La ciudad

El chipá como negocio familiar

Domingo 06 de Octubre de 2019

Freddy Cardozo es la cara visible de Chipá Porá (lindo en guaraní). La historia de su emprendimiento comienza después de la crisis del 2001, cuando los cuatro integrantes de su familia se vieron de repente pasando necesidades e intentaron buscar una forma alternativa de ganarse la vida. Eligieron los chipacitos por tradición familiar, ya que su padre vino a Rosario desde Formosa y su madre desde Paraguay.

   Arrancaron como un microemprendimiento productivo social, acompañados por el municipio a través de Economía Social, que los asesora. “Primero en el barrio, porque habíamos tenido una pequeña panadería, pero fuimos creciendo y en 2005 formalizamos anotándonos en la Municipalidad”, cuenta Cardozo. Así, se sumaron a las ferias en plazas públicas, y luego sumaron participaciones en ferias itinerantes de otras localidades y hasta otras provincias.

   El paso al Mercado del Patio fue un salto enorme: al principio eran tres personas, y hoy son 12 los que se dedican exclusivamente, siempre entre familia y amigos. “Fue todo a pulmón, nos ayudaron amigos profesionales que no nos cobraron. Fuimos de los más chicos que accedieron a un local”, afirma. De estar en una plaza con un tablón y dos caballetes, sufriendo el viento, el frío y la lluvia, de repente se encontraron en un paseo gastronómico ubicado en un punto estratégico.

   “Nos permitió acceder a otro tipo de publico, diversificarnos e innovar, tener más visibilidad e incrementar las ventas. De hecho hace un año nos surgió la oportunidad de abrir un local en Nueva York, pero con el tema del dólar se complicó.

   La búsqueda, cuenta Freddy, es mostrar la economía social no como alternativa, sino como algo sustentable. “La relación directa productor-consumidor nos permite tener un precio justo, sin intermediarios y dentro de la alimentación saludable”, detalla. Se trata de productos artesanales producidos en el día sin tacc y libres de gluten, sin químicos ni conservantes, y sin harina: la base es fécula de mandioca y almidón de maíz.

   “Nuestra clientela es un 50% gente que no puede comer harina, pero también se acerca gente que elige tener conciencia sobre su alimentación, por eso estamos sumando prepizzas, alfajores y otros productos”, apunta Cardozo, que en sus ratos libres es DJ y musicaliza los encuentros que se realizan en el Mercado.

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