La ciudad

El dibujo, esa fortaleza habitada por la memoria

Notas al pie, de Nacha Vollenweider, es una novela gráfica que aborda el tema de las migraciones territoriales pero también recorre la historia de la autora y del país

Sábado 14 de Abril de 2018

Nacha Vollenweider es la autora de Notas al pie, un trabajo que transita entre el ensayo y la novela gráfica. El dibujo aparece como una suerte de fortaleza donde refugiarse, pero también como un desafío. Los temas se entrecruzan, hay como un juego de cajas chinas donde una historia lleva a otra. Pone a jugar la memoria personal para explicarse y entender lo suyo y la historia reciente del país. El tren, viajar, ir de un lado a otro, transitar, migrar, son los temas que aborda. Nieta de una de las primeras Madres de Plaza de Mayo, Nacha necesita contar, para encontrar.

   La autora es cordobesa, de Río Cuarto, pero reside por estos días en Alemania. Allí llegó en 2013 gracias a una beca para cursar una maestría en ilustración y cómic. Pero su retorno al país ya tiene fecha, decidió regresar, quiere seguir estudiando y dar clases. Y dibujar, siempre dibujar.

   Por eso dice "soy dibujante", sin titubear cuando se la invita a presentarse. Lleva consigo una cartuchera que desenrolla y deja ver sus herramientas. Lápices, plumas estilográficas, tintas. También lleva consigo una pequeña libreta que funciona como una agenda pero con ilustraciones. Sus dibujos marcan algo en el tiempo, en su tiempo.

   A Rosario la unen su participación en dos libros, El volcán. Informe, historieta argentina del siglo XXI e Historieta LGTBI, ambas publicadas por la editorial municipal (EMR). También su presencia en algunas ediciones de Crack, Bang, Boom y un reciente taller que dictó en Gran Reactor, una espacio multicultural de la ciudad.

   Notas al pie es un recorrido que tiene a Nacha como protagonista, algo que no le fue fácil resolver. Surgió de un ejercicio que le plantearon en su cursada en Alemania y que en un inicio fue rechazado. "Así son los alemanes. Te dicen lo que opinan, sin vueltas", recuerda. Su profesora le pedía mayor compromiso. Y el libro es justamente eso, el compromiso de una autora con su historia y la de su país.

   La estructura narrativa está planteada a través de un viaje que Vollenweider realiza con su novia. Seis "notas al pie" se entrecruzan con ese relato y le permiten recuperar sus recuerdos de infancia, el aparato represivo en la última dictadura cívico-militar, los refugiados en Europa y la historia de su antepasados que llegaron a Esperanza, la primera colonia agrícola organizada en el país.

   Los viajes, el ir y venir, migrar, alejarse para poder entender, es el dispositivo que utiliza la autora para jugar con la memoria en términos dinámicos. Nacha utiliza al tren como figura escénica en su libro. Y las "notas al pie" se entremezclan con un guión que atrapa en cuanto a narración y permite desplazarse de un lado al otro. Hay algo de cine en su mirada, como esas imágenes que alguien puede observar desde una ventanilla de un tren o que pueden dispararse en esos tiempos como suspendidos que provocan los viajes.

   Más de 200 páginas, en blanco y negro, son las encargadas de llevar adelante la historia, donde la autora ensaya diversas técnicas y retrata. Retrata fotos, rostros, escenas, lugares, recuerdos. Entre ellos, su tío Ignacio. Por él le pusieron Ignacia. Secuestrado y desaparecido en 1977, Nacha lo dibuja y cuenta el relato que le llegó sobre él transmitido por su abuela, Madre de Plaza de Mayo y gran narradora familiar, según cuenta su propia nieta.

   Pero en Notas al pie está también su propia historia, íntima. El casamiento en Alemania con su novia, su cotidianidad, idas y venidas, como el tren que comparten, que las lleva y las trae.

   A Nacha le encantan los trenes y se lamenta que hayan sido abandonados en Argentina. Los dibuja. Lamenta que su tío no esté, y lo dibuja, necesita contar cómo es su familia, y lo dibuja. Viaja por Alemania a buscar rastros de parientes y ahí se encuentra con primos y recuerdan que sus antepasados llegaron a Esperanza, la primer colonia agrícola instalada en el país, a partir de mediados del siglo XIX. Dibuja hasta las parcelas que ocuparon. Y al verlas, sobre el final del libro, se siente una conexión. Esa suerte de mapa de las parcelas se asemeja al tapizado de los asientos del tren, ese que va y viene. "Es un círculo", describe Nacha respecto a cómo está planteada la historia que quiso contar.

