La ciudad

Dibujos enredados

Tengo unas flores con tu nombre, de la ilustradora Jazmín Varela, ofrece dibujos que dan cuenta del vínculo entre mujeres. La sororidad en el centro de la escena

Sábado 24 de Marzo de 2018

"No es que la sororidad sea la receta mágica para los males del mundo, no cambiemos príncipe azul por hada mágica, no, pero la hermana es imprescindible, es la carta de oro, es el password sin el cual es imposible destrabar los machismos", dice Agustina Paz Frontera en el prólogo a Tengo unas flores con tu nombre, una publicación de la ilustradora rosarina Jazmín Varela. Los dibujos, con el sello indeleble de la autora, son escenas en las que cualquier mujer puede identificarse pero que Varela visiviliza con la clara intención de mostrar cómo funciona esa forma de relación.

   Por estos días, el término sororidad se escuchó un poco más. Hace referencia a la forma en que las mujeres se vinculan, justamente esa suerte de hermandad donde el gesto o la palabra buscan ser expresión de solidaridad, contención y compañerismo. Ante un otro que aparece como amenaza, la respuesta, al menos, es la sororidad.

   Por eso Frontera, advierte: "Este libro, hecho de postales documentales de nuestras vidas, puede entregarse a lxs marcianxs (¿tendrán géneros?) cuando pregunten cómo se vive en la Argentina en el año 2018".

   Y allí están entonces, la taxista que promete esperar a que la pasajera entre en su casa; una joven que le dice a otra que todo estará bien aunque se ve claramente que no la está pasando bien; la tatuadora que habla sobre el dolor; la que aconseja correrse de un lugar inconveniente ya sea por la sospecha de un daño o porque el pensamiento binario ya no va. Son tan solo algunos ejemplos de la veintena de dibujos que publica Varela, donde mujeres exponen un lenguaje y una forma de ser que hace presumir la existencia de una red, más o menos visible, pero sobre la cual la autora quiere dar cuenta.

   Cada imagen es una situación, cada una presenta a una mujer diferente, imaginaria pero real, los trazos dibujan y plantean esa realidad. Esas mujeres son rubias, pelirrojas, morochas, gordas, delgadas, tatuadas, maquilladas o a cara lavada. Son mujeres diversas. Y la ilustradora así las plantea en su entorno, con múltiples detalles que atrapan la mirada, mientras la frase elegida, el testimonio dicho, resuena junto al dibujo.

   "Las mujeres, las disidencias, lxs trans, subsistimos porque tenemos el superpoder del cuidado íntimo y político de nuestras pequeñas comunidades", dice Frontera en comparación con los héroes superpoderosos de tantas historias dibujadas.

   La sororidad como un pacto, como algo que ocurre desde hace tiempo y que ahora busca mostrarse como afirmación en un mundo nuevo, recostado sobre el otro, donde nadie tiende una mano con una flor que lleva tu nombre.

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