Diario de Rosario: un libro sobre narcotráfico para que lea hasta la policía
La editorial Orsai, de Hernán Casciari, presenta este viernes en Buenos Aires la novela de Paloma Fabrykant, escritora porteña, hija de Ana María Shua y el fotógrafo de la estampita de Gilda

Viernes 18 de Agosto de 2023

"¿Qué puede escribir una periodista porteña criada en barrio norte sobre el narcotráfico en Rosario?", podría preguntar alguien que vive en esta ciudad. Una respuesta posible: "Puede escribir una novela de 162 páginas después de cubrir allanamientos y visitar comisarías en los barrios Las Flores, 7 de Septiembre, Triángulo y Tablada".

La pregunta es de ficción, la respuesta no. Una dualidad que se plasma en la novela "Diario de Rosario" (Orsai, colección Libros Disruptivos), que escribió la periodista, productora y escritora Paloma Fabrykant, hija de la escritora Ana María Shua y Silvio Fabrykant, el fotógrafo de los artistas de la cumbia y creador del retrato de la estampita de Gilda.

Se trata de una historia que ocurre en un departamento santafesino donde el año pasado se registraron 287 homicidios: la cifra más elevada desde el año 2014, de acuerdo a un informe elaborado por el Ministerio de Seguridad de Santa Fe y el Ministerio Público de la Acusación. Un número trágico donde el 70% de los homicidios dolosos (con intención) están asociados a organizaciones criminales y casi un 75% fueron planificados y no espontáneos.

El libro tiene un QR en la solapa para escanear y que la voz de la autora relate cada página. Se presentará este viernes a las 18 en la Tienda Orsai de Buenos Aires (Serrano 1141, Caba) y se compra por Internet. No se descarta su próxima presentación en "La ciudad del narcotráfico", como también suelen conocerla dentro de la General Paz.

La Capital dialogó con esta escritora de apellido judío-polaco difícil de escribir. Se trata de una mujer de 41 años, cinturón negro de karate, que comenzó a escribir en su adolescencia. Su primer libro se llamó "Cómo ser madre de una hija adolescente". Después vinieron varios libros más: biografías, cuentos para infancias y narrativa, mientras trabajaba como productora en el programa de TV "Policías en acción", colaboraba y escribía para gráfica en Para Ti, Cinturón Negro Argentina, THC, Rolling Stone, hacía publicidad en agencias y producción audiovisual en los sectores más ásperos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.

Además, cursó la especialización en "periodismo en zonas hostiles" en el Centro de Entrenamiento para Operaciones de Paz de la ONU. Toda esa experiencia no solo le sirvió para crear el personaje de Valentina de esta novela, sino para hablar de narcotráfico, drogas y precarización del trabajo periodístico.

Paloma11.jpg

-¿Conocías Rosario antes de empezar la novela?

-No, de hecho aún no termino de conocerla. No conozco los barrios lindos, salvo Pichincha, el resto ni sé cómo se llaman. Sí caminé y hablé con gente de los barrios Las Flores, 7 de Septiembre, Triángulo y Tablada y estuve en varios allanamientos. También trasladé a esta novela un operativo que viví en Buenos Aires, en Villa Zavaleta, y en el que quedé a diez metros de un tiroteo. Por eso digo que "Diario de Rosario" es novela, hay mucho de realidad y mucho de ficción y esa posibilidad de novelar fue con apoyo de Luz Vítolo, editora del libro.

-¿Qué diferencias encontraste entre los suburbios de Rosario y el conurbano?

-Estuve viajando a Rosario varios días en las primeras semanas y luego me quedé dos meses. Fuimos con un camarógrafo. Y mirá que no me bajé de un pony y me metí en esta ciudad, pero no vi en Buenos Aires el relato que se da en Rosario, vivan o no en esos barrios. El narcotráfico se volvió folclore, la cultura popular es relatada por gente que no vive ni cerca del barrio de los Monos o como me dijeron, de "Pimpilandia", con relación al Pimpi Camino. Recuerdo que me llamó la atención ver la fachada de una casa tiroteada y recibí miradas como que ya es algo común.

image - 2023-08-16T150443.217.jpg

-En tu currículum figura que practicás artes marciales desde hace tiempo. ¿Eso te sirvió para trabajar acá con más seguridad o tuviste alguna contención y seguimiento desde Buenos Aires?

