La ciudad

El hombre que venció todas las estadísticas y busca volver a trabajar

Uriel Doria es mecánico náutico y una explosión le quemó el 60 por ciento del cuerpo. Su estado fue crítico pero se recupera con una gran fuerza de voluntad

Domingo 11 de Marzo de 2018

El 30 de enero pasado, la vida del mecánico náutico Uriel Doria (40) cambió. La explosión del motor de una embarcación que reparaba en una guardería de la zona norte le quemó el 60 por ciento del cuerpo, además de las vías respiratorias, dejándolo más de 20 días inconsciente. A pesar de ello, y contra algunos pronósticos, el viernes fue dado de alta y sólo tiene en mente recuperarse para volver a trabajar.

Su estado era crítico y casos como el que sufrió tienen una mortalidad del 70 por ciento (ver aparte). Sin embargo, con mucha tenacidad y fuerza de voluntad, se pudo sobreponer y dejar la Unidad de Quemados del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) para volver a su casa.

Su esposa, Milagros Sauro, contó que él estuvo dormido desde el 30 de enero hasta el 22 de febrero. Con voz parsimoniosa, pausada, como pensando cada palabra, Uriel habló y antes de ser consultado sobre los hechos, dijo que ella tiene todas las fechas anotadas.

"Desgraciadamente, me acuerdo de todo. A veces me despierta de noche la sensación de la explosión", confesó el mecánico y agregó: "Las causas no las sé, porque el barco estaba ventilado e incluso tengo fotos. Tengo amigos mecánicos y tampoco se explican qué pasó. Esto fue una desgracia y lo único que puedo ponerme en la cabeza es que me tenía que pasar".

"Saqué un carburador que estaba en estado deplorable. Lo desarmé, le hice todo nuevo, pulí tornillo por tornillo y hasta conseguí pintura original del mismo color para que se viera como una restauración. Me gusta que mi trabajo se note", dijo, dejando al desnudo una faceta que, claramente, da cuenta de lo meticuloso que es en su labor.

Tras reparar otros componentes, y fiel a su modo de trabajo, quiso dejar la embarcación en marcha un rato para "controlar la temperatura". Al segundo intento de arranque, sintió la explosión.

"Fue como una fogata grande, donde se siente como un viento. Un ruido que hace el fuego".

Agua que duele

Al verse acorralado y envuelto en llamas, buscó salir por los costados, pero no pudo porque había otras embarcaciones. Y se vio obligado a atravesar el fuego y tirarse por la popa.

"Antes de hacer eso sentía dolor y veía amarillo. Cuando me tiro al agua y salgo a flote, me sigo quejando del dolor. Me sacaron dos personas", recordó.

Ya en tierra, lo siguieron mojando con una manguera porque sentía que se "iba". Sin embargo, contó un detalle que estremece: "En un momento les saqué la manguera y me mojaba cuando era necesario, porque me dolía el agua. Por momentos era como una anestesia, pero por otros era lo contrario".

En el traslado en ambulancia pidió que lo durmieran por el dolor que sufría y que lo oxigenaran: "Estaba agitado y no podía respirar. No me dolía hacerlo, pero era como que me entraba aire sin oxígeno".

"Me pusieron algo que me relajó y sólo me acuerdo de que la ambulancia se movía. De ahí pasaron 20 días: cuando me desperté, estaba en terapia", detalló.

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Subsistir

Una de las cosas que más preocupa a Uriel es su trabajo: "Me carcome la cabeza cómo subsistir, porque yo vivo de esto. Nos ayudaron amigos y familiares, pero si tengo que estar un año sin trabajar (según contó las heridas pueden tardar ese tiempo en cicatrizarse, además de lo que le demande la rehabilitación final) no sé cómo voy a hacer".

A pesar de ello, contó que hubo "gente comprensiva" que lo va a esperar hasta que pueda volver a trabajar, fiel muestra de lo que significa para sus clientes.

"Tengo fuerza de voluntad y quiero salir adelante para trabajar. Tengo un hijo de un año y tres meses y me quiero recuperar lo más rápido posible", afirmó.

Leer más: "Uriel tiene muchas ganas y hace todo por su pequeño hijo"

Tenaz

El hombre contó orgulloso que, de a poco, ya puede caminar y mostró que puede levantar los brazos hasta la altura de las axilas. Es un gran avance, ya que al principio no podía mover ni los dedos.

"Una de las manos ya la puedo cerrar completa, la otra la sigo trabajando. La piel se tensa mucho, queda como si fuera cuero", relató.

No dudó en afirmar que hará lo que tenga que hacer para volver a ser el de antes: "Si tengo que hacer una hora de rehabilitación, hago más. En uno de los ejercicios con soga, para ayudar a levantar los brazos me dijeron que hiciera cinco series de 12 repeticiones, pero yo hago cinco de 50, hasta que no me puedo agarrar".

También ayudó a rehabilitar sus manos andando con la silla de ruedas por la Unidad de Quemados.

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Agradecidos

Uriel y Milagros se mostraron muy agradecidos con todo el personal que los ayudó a transitar los casi 45 días que estuvieron en el Heca.

"Acá sentís que no te vas a caer en ningún momento. Abrís la puerta y están todos estos ángeles que me cuidaron todo el tiempo", expresó el mecánico.

Se sinceró y dijo que no recuerda los nombres de quiénes lo atendieron en terapia. "Fueron un chico y una chica. Si salen en el diario, se van a sentir identificados", aseguró y extendió los agradecimientos hacia ellos también.

"La calidad y el amor con el que te tratan es increíble: desde sacarme una venda en cámara lenta para que no te duela, hasta ponerme música cuando me van a curar o ponerle onda para que yo no esté mal. Hay gente con mucha vocación", contó.

Tras romper con todos los pronósticos, Uriel va por más. Le queda encarar la rehabilitación con su estirpe luchadora para volver a ser el que fue.

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