   En diálogo con La Capital, Vollenweider cuenta sus viajes, sus idas y venidas y habla del proceso que abordó para poder llegar a Notas al pie.

   —¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

   — El libro pasó por varios procesos de creación. Es el resultado de mi trabajo en una maestría que cursé en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hamburgo, es mi trabajo final en la especialización de ilustración y cómics. Yo me presenté con una beca para

hacer un proyecto artístico en Alemania, no era obligatorio estudiar algo, pero yo quise estudiar. Cuando conocí a la profesora que me iba a dirigir el proyecto me orientó para que hiciera un cómic. Eso fue en octubre de 2013. Desde ese momento y por un año hice un proyecto, con técnicas muy experimentales pero a nivel del guión la profesora me dijo que lo rehiciera. Me dijo: "Esto está bien pero es bastante superficial". Los alemanes son así, te dicen lo que opinan, sin vueltas. Ahí me recomendó que indagara un poco más sobre mi historia. Me hizo pensar desde otro lugar, más profundo y poético, y yo lo tomé como un desafío.

   —¿Y con esa recomendación arrancaste?

   —En el siguiente curso, la profesora nos trajo una idea que ella está investigando, ensayos gráficos. Estábamos todos muy perdidos, no sabíamos bien qué era. Ella trabajó mucho sobre lo cotidiano y los recuerdos. Nos planteó salir a dar un paseo por la ciudad y, en ese trayecto, detectar cuáles imágenes eran significativas y por qué. La idea era, a la vez, asociar con recuerdos. Un poco así surgió Notas al pie.

   —¿Lo autorreferencial tuvo que ver con ese ejercicio o era una necesidad expresiva tuya?

   —Las dos cosas. Cuando estás afuera hacés como un proceso de reflexión sobre vos misma que, a la vez, te ayuda a ubicarte en el mundo. Necesitás saber dónde estás.

   —¿Vos escribías antes?

   —No, fue la primera vez que escribí yo sola. Encima lo escribí en alemán, por eso me llevó más tiempo, después lo traduje al español. Yo no sabía alemán. Sí, fue mucho. Me dije: "El tiempo es corto, hay que aprovecharlo" (risas).

   —¿Por qué son necesarias las notas al pie?

   —En realidad, al título lo tomé más en referencia a caminar, al pie, que a una cuestión literaria o académica. A eso de trasladarse, ir de un lugar a otro. Y en particular, en el libro surgió también como una forma de explicarles a los alemanes, de relacionar en ese paseo los recuerdos, las imágenes y qué significaban. En ese sentido surgieron las notas como una forma de explicarle a gente que no conoce y no tiene ni idea sobre la historia de nuestro país. La historia pensada también como qué es lo que uno trae, cómo se va conformando, esas vivencias, cómo una se construye.

   —Migrar aparece como algo clave, entre países pero también entre el pasado, el presente y el futuro...

   —Sí, lo histórico aparece en el libro para ubicarse en el presente y en esa historia está presente la inmigración. En ese sentido, para mí en el libro hay algo circular, al terminar con la historia de los inmigrantes de la línea alemana de mi familia. Fue como dibujar un círculo, gente que viene y que se va.

   —¿Que es la memoria para vos?

   —Las conversaciones con mi abuela aparecen como si fueran un capítulo más en el libro, pero marcaron mucho mi vida. Mi abuela es muy importante para mí, y para la familia. Es como la gran narradora, sabe mucho de historia, aunque no terminó la secundaria, es una gran lectora. Le hicieron un homenaje en Río Cuarto por su lucha en las Madres. Ella fue una de las primeras que viajó desde el interior a Buenos Aires. La memoria es algo muy importante para reconstruir la historia, son esas huellas que otras personas vivieron y eso vive en la memoria. Para entender qué sucede hoy, para estar ubicado, para entender algunos discursos es necesaria la memoria. Es algo dinámico.

   —¿Lo personal es político para vos?

   —Sí, para mí es así, claramente. Admito que mi familia ha estado y está marcada por la política, pero en otras familias aunque digan que no también están atravesadas por la política. Argentina es así.

   — Vos no tenés una mirada ingenua, tomás posición. Elegiste contar en primera persona, te exponés...

