La ciudad

Docentes y padres arreglan un jardín de infantes destrozado

Protagonizan una gran movida solidaria para recuperar las aulas del establecimiento de Cullen y Génova, que fue atacado por vándalos.

Viernes 04 de Abril de 2014

Al menos 40 jardines de infantes y un sinnúmero de padres conmovidos con lo que el último fin de semana le pasó al establecimiento de Cullen y Génova, devastado por una incursión vandálica, organizaron una gran movida solidaria para que la institución pueda salir adelante. Materiales didácticos, juegos, libros y hasta dinero en efectivo es lo que están juntando por estos días para acercarle al jardín Nº 296, destrozado hasta decir basta pero del que, paradójicamente, los agresores no se llevaron nada. "Sabemos que la solución no es esta, pero es como darles un abrazo a nuestras compañeras y a los pibes: todo lo que hacemos es por ellos", sintetizó ayer una de las impulsoras de la colecta y directora del jardín Nº 67 del complejo Gurruchaga, Andrea Fernández, convencida sin embargo de que la responsabilidad primordial es del Estado.

Si para una escuela ya es algo difícil salir adelante después de un robo, mucho peor es haber sido vandalizada hasta decir basta, pero sin que le hayan sacado nada.

Eso es lo que le ocurrió, se supone que entre el sábado y la madrugada del lunes pasado, al jardín de Cullen y Génova, donde les rompieron todo. Y como para que no quedaran dudas de la furia y el sinsentido que movió a semejante acción, a lo poco que dejaron sano, como blocks y papeles, les orinaron y defecaron arriba.

Por eso, los casi 180 alumnos de 3, 4 y 5 años que concurren al establecimiento no podrán ir a clases hasta que el Fondo de Asistencia Educativa (FAE) y el Ministerio de Educación provincial repongan mínimas condiciones para la asistencia. Para eso, ayer en la sede local de la cartera hubo una reunión entre autoridades, docentes y dirigentes de la Asociación del Magisterio de Santa Fe (Amsafé).

Y van... El desconsuelo de las 14 personas que trabajan en el jardín no tiene límites, el miedo tampoco. Es que en el mismo edificio conviven una escuela primaria y dos medias, ninguna de las cuales quedó exenta de robos en los últimos tiempos. Al 296, por ejemplo, le tocó uno por año desde 2011.

Pero nada que se pueda comparar con lo del último fin de semana. Según recordó ayer la directora del jardín, Silvia Altavilla, "helaba la sangre" ver lo que los atacantes habían dejado tras de sí.

Rompieron todo: estrellaron computadoras, arrancaron sanitarios, destrozaron todas las aberturas, juguetes y sillones, arrasaron con todo lo que había en los armarios, pisaron y refregaron pinturas por todo el lugar, rompieron materiales didácticos, libros y papeles, y a los que no los ensuciaron con excrementos. Nada quedó en pie.

Por eso, al enterarse, maestros y directivos de otros jardines se identificaron con sus colegas y salieron a amplificar el sentimiento solidario. Así arrancó una colecta solidaria a la que ya se sumaron varias decenas de establecimientos y padres de alumnos. La expectativa es que llegue más.

"Hay mucha gente sumándose, pero los que se movieron más hasta ahora son compañeros de esta zona, y también de Villa Gobernador Gálvez y el extremo sur de Rosario, así como del norte", contó Fernández, que no por nada alienta la movida: el jardín Nº 296 fue el último donde trabajó como maestra antes de dirigir el jardín de la Gurruchaga.

Se junta lo que se puede: sobres con unos pocos pesos, jueguitos didácticos y libritos que acercan mamás cuyos hijos ya crecieron. En algunas escuelas son los padres los que donan un simple papel afiche por familia: todo suma en plural.

"Pero sabemos que la solución no es esta: las compañeras van dejando la vida ahí, están destrozadas y tienen miedo, cuando lo único que quieren es poder dar clases y volver a casa", se indignó Fernández.

El barrio está, como tantos otros de Rosario, asolado por el narcotráfico e incluso se dice que el último fin de semana hubo allanamientos por esa causa en la zona, una situación que más de uno vinculó a la "demostración de poder" con que puede interpretarse el destrozo del jardín.

Un lugar "donde existen reglas, normas y límites, algo que el malvivir no tolera", reflexionó Altavilla, convencida de que en los 16 años que lleva trabajando en el barrio los últimos cinco vienen siendo "de lejos los peores".

Su colega de la Gurruchaga aclaró: "No sabemos si hay connivencia policial o el comisario está entongado, pero el Estado debe aparecer ya, aunque más no sea para atender a la gente que está tan quemada como para hacer algo así".

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