La Ciudad

El allanamiento de un criadero desnudó una ola de robos de perros

En redes hay miles de denuncias que no llegan a Fiscalía y la cifra negra es altísima. Los ladrones los venden, piden rescate o los usan para tener crías.

Domingo 22 de Noviembre de 2020

Cuando hace días la Secretaría de Control allanó un criadero clandestino en el que una señora mantenía casi 200 perros aglomerados en zona sur, mucha gente se agolpó en la puerta. No eran solo vecinos curiosos. Muchos eran víctimas del robo de sus mascotas que, al ver la cobertura mediática, decidieron ir desde distintos puntos de la ciudad con la esperanza de que su animalito estuviera entre los rescatados. Asomados entre las rejas, los más desesperados gritaban el nombre de su perro a modo de llamado, entre una catarata de chillidos y ladridos que emanaban desde las profundidades de la casa convertida en una suerte de cárcel en miniatura.

Según explican desde agrupaciones proteccionistas, con la crisis económica aumentaron los casos de robos de animales de raza. No solo se hacen de los patios de las casas, a veces incluso a través de las rejas o alambrados, e incluso con asaltos callejeros a sus dueños. Los objetivos son varios: además de apropiárselos, muchos los venden en el mercado negro por internet, los utilizan para tener crías de manera clandestina y, a veces, hasta piden recompensa a la víctima del robo. Las denuncias se realizan a borbotones en las redes sociales, pero casi la totalidad de los casos no terminan en una presentación ante la Justicia.

La Capital relevó historias de víctimas, personas que quisieron contar el hecho, pero sin revelar su identidad. “No quiero que se sepa mi nombre porque los que me robaron son del barrio y cuando los denuncié, me amenazaron”, cuenta una mujer, quien quiso hacer la denuncia y en la comisaría no se la tomaron. El robo sucedió entrando a su casa de barrio Abasto, cuando una persona se bajó de una moto, la empujó y le sacó su perrito, un chihuahua macho. Otra chica de barrio Grandoli cuenta que le robaron el caniche del patio de su casa. Se treparon por la reja y se lo llevaron. En tanto, una vecina a la que le sacaron su perro recibió notas pidiendo rescate, hasta que finalmente accedió a la extorsión y se lo devolvieron.

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El grupo de Facebook “Perros perdidos de Rosario”, que tiene casi 50 mil miembros, es un lugar usual donde se publican mascotas robadas, con los datos de contacto de sus dueños, día y horario de la sustracción. “Se robaron mi perrita de afuera de mi casa en barrio Saladillo. Mi hermanita está muy triste. La perra se llama Dana y no sabe andar en la calle. Necesito que me la devuelvan”, fue el mensaje de Celia en ese grupo. “Busco a Mirella. Es una caniche de pelo lacio. Salió a la puerta de mi casa y se la llevaron el 6 de noviembre. Mi hija la extraña demasiado, por favor si alguien la ve puede comunicarse. Soy de Nuevo Alberdi”, cuenta con dolor Leonela en la misma página. Todos los días hay decenas de mensajes similares en este grupo y en otros que se dedican a lo mismo: recuperar o devolver animales perdidos. Algunos tienen fotos de los apropiadores tomadas por cámaras de seguridad. Otros ofrecen recompensa. A todos los une el dolor de no poder encontrar a un integrante de la familia.

Pocas denuncias

Sin embargo, la gran cantidad de publicaciones en redes no tiene como correlato un alto número de denuncias en la Justicia. La cifra negra es, en este caso, tan o más común que con el robo de teléfonos en la vía pública. “Ninguno de los que se acercó había hecho la denuncia. En los barrios los dejan en la puerta para que den una vuelta solos, que no corresponde, y alguien se los lleva. El robo del perro es como el del celular. Te lo sacan y lo venden por 1.000 pesos para comprar droga”, afirma Verónica López Nordio, de la ONG Protectora Rosario, que participó del allanamiento en avenida del Rosario al 2000 y se quejó de que los que luego encuentran a su perro, a veces pagando rescate, no avisan que ya lo recuperaron.

La fiscal Mariel Oliva de la Unidad de Salidas Alternativas, que absorbe los casos de maltrato animal e intervino en el caso, ratifica que fueron muchas las personas que llegaron hasta el lugar en busca de sus mascotas robadas. Sin embargo, dijo que en su Fiscalía no tienen muchas denuncias por ese fenómeno: “Sí tengo muchos casos en los que las mascotas se escapan y se produce una apropiación indebida. Por ejemplo, un perro que se extravió y lo tenía una chica que se negaba a hacer la devolución. Se hizo una pericia y el resultado fue que la mascota pertenecía a la persona denunciante”, relató a La Capital.

Según fuentes del Ministerio Público de la Acusación (MPA), los robos de animales suelen ir a la Fiscalía NN, porque no se puede determinar quién realiza los robos. Ante la consulta de este diario, informaron que no es un delito común que figure en las denuncias que reciben. “A veces, dentro de la denuncia de robo a domicilios se ha manifestado que falta el perro, pero es difícil corroborar si es parte del robo o lo dejan ir al ingresar al domicilio”, detalló un vocero. Remarcaron que es importante hacer la denuncia con fotos de los perros para poder relevar entre los animales hallados en este tipo de intervenciones.

Una víctima cuenta cómo encontró a su mascota

Muchos de los que se acercaron al allanamiento en busca de sus mascotas robadas dejaron sus datos a la fiscal interviniente y a las ONG que estaban en el lugar. La Justicia trabaja para ver si los animales robados están entre los que sacaron del domicilio. José Saccone (59), un vecino de Eva Perón al 5200, es uno de ellos. Le robaron un perro raza yorkshire de 5 años, un macho no castrado que puede utilizarse como reproductor. “Tom” salió a hacer sus necesidades, cuando la persona que lo vigilaba se descuidó y al buscarlo no lo encontró.

“Por las cámaras vimos que cuatro o cinco adolescentes pasaron y se lo llevaron. No sabemos si con fines de lucro o para tenerlo”, apunta. El hecho sucedió el 17 de agosto, y la pérdida fue publicada en redes sociales y dejada en una hoja en los comercios y columnas del barrio.

Cuando el hombre vio la noticia del allanamiento, pensó que quizás podía estar ahí. Pero, ¿por qué acercarse? “Sé que lo puedo reconocer de inmediato”, asegura. Y cuenta una historia insólita para probarlo: “Cuando tenía 15 años, nos pasó lo mismo con un perro que teníamos”. “Tony” era un perdicero, tipo pointer, que llevaban a cazar. Tenía 6 años cuando se perdió en Funes, donde el hombre vivía con su familia. El perro saltó un tapial y, al parecer, alguien lo encontró en la calle y se lo llevó.

El tiempo pasó y la familia se resignó, pero José nunca lo olvidó. “Un año más tarde, íbamos con mi papa en el auto y vi a un chico llevando a Tony con una correa. Paramos, abrí la puerta y lo llamé. El perro, desesperado, empezó a tironear al pibe, se soltó, se metió adentro con nosotros y no quería bajar. Fuimos hasta la casa y le explicamos a la madre”, prosigue. Como ambos le habían agarrado cariño, se definió una tenencia compartida: aprovechando la corta distancia entre una casa y otra, de unas 10 cuadras, una semana la pasaba en un hogar, y luego lo buscaban y lo llevaban al otro. Tony vivió feliz 10 años más. Murió a los 16 años, al calor del amor de dos familias.

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