Dos residentes cuentan cómo atravesaron la pandemia el geriátrico que registró los primeros casos en Rosario
María Angélica, de 84 años, y Rosa, de 91, están alojadas en La Casona. "Vi cómo ponían los respiradores con máquinas enormes", dijo una de ellas.

Domingo 28 de Febrero de 2021

María Angélica Quijano tiene 84 años y trabajó en Iapos hasta su jubilación. Fue una de las residentes que en septiembre pasado dio positivo y vivió momentos de incertidumbre en el geriátrico La Casona (de Mitre al 1600), escenario del primer brote de coronavirus en una casa de adultos mayores.

Quijano padece Epoc desde hace casi 20 años, una enfermedad que provoca insuficiencia pulmonar. Estuvo internada en Los Arrayanes por precaución, y dice que el cuadro que vio "fue impresionante". "Había mucha gente enferma, todos hombres, y vi cómo les ponían los respiradores con unas máquinas enormes", contó conmocionada.

Durante el encierro la mujer aprovechó para despuntar un hobby, y tejió para todos sus compañeros de residencia. Otro pasatiempo fue la lectura: prefiere las novelas de Isabel Allende. Luego de tres años en La Casona, dice que extraña su vida pre pandemia, y espera la segunda dosis de la vacuna con la ilusión de recuperarla: "Antes iba al Jockey Club con mis amigas, a la pileta y a jugar a las cartas", cuenta, y se queja de que pocos en el geriátrico la acompañan para jugar a la canasta. Por último, dice con complicidad: "A mí me gustaba el Casino".

Rosa Aragone tiene 91 años, fue docente y es pintora, grabadora, dibujante y tapicista. Hace tres años y medio que se aloja en La Casona, pero tiene su casa a una cuadra, donde está su taller. Como fue una de las pocas que dio negativo, allí se aisló un mes, para luego regresar. "Acá trabajo pero no tengo mis elementos, pinto digitalmente. Además, a mí me gusta estar sola para hacerlo, y en la residencia no se puede", reconoce. Dijo que sintió bastante el aislamiento familiar y de amistades cuando se cortaron las visitas. "Antes me iba a almorzar con ellos, ahora tienen que pararse a dos metros para hablar", lamenta.

Viuda de dos matrimonios, admite que se ha acostumbrado y disfruta de la soledad, pero añora las salidas a comer con sus seres queridos. Además, la pandemia frustró una muestra que tenía programada en el Espacio Cultural Universitario (ECU) el 20 de marzo de 2020. "Extraño poder trabajar con libertad en la materia que me interese. A mí me gusta cambiar de técnica, y aquí estoy obligada a utilizar una sola. Igual uso el programa más básico, no me gusta que la computadora pinte por mí", aclara. Sobre el futuro, deja una frase memorable: "Yo no le tengo miedo a la muerte con 91 años, porque sé que está a la vuelta de la esquina y ya lo acepté. Lo único que me asusta es el tránsito, que puede ser más o menos generoso", cerró.