La ciudad

El dramático período que sigue después del balazo al sobrevivir en el barrio

Los médicos de los dispensarios que atienden a los jóvenes advierten: "A varios no los mata el disparo, sino las infecciones generalizadas que sufren a veces uno o dos años después"

Domingo 13 de Marzo de 2016

Con quebraduras, lesiones abdominales que los van a obligar a vivir con una bolsa de colostomía y, los más graves, con paraplejías o cuadriplejias, los jóvenes que sobreviven a los disparos vuelven a su casa, su barrio y su territorio. "Son pibes que no van a volver a trabajar ni a estudiar; que regresan a su casa y sufren complicaciones, escaras, infecciones. En los casos de parálisis o paraplejías tienen reinternaciones múltiples y llegan a pasar gran parte del tiempo internados, y a algunos no los mata el disparo, sino las infecciones generalizadas que sufren a veces uno o dos años después", dice Natalia de las Navas, miembro de la organización Saltando Charcos (entidad que integra la Asamblea de los Derechos de la Niñez y la Juventud) y médica generalista de un centro de salud de la zona oeste.

Para la profesional y militante social, "hay escasez de articulación y de recursos para afrontar estas situaciones", mientras que su par de la organización Causa y también integrante la asamblea, Facundo Peralta, plantea que "no hay ningún programa ni estamento del Estado que contenga a estos pibes".

De las Navas pasa sus días entre el trabajo barrial en Fuerte Apache y el centro de salud de la zona oeste. Justamente es a esos espacios de atención primaria donde los jóvenes con heridas de arma de fuego son referenciados por los hospitales de mayor nivel de complejidad una vez que son dados de alta.

"Ahí vemos mayoritariamente fracturas por disparos que impactan de lleno en algún hueso, heridas a nivel abdominal a partir de las cuales los chicos deben moverse con bolsas de colostomía, y en los casos de lesiones medulares hay sobre todo paraplejías por disparos en la zona lumbar", describe la médica, y asegura que con esos cuadros "la mayoría de las veces los centros de salud cuentan con pocos recursos para abordar y seguir este tipo de situaciones, e incluso muchas veces tampoco encuentran respuesta en los hospitales del segundo nivel de atención".

El impacto va mucho más allá del cuerpo. "Sus casas son precarias, no están en condiciones para recibirlos y a eso se suma la situación de las madres que dejan todo, incluso a veces su trabajo, para ocuparse de esos hijos", suma la médica.

Peralta agrega: "Allí es donde empieza el peregrinar burocrático de estas familias para conseguir la ayuda del Estado y acceder a algún tipo de pensión".

Esas mismas condiciones de precariedad hacen que, en los casos más graves, las complicaciones e infecciones, ya sea por escaras o de otro tipo, sean habituales, según indica De las Navas. "Algunos llegan a tener más de seis internaciones en un mismo año y terminan zafando del disparo, pero mueren tiempo después de una sepsis generalizada".

La reinserción. "La mayoría de los pibes de los barrios generalmente consigue trabajos físicos y de fuerza, por lo que las lesiones de este tipo los deja mayoritariamente al margen de todo", plantea el integrante de la organización Causa, con base en la zona oeste de la ciudad.

Así, rehabilitar sus posibilidades de estudiar o de trabajar "es muy complejo, porque tampoco el sistema educativo cuenta con recursos para incluir a estos jóvenes, que necesitan otro tipo de acompañamiento".

Para Peralta, el impacto de la violencia urbana en los barrios no hace más que sumar víctimas. "No impacta sólo en los pibes que pueden tener una vinculación a los circuitos delictivos, sino en toda la población y mayoritariamente en los varones jóvenes, que también son los principales blancos de la represión de las fuerzas de seguridad", apunta.

El dirigente y militante barrial no deja de asegurar que "no hay estamentos del Estado ni programas que contengan a estos jóvenes", lo que para él, "redunda en una naturalización y acostumbramiento en los barrios de que muchos de éstos pibes anden rengos, en sillas de ruedas o con un pedazo de platino en la cabeza producto de una lesión".

La delicada lesión que no los dejará caminar

"Es matemático", dice el coordinador de la Red de Rehabilitación de Salud Pública, Daniel Magliaro, y agrega: "Sabiendo dónde esta la lesión, sabemos el pronóstico". Para él, dos casos paradigmáticos a lo largo de sus años de trabajo en el Ilar fueron los de dos pacientes, ambos con lesiones cervicales por arma de fuego, que se encuentran en los extremos del abanico de posibilidades de los resultados que se pueden obtener en estos casos. Ambos hombres jóvenes y en edad productiva, lo que Magliaro llama "el grupo de riesgo" de este tipo de lesiones, y los dos habían recibido un disparo en la zona cervical. "El primero es un muchacho que tenía un entorno social muy complejo y con quien creímos que la posibilidad de recuperación que había por delante era mínima", recuerda. Sin embargo, asegura que a los pocos meses el joven pudo llegar caminando por sus propios medios a la rehabilitación, con trastornos mínimos. "Hasta pudo reinsertarse laboralmente, con altibajos y a veces informalmente, pero tenía herramientas para subsistir", cuenta. En el otro extremo está el caso de otro hombre, que a poco de haber puesto en marcha un microemprendimiento fue baleado en un asalto. "La lesión era alta e incluso durante su paso por la terapia intensiva del Clemente Alvarez requirió de asistencia mecánica respiratoria", apunta el profesional y agrega que "ya estabilizado, volvió a su casa con un cuadro de cuadripejia y sin valores musculares". El primer caso está dentro de ese 10 por ciento que logra recuperar habilidades, el otro dentro de los resultados mayoritarios. La diferencia, explica Magliaro, es que "en el segundo caso el impacto de la bala dañó de lleno la médula, mientras que en la otra situación el balazo tocó el cuerpo vertebral y fue la onda expansiva de la bala la que generó un daño en la médula, lo que permitió este grado de recuperación".

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