Sábado 11 de Abril de 2020
“En una semana te digo si perdiste tiempo y plata, o si tenemos un respirador”. Después de recordarle esa frase al rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Franco Bartolacci, Simón Carpman, ingeniero mecánico y uno de los titulares de Inventu, no hizo otra cosa que reunir a los profesionales del equipo,convocar ex empleados, encerrarse en el taller de Garay al 600 y pensar, proyectar, volver a cero, avanzar y poner a prueba durante días un dispositivo que permitiera tratar la insuficiencia respiratoria aguda causada por el coronavirus. Trabajaron sobre tres hipótesis, armaron tres prototipos, y una semana después pudieron sentarse frente al funcionario y decirle no que no había perdido ni el tiempo ni la plata. “Teníamos una chapa en el piso y no más de 20 componentes, pero sabíamos que eso que había ahí y que hoy trajimos armado y prolijo, era un respirador funcionando”, cuenta el profesional, que esta semana junto sus socios, Roberto Bisso y Germán Campero, y todo el equipo, salieron del galpón donde trabajan para poner a disposición de las autoridades sanitarias locales y provinciales el primer el primer prototipo de ventilador de transición con afectación específica para Covid-19.
Carpman es ingeniero mecánico, graduado de la UNR y cabeza visible del equipo de más de 15 personas donde “individualmente, ninguno por sí sólo es nada”, según él mismo asegura. Dice que desde que comenzaron a producir soluciones para la industria están “acostumbrados a los problemas difíciles”, sin embargo, en el marco de la emergencia sanitaria, admite que la presión fue otra.
“Esto es mucha energía toda junta, pero es así, la presión convierte el carbono en diamante”, señala, y deja en claro que lo que no había en este caso era tiempo. Tomarse lo que lleva cualquiera de los proyectos que venían desarrollando era llegar tarde.
“Teníamos una semana para validar una hipótesis, por eso fuimos claros y de frente cuando nos sentamos con el rector (UNR) porque no queríamos vender humo ni falsas expectativas”, agrega.
El desafío para armarlo era que tuviera pocos componentes y que no requiriera para su fabricación insumos médicos, y que lo menos posible fuera importado. De hecho, de los menos de 20 componentes que forman parte del equipo, apenas la pantalla y algo de la electrónica no se fabrica en el país.
“Lo que no hay en estos días son justamente válvulas proporcionales, medidores de presión, medidores de caudal y de flujo; todo eso fue reemplazado por otros elementos, pero la clave es que sea algo robusto. ¿Se puede improvisar? Sí, pero no es el caso. Estos son componentes que van a durar diez años, y el que más se desgasta, a un uso exigido, dura por lo menos dos años”, detalla.
Lo extraordinario de la situación los puso frente a medidas extraordinarias. Se aislaron de sus familias, ya que estarían en contacto continuo con personal médico y especialistas para realizar las pruebas que se llevaron adelante tanto en Rosario y Buenos Aires. Recorrieron el país con personal del Ejército y de Fabricaciones Militares a la caza de los insumos necesarios. Y una persona se dedicó específicamente a evaluar la accesibilidad de los componentes, para garantizar la posibilidad de fabricarlo a escala.
Una vez en marcha, salieron a buscar las debilidades del equipo probándolo en simuladores pulmonares de Rosario e incluso en la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires, donde trabajaron con profesionales y terapistas durante por lo menos 72 horas. El Hospital El Cruce fue otro espacio de prueba y allí los ingenieros clínicos exigieron el prototipo al máximo.
Hoy ya podrían hacerse mil por semana, afirmaron. Y ese es el desafío que plantean los ingenieros: “Ante un virus que es exponencial, tenemos que fabricar una máquina exponencial” para hacerle frente. “Estamos por lo menos cinco veces por debajo de los costos de un respirador en el mercado, pero además no hay”, agrega.
Una valija de herramientas
Inventu tiene ya ocho años, y camina rápido. Carpman y Darío Fernández, ingeniero eléctrico, iniciaron el camino arreglando máquinas. “Darío tiene un don para reparar equipos difíciles, y a eso le sumamos el diseño de equipos especiales que no había en el mercado para la industria”, señala.
Un alimentador de vidrio, una trituradora de toallitas femeninas para Johnson & Johnson, una empaquetadora para los huevos Kinder y otra para el Chocolino, de La Virginia. No llegaban a los 30 años por entones, y ahora aún no llegan a los 40. “Hicimos una sola entrevista para contratar personal porque no nos sentíamos capacitados para hacerlo”, recuerda.
Eso avanzó, sin embargo, hace poco más de un año, comenzaron a pensar en proyectos innovadores. Germán Campero continuó en la empresa y se sumó Roberto Bisso, que venía de la actividad pública e incluso llegó a desempeñarse como subsecretario de Energía de la provincia.
Ahí apareció el proyecto de construir un trole eléctrico para la ciudad utilizando componentes industriales y el conocimiento de la industria ferroviaria, y la empresa Movi lo puso en marcha. Vinieron los controles remotos para locomotoras y locomotoras con telemedición, que permiten saber su ubicación continua, su recorrido y el consumo de potencia del motor.
“Esta es una empresa que tiene mucho de lo que uno quiere y busca”, afirma Bisso, presentándose como el mayor del equipo con 41 años, y agrega: “No sólo es innovadora, sino que además se sostiene en el concepto de la equidad, tanto de compartir conocimientos como en los recursos”.
Ahora todas las miradas están puestas en el proceso de autorización del ventilador por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat). Y, de hecho, apenas eso se logre, los planos del respirador rosarino estarán disponibles en internet. “Que lo tome la provincia, el país y el mundo, esa es la esperanza”, auguran.