Pandemia

El Heca y el impacto de la muerte, el día después de la despedida de la enfermera

Compañeros y directores recuerdan a Merleni Monzón, que falleció de coronavirus. La angustia y desasosiego del personal de salud.

Martes 10 de Noviembre de 2020

“Ahora dígame escribana”. Merleni Monzón Valverde había acuñado la frase en el último tiempo, y se la decía a sus compañeros entre risas, así como les contaba su batalla cotidiana para que sus hijos “sean universitarios”. Ese era el camino que ella misma había recorrido antes de que la pandemia de coronavirus la encontrara en la guardia del Hospital de Emergencia Clemente Alvarez (Heca), el mismo lugar donde estuvo internada cuando se contagió Covid-19 y donde hace 24 horas la despidieron su familia y compañeros. “Fue enfermera, después se licenció en enfermería, estudió abogacía y ahora escribanía; era un ejemplo de superación”, la describen el director del centro de salud, Jorge Bittar, y el subdirector, Germán Camiletti, a quienes Merleni también les decía que la llamarann escribana. Es que más allá de los lugares de dirección que ocupan hoy, ya compartían salas y pasillos cuando el Clemente Alvarez todavía ocupaba la centenaria manzana del barrio Hospitales, en Sarmiento y Virasoro. Quisieron que este lunes la despedida de la enfermera fallecida fuera “de su familia”, sin embargo, un día después intentan poner en palabras el impacto que su muerte tiene entre quienes siguen allí, y la impotencia que provocan las imágenes de esa realidad paralela, donde los hinchas de fútbol se convocan masivamente y hay aglomeraciones para pasar el fin de semana en la isla.

En el Heca la situación Covid viene siguiendo el ritmo de la curva de la ciudad. Así el hospital pasó de tener el ciento por ciento de sus 34 camas de terapia intensivas ocupadas, de las cuales el 75 por ciento eran de pacientes de coronavirus, a tener en estos días apenas un 30 por ciento de camas Covid. Sin embargo, sus directores aclaran no sólo que “no están dadas las condiciones para bajar los brazos”, sino que el efector duplicó su capacidad en las áreas críticas y así y todo, aunque la ocupación por el virus desciende, la terapia sigue estando casi completa.

En ese escenario, Merleni no es la primera, sino la tercera trabajadora del hospital que fallece por coronavirus. Daniel Rodríguez, un empleado de servicios generales fue el primero, y Alfonso Dávoli, un hemátólogo concurrente, murió los primeros días de octubre. Sin embargo, su muerte, casi como una realidad paralela en una ciudad donde hinchas de fútbol de Newell's se concentraban en el parque Independencia y cientos de personas se aglomeraban en la costa norte de la ciudad para pasar un sábado en las islas, tuvo un impacto diferente entre sus compañeros, y el personal de la salud que volvió a reclamar y recordar que la circulación comunitaria del virus en Rosario persiste.

El momento más difícil

El paso de los restos de Merleni por la puerta del hospital fueron de los momentos más duros. “Queríamos que fuera un momento de su familia, de sus seres más allegados, porque es sin dudas un momento de mucho dolor”, señaló el director del Heca, que como se escuchó en las últimas horas la reconoció “como una luchadora incansable de los derechos de los trabajadores, de los derechos de las mujeres y de sus colegas”.

Y eso no sólo como enfermera, recordó Bittar, que antes de ser director del efector, compartió con ella los espacios del Heca cuando aún ocupaba el viejo edificio de Sarmiento y Virasoro. “Fue además un ejemplo de superación, porque en aquél momento era enfermera, después hizo la licenciatura, después hizo abogacía y ahora estaba en proceso para recibirse de escribana”, apunta.

“Merleni fue una compañera no solo de trabajo, sino de vida”, agrega el subdirector, que es quien la recuerda en los últimos tiempos sentándose frente él y diciéndole: “Ahora dígame escribana”.

“Ella contaba como había venido de Perú, y decía que su misión era que sus hijos fueran universitarios y esa era su batalla”, dicen para recordarla, en esas charlas donde ella transmitía deseos y desafíos.

La complejidad del escenario

Con ocho meses de pandemia encima, además del cansancio, el estrés y el agotamiento de los equipos de salud, tanto Bittar como Camiletti, dejan en claro que para nada están exentos “de la angustia, el desasosiego y la impotencia” que provoca la pandemia, y más aún, la muerte de los compañeros.

Esas sensaciones, que admiten “muchas veces es difícil poner en palabras”, acompañadas por las escenas de aglomeraciones que se vieron en las últimas horas, complejizan el escenario para el personal de salud que desde marzo no sale de la fase de aislamiento.

Sin filtro, Bittar admite que son imágenes que lo “llenan de ira”, ver cientos de adolescentes sin barbijos ni medidas de cuidado; y agrega: “También como padre de hijos adolescentes pienso en los padres de esos chicos, en su responsabilidad como adultos, pienso en si les dicen algo, o en qué les diría yo a los míos si hicieran una cosa así”.

Con una mirada más social, Camiletti apunta al proceso que la ciudad y el mundo atraviesan desde hace rato: “Hace mucho que estamos en un camino donde el bienestar individual y la satisfacción inmediata están en el centro de todo, por fuera del bienestar colectivo. Y cuando veo lo que pasó, veo eso, individualismo puro”.

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