   —Sí, totalmente.

   —También lo íntimo.

   —Sí, eso fue lo que más me costó dibujar porque no me gusta hablar sobre mí, dibujarme. Siempre preferí el lugar de la observadora, aunque tengo en claro que una hace un recorte cuando observa; o sea, es lo que una ve. Pero ponerme de protagonista no me gustaba. Igual, creo que no soy una protagonista principal. Yo me imagino como andando en un tren, como quien se sube a un tren, va de un lado al otro, tiene una charla con el que tiene al lado, en este caso mi pareja. Va asociando imágenes, no es un protagonista heroico. Yo no quería, pero fue una necesidad narrativa.

   —El tren aparece como el escenario de los movimientos, también es como un gran productor de imágenes, hay algo de cine...

   —Me encanta el tren y, averiguando sobre los transportes públicos, descubrí un concepto: son lugares de tránsito. El contacto con la gente es casi mínimo pero a la vez compartís un espacio. Es símbolo de la modernidad. Claro, los trenes también sirvieron para llevar a los judíos a los campos de concentración. Tienen muchas resonancias. En Argentina encima los rodea esa imagen de abandono, porque boicotearon el desarrollo del tren. Vos vas a una estación y ves las estructuras que ya no funcionan, vos te parás en las vías, podés seguir el trazo de las vías, pero el tren no va a venir nunca. En Alemania te parás en la estación y sabés que llega, que en algún momento llega. Esa sensación yo la asocié con mi tío, esa cosa de que estuvo, pero nunca va a volver. Es lo que me pasaba cuando miraba las vías, y el tren nunca venía y sabía que no va a venir.

La magia detrás de un plumín

Mientras las selfies invaden el planeta, Nacha Vollenweider elige un autorretrato como imagen de presentación en su tarjeta personal. El dibujo está como adherido a su ADN. Le piden que firme un libro, una dedicatoria, y lo hace con un dibujo.
   —¿Cómo te vinculás con el dibujo?
   —¿Conocés la Fortaleza de la Soledad de Superman?, eso fue para mi el dibujo. Cuando yo era chica, dibujaba y me alejaba de todos los problemas. De hecho era un lugar donde podía ser yo misma. Para mí era un desafío enorme porque yo quería dibujar como los grandes maestros. Mi maestro de dibujo era un autodidacta, pero laburaba para Columba. Tenía todo el oficio de la historieta tradicional argentina. El tipo aparecía con un plumín y me dibujaba un cowboy de la nada y yo pensaba: "Esto es magia, quiero aprender a dibujar así". El dibujo si bien era como un refugio para mí también era un desafío. Y siempre me gustaron las cosas medio difíciles, por mi profe entré en el mundo de la historieta. Terminé la secundaria y me puse a estudiar diseño gráfico, por una cuestión más pragmática, y lo estudié en Río Cuarto en la Universidad Siglo XXI que estaba muy orientada al comercio, con lo cual no estaba lo experimental ahí. Entonces decidí que quería estudiar artes y me fui a Córdoba. Hice licenciatura en pintura, pero el trabajo final fue una historieta. Me interesa mucho el cruce de las artes plásticas y el lenguaje del cómic.
Bío
Nacha Vollenweider (Río Cuarto, 1983) es licenciada en pintura por la Universidad de Córdoba y maestra en arte, especializada en ilustración y diseño, por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hamburgo. Junto al guionista Roberto Von Sprecher publicó Ruta 22 (Llanto de mudo, Córdoba, 2010) y obtuvo el segundo lugar en la categoría Historieta del VI Premio Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti por la obra "Los otros". Como autora integral colaboró en las revistas La murciélaga, Clítoris, Fierro, Altamira. Participó de "Informe. HIstorieta argentinta del siglo XXI" e "Historieta LGTBI", libros de la Editorial Municipal de Rosario (EMR). En 2013 frue becada por el Servicio Alemán de Intercambio Académico y desde entonces reside en Hamburgo, donde trabaja como ilustradora y diseñadora freelance. "Notas al pie", proyecto desarrollado bajo la tutela de la artista y profesora Anke Feuchtenberger, fue finalista en 2016 del premio de novela gráfica de la fundación Berthold Leibinger. En Argentina fue publicado por Maten al Mensajero (www.facebook.com/matenalmensajero) y en Alemania por avant-verlag (www.avant-verlag.de).

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