-Todo sirvió y sirve, ahora practico jiujitsu (el de la defensa sin armas de uno o más agresores, tanto armados como desarmados ), pero también fue importante el trabajo de cinco años en barrios de Buenos Aires, el saber usar un arma, la capacitación en zonas hostiles y como corresponsal de guerra. De todos modos, tuvimos suerte porque no nos pasó nada, podría habernos pasado igual. En cuanto a la protección, había un muchacho a quien le decíamos dónde íbamos, pero si nos pasaba algo no creo que pudiera hacer mucho desde allá. Podríamos decir que fui a mi bola.

-¿Qué tiene Valentina de Paloma?

-Bastante. También es periodista, se mete en el barro, con lo border, y tiene casi mi edad, 40 años, pero ella es pura pulsión, más contestataria y peleadora. Y consume cocaína, yo no. La historia de Valentina es de quien trabaja en una productora audiovisual encargada de conseguir las mejores coberturas policiales y cuando le asignan un trabajo en Rosario, cree que esa tarea la acercará a su ambición profesional más profunda: obtener poder desde el manejo de la información y monopolizar la comunicación del inframundo del tráfico de drogas. Se encontrará con otro panorama, mala paga y poca seguridad.

-Es otro de los temas de tu novela, ¿no? La precarización laboral y la ingesta de drogas.

-Sí, trabajo hace veinte años como periodista, un oficio hermoso, pero pasé por todo tipo de pagas espurias, cuasi fraudulentas. Pago sin facturas, en efectivo para no blanquear, con un contrato que dice una cosa y te paga otra, con relación de dependencia encubierta. ¿Sabés qué tuvo todo eso en común? Poca plata, algo que se fue agudizando. Los periodistas ganamos menos que un mozo y una cajera de supermercados, con el respeto que me merecen esos oficios, ojo. Todavía veo a pibes nuevos con el objetivo romántico de hacer grandes notas o coberturas de guerra, los convencen de que deben ganar su derecho de piso por 12 ó 15 horas de trabajo por dos pesos, las extras no te las pagan. Y eso está en la novela, también la adulteración de drogas con fentanilo, algo que ocurrió el año pasado, y el consumo de drogas, lo que se siente cuando entra en el cuerpo, eso siempre genera curiosidad, incluso literaria.

-Es un libro que podrían leer los narcos, funcionarios y la policía.

-No lo pensé así, más bien para la comunidad que lee la revista Orsai, pero por qué no. Yo quería contar ese mundo a los de afuera.

-Y vos que venís de "afuera", tal como decís de vos misma, de "familia peronista de izquierda, clase media progre, culta y antiyuta", ¿qué encontraste que te hiciera repensar o repensarte en torno al tema narco?

-Mirá, creo que repensé mi idea de la policía y los chorros. Recordé cuando iba al Nacional de Buenos Aires en los 90, pleno menemismo y le gritaba en la cara a algunos agentes, varones o mujeres, "Yuta puta". Me acuerdo y me da vergüenza. Porque no todos los policías son iguales. Salen de barrios tan humildes como los chorros, se juegan el pellejo cuando entran a un allanamiento a las 3 de la madrugada en una villa y las mujeres tienen vidas muy sacrificadas, a veces solo para mantener a sus hijos. Mi vida fue mucho más fácil que la de ellos, pero la clase media progre escupe a la yuta como si fuera culpable de todo. Y, ojo, no hablo de la polícia que vive en un palacete, hablo del que vive en una casa modesta como en la que entran a allanar.

-¿Qué brecha hay entre "Breaking Bad" o tu novela y los barrios donde se asientan las familias narco o el narcomenudeo en Rosario?

-Mucha, no vas a saber a ciencia cierta cómo es esta realidad desde la tele o la literatura, por más que ponga datos reales. Tampoco vas a saber a ciencia cierta como es Rosario, mucho la imaginé.