) y Guillermo Bulleri (Avalian). Aportando la visión internacional y de la comunicación, se suman Erika Molina (BID), Julián Diéguez (PNUD) y la periodista Déborah de Urieta (Buenas Tardes China).

“El principal impacto de un programa de estas características no se mide en papers ni en patentes. Su producto es construir el capital social de la ciencia en la sociedad. En una región en la que conviven universidades públicas y privadas, institutos del CONICET, empresas y organismos provinciales, muchas oportunidades dependen de que esos actores puedan comprenderse entre sí. BioLíderes también nos obliga a los científicos a revisar nuestros propios lenguajes y supuestos al escuchar de primera mano cómo piensan empresarios, legisladores o gestores públicos”, concluyó.

Las grandes decisiones sobre bioeconomía, inteligencia artificial o nuevos medicamentos no pueden quedar exclusivamente en manos de especialistas, pero tampoco deberían tomarse desconociendo la dinámica humana y el sistema científico que las hace posibles.