Lunes 28 de Agosto de 2017
Los artistas comenzaron a desembarcar con sus pinceles, latas de pintura, aerosoles y bocetos antes de media mañana, con tiempo para plasmar sus diseños sobres la persianas que les había tocado en suerte hasta poco antes de la caída del sol. No había tiempo que perder y todos pusieron manos a la obra.
La mayoría de los pintores seleccionados (el 75 por ciento de quienes se postularon) son rosarinos con experiencia previa en murales, dentro y fuera del país. El resto llegó de otras localidades, como Buenos Aires, Venado Tuerto, Mendoza y Mar del Plata. Hubo también grafiteros extranjeros, como de Colombia y Chile.
La calle con más intervenciones, San Luis, juntó varias pintadas por cuadra en su tramo más comercial, de Italia a Buenos Aires. Los sectores con mayor cantidad de graffiti fueron los comprendidos entre España y Corrientes, y en especial el trayecto de Mitre a Sarmiento, que sumó once. Frente a las plazas Sarmiento y Montenegro también se pintaron.
Cada propuesta eligió una paleta entre varias sugeridas por el municipio, de modo de poner en diálogo los murales. En función de esas elecciones, cada artista recibió sus materiales y con ellos se lanzó a la tarea. En algunos casos, los autores de graffiti contiguos se pusieron de acuerdo para que sus trabajos se articularan, por forma o por color.
En una recorrida que realizó por las calles, LaCapital pudo ver que la mayoría de los ilustradores no estaba solo. Amigos, hermanos, padres y hasta hijos hicieron el aguante aportando mate, galletitas, sanwiches y hasta las manos propias para llegar a tiempo con el trabajo. Todos, obviamente, sacaron fotos o filmaron.
Muchos de los artistas se referencian con Proyecto Persiana, una movida porteña que desde 2015 viene transformando las grises cortinas metálicas en obras de arte urbano. Otros grafiteros responden a otras organizaciones, como el Movimiento Internacional de Muralistas Italo Grassi. Otros trabajan solos. La mayoría asegura que logra vivir de esa tarea y, los que no, lo intentan.
En San Luis 1167, ayer por la tarde un "supergato" de doble altura obligaba a sus autoras, dos "artistas urbanas" que firman como Medianeras, a usar una grúa. Las chicas, Vanesa Galdeano y Analí Chanquía, contaron que vienen pintando paredes desde hace una década en Argentina y otro "montón de países", a los que suelen llegan por concurso. "Cada vez se hacen más fuertes estas movidas", asegura Vanesa, que funcionan como "motivadores" en barrios de muchas ciudades.
Entre las muchas postas creativas se contó la de Dimas Nota, el mismo que diseñó el "diablito" en el quiosco de revistas ante el Arzobispado (luego repintado). Como enseña en el taller de artes urbanas del Instituto de Recuperación del Adolescente , contó con la ayuda de dos chicos a los que una jueza autorizó salir.
Una movida colectiva que la secretaria de Ambiente y Espacio Público, Marina Borgatello, recorrió "contentísima" por "la calidad de los murales y su impacto estético". Tan satisfecho está el municipio, que si hay demanda de más comerciantes podría repetirse. Las calles de Rosario, hoy, se verán más lindas.
Con pinceles y aerosoles, solos o en grupo, los muralistas y grafiteros cambiaron ayer la fisonomía del centro