Domingo 03 de Julio de 2016
A Norberto Petruzzelli no se lo veía cómodo en cámara. Era noviembre de 2012 y el hombre se presentaba como encargado de la planta de Laboratorio Apolo. La fábrica de medicamentos estaba paralizada desde hacía 8 meses por un conflicto laboral y en medio de una investigación por la venta de sueros supuestamente apócrifos. Sin embargo, el hombre, de estricto saco y corbata, anunciaba que el laboratorio volvería a producir en 20 días. En medio de micrófonos y periodistas, una pregunta lo sorprendió: "¿Nos podría decir quién es el real dueño del Laboratorio Apolo?", inquirió el cronista de Canal 5. Petruzelli hizo un silencio. "El real dueño del Laboratorio Apolo sigue siendo el señor Jorge Salinas", dijo después.
Por esos días, a Jorge Manuel Salinas se lo veía poco por Rosario. Ya había dejado de asistir a las audiencias en los Tribunales provinciales por los problemas de su empresa, ni se paseaba manejando los Audi A2, A5, A6 ni la camioneta Hammer que le gustaba ostentar frente a sus empleados, ni viajaba a Paraguay con tanta frecuencia.
Salinas estuvo al frente de Laboratorio Apolo desde 2005, cuando la empresa fundada por Antonio, Rafael y Francisco Iudica empezaba a transitar un concurso de acreedores. Según advirtieron antiguos empleados, no es que la firma fuera deficiente; sino que "padeció los típicos problemas de una pyme familiar".
Por entonces, el fuerte de la empresa era la fabricación de sueros y Salinas tenía experiencia en el negocio. Participaba del laboratorio porteño Rigecin, también especializado en la fabricación de sueros. Con ambas empresas copaba el 60 por ciento del mercado nacional. Bajo la conducción de Salinas, Apolo llegó a tener 120 empleados.
Lujos excéntricos. Fueron tiempos dorados. "Salinas repartía su tiempo entre Rosario y Buenos Aires. Cada semana venía con un auto distinto. Chatas Porsche, Audis A2, A5 y A 6 hasta un día llegó en una Hammer que estacionó en la puerta del laboratorio", recuerdan empleados de esa época, que por esos días apodaban a su jefe como "el Leo Mattioli rubio", por su gusto por los anillos y pulseras de oro, entre otras debilidades.
Por entonces Salinas había emprendido una jugada peligrosa: había comprado un laboratorio en Paraguay donde producía sueros con las marcas Apolo y Rigecin. "Era completamente ilegal, pero le permitía ahorrar costos", contaron personas conocedoras del negocio, que recordaron también que en esa temporada los viajes entre Rosario, Buenos Aires y Paraguay eran frecuentes y Salinas se movía en un jet privado.
Sus laboratorios comenzaban a hacerse también más conocidos. Apolo esponsoreaba carreras de autos y Rigecin hacía lo propio con los equipos de rugby de Ateneo Don Bosco. Una nota del 25 de noviembre de 2009 del sitio web Deportes de Quilmes, da cuenta de la presentación de las nuevas camisetas del equipo en un bar de la ribera quilmeña. "Las camisetas fueron presentadas por modelos para que todos los presentes puedan apreciar el diseño y disposición de los nuevos estampados", señala la publicación y destaca que "la ceremonia tuvo como principales oradores al presidente del club, Rodolfo Brezzo, y al director del laboratorio, Jorge Salinas".
Tropiezos. Sin embargo, el hombre empezó a cometer errores. En octubre de 2009, la Justicia en lo Penal Tributario ordenó 18 allanamientos en grandes compañías, en el marco de una causa que investigaba el presunto uso de una usina de facturas truchas para evadir impuestos. En el centro de esa investigación desarrollada por el juez Javier López Biscayart estaba Rigecin.
En enero de 2010 un empleado del Pami y cinco empresarios fueron procesados por desviar 21 millones de pesos del Pami. Uno de los procesados fue Salinas.
Sin embargo, lo que varios de sus ex empleados juzgaron como "la peor jugada" llegó a fines de ese año, cuando la justicia paraguaya cerró el laboratorio que había montado muy cerca de Asunción, en el marco de una investigación sobre una supuesta venta irregular de suero.
Según recuerdan, "todo eso repercutió en Apolo, a tal punto que un día el director técnico del laboratorio nos dijo que lo iban a cerrar diez días por tareas de mantenimiento, pero cuando volvimos encontramos que la planta había sido abandonada".
Allí comenzó una lucha que llevó casi dos años, en las cuales un grupo de empleados intentó sin éxito conformarse como cooperativa para producir sueros parenterales de pequeño y gran volumen. Un estudio de factibilidad económica del emprendimiento mostraba que podrían "obtener 4,5 millones mensuales de ganancia pura".
En noviembre de 2012 Norberto Petruzzelli anunciaba por televisión la reapertura de la planta en 20 días. El proceso llevó un poco más de tiempo y demandó la aparición de nuevos actores que compraron parte de las acciones de Salinas.
Finalmente, a fines del año pasado, el laboratorio retomó su producción. Fue sólo por algunos meses. El lunes pasado, todo voló por los aires.