La ciudad

El dibujo de un nene que no conoce a Benjamín y el apoyo incondicional

Los alrededores del Hospital Vilela se pueblan de historias de quienes se acercan a acompañar a los padres del niño herido por una bala perdida.

Martes 20 de Agosto de 2019

"Espero que te mejores", dice al lado de un corazón rojo que con trazos infantiles pintó Lautaro sobre una cartulina anaranjada. Y en el centro del dibujo de una canchita de fútbol, se retrató junto a Benjamín, el nene que el sábado recibió el impacto de una bala perdida en la cabeza cuando se disponía a un jugar un partido de fútbol en la cancha de Pablo VI, en la zona oeste. Lauti no conoce a Benja, pero ni bien se enteró de lo que había sucedido le pidió a su mamá que lo llevara al hospital para regalarle ese dibujito.

La historia es una de las tantas que se tejen en los alrededores del Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde Benjamín, de ocho años, permanece internado en la unidad de cuidados intensivos tras haber sido operado dos veces por un equipo de neurocirujanos que monitorea su evolución minuto a minuto.

Ayer, y en medio de la helada tarde rosarina, eran cerca de veinte las personas que le hacían el aguante a los padres de Benja, Javier y Soledad, en la puerta del hospital de Italia y Virasoro.

Al abrigo de unos mates y empuñando los dibujitos que con tanto amor le dedicaron a Benjamín amigos y compañeros del colegio, todos esperan allí las noticias que llegan desde terapia, donde el nene permanece conectado a un respirador artificial desde que la locura de alguien que disparó al aire cambió los planes de una tarde de fútbol y sumergió a la familia Biñale en esta cruda realidad.

Javier, su papá, se aferra a la fe y no para de agradecer a los médicos del Vilela. "La verdad es que no tengo palabras para agradecer lo que están haciendo por mi hijo. Sin dudas estamos en el mejor hospital de Rosario", le dice a La Capital a metros de la escalera de acceso a la guardia.

Sobre Italia tiene estacionado su Peugeot 208 donde pasa casi todo el día junto a Soledad a la espera de noticias. "Vivimos en el auto. Yo de acá me voy a ir junto a mi hijo con vida", remarca.

Sentadas en el frío mármol del acceso al hospital, un grupo de mujeres se hace compañía. Entre ellas está la madrina de Benjamín, quien no para de agradecer los gestos de apoyo que viene recibiendo la familia desde el sábado.

A su lado, una mujer despliega la cartulina anaranjada y cuenta la historia de Lautaro y el dibujito dedicado a un amigo a quien no conoce, pero que le despertó el sentimiento de llegar hasta allí para regalárselo a sus padres.

A unos metros, tíos, amigos y gente del club 7 de Setiembre, donde juega Benjamín, también le hacen el aguante a la familia y esperan novedades en la tarde invernal.

Retratos de familia

Los Biñale son una familia de la zona oeste de la ciudad. Allí, en el barrio de Fisherton, Javier tiene su taller metalúrgico. Su esposa, Soledad, tiene un emprendimiento de viandas gastronómicas. Tienen dos hijos, Agustín, quien juega al fútbol en Central Córdoba y el domingo iba a ir al banco de la primera división pero se ausentó para hacerle el aguante a su hermano en el hospital; y el pequeño Benja, otro enamorado del fútbol que juega en el club del barrio de raigambre metalúrgica de la zona noroeste de Rosario.

La pasión futbolera parece ser un común denominador en los Biñale, ya que Javier también milita en un club de la zona del Gran Rosario y los fines de semana disputa algunos partidos.

Es más, en eso estaba el sábado pasado cuando le avisaron lo que había sucedido con su hijo menor en la cancha de Pablo VI, de Garzón y bulevar Seguí.

"La verdad es que no tenemos más que palabras de agradecimiento. Nosotros no somos practicantes, pero creemos en Dios. Tenemos esa fortaleza. Mi mujer tuvo una grave lesión en la columna hace un año, parecía que iba a ser difícil que volviera a caminar y acá está; ahora hasta baila", remarcaba ayer.

En esa misma fuerza espiritual y el apoyo incondicional de su círculo más íntimo se apoyan ahora para salir adelante en esta difícil coyuntura que debe atravesar el pequeño Benjamín. Y allí están, día y noche en el auto esperando por noticias. Fuertes y más unidos que nunca.

"Desde el sábado vivimos en el auto. Yo de acá no me muevo. Sólo me voy a ir junto a mi hijo con vida"

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