La ciudad

Desplazaron al jefe del servicio de diálisis del Hospital Centenario

Lo decidió el Ministerio de Salud provincial luego de que en la sala se desatara un brote de hepatitis C que afectó a 22 pacientes. Osvaldo Rodenas ya había sido separado de su cargo en 2003.

Martes 19 de Abril de 2016

El Ministerio de Salud provincial decidió desplazar preventivamente al jefe del servicio de diálisis del Hospital Centenario, Osvaldo Rodenas. La medida está relacionada con los primeros resultados de una auditoría realizada en el sector donde se desató un brote de hepatitis C que afectó a unos 20 pacientes. Rodenas ya había sido separado de su cargo en 2003, cuando 9 pacientes fallecieron después de contraer hepatitis B. Además, la semana próxima se iniciará una auditoría externa para determinar qué fue lo que generó el brote.

Si bien la situación tomó estado público este fin de semana, las autoridades de la cartera sanitaria llevan un mes investigando el funcionamiento de la sala de hemodiálisis del hospital de avenida Francia y Urquiza.

El resultado de este trabajo habría sido contundente para decidir el desplazamiento preventivo del jefe del servicio, máximo responsable de velar por las medidas de bioseguridad de la sala.

El secretario del 3º nivel de Salud, Federico Fiorilli, había reconocido la existencia de un brote de hepatitis C dentro de la unidad y señalado que los contagios se habrían producido por la transgresión de las medidas de prevención previstas para evitar una enfermedad, que se contagia a través del contacto con sangre infectada (ver aparte).

"La infección por virus C puede ser común entre los pacientes dializados, pero nunca con esta cantidad de pacientes", explicó oportunamente el funcionario que tiene a su cargo a los hospitales provinciales de alta complejidad.

Según datos oficiales, ya se detectaron 22 personas infectadas, aunque no se descarta que los análisis puedan confirmar nuevos casos. Los familiares de los pacientes denuncian también que cinco personas fallecieron después de contraer la enfermedad. Sin embargo, tanto las autoridades como los médicos aseguran que los decesos tienen que ver con patologías previas, no con el contagio de hepatitis C.

"Los caos que hemos visto no revisten peligro ya que no es una enfermedad que derive en trastornos graves", sostuvo ayer un médico, aunque destacó que la patología "complica la posibilidad de un futuro trasplante".

En forma paralela a la investigación administrativa se decidió cerrar la sala para el ingreso de nuevos pacientes al servicio para evitar la propagación de la enfermedad, y se sectorizó el trabajo dentro de la unidad para bloquear nuevos contagios.

La sala de diálisis del Centenario es la única que funciona en un efector público en todo el sur provincial. Actualmente reciben tratamiento allí 128 pacientes.

No es la primera vez que el funcionamiento de la sala es discutido. Hace 13 años un brote de hepatitis B causó la muerte de nueve pacientes. Entonces se dispuso la separación de Rodenas, quien fue restituido en su cargo hace tres años y ayer vuelto a desplazar, aunque preventivamente.

Sin explicación. Integrantes de la comunidad médica del hospital confiaron ayer que el primer caso de hepatitis C entre los pacientes de la sala de diálisis se detectó en septiembre del año pasado. A fin de año los casos probables eran cuatro y en febrero ya eran doce los pacientes infectados. "Ya habíamos advertido de la situación al jefe del sector y, entonces, decidimos hablar con el director del hospital. Pero desde el servicio siempre se quiso tapar todo", confió un profesional a La Capital.

Todos los pacientes infectados presentaban el mismo genotipo de virus (1 B), lo cual abonó la sospecha de un brote dentro de la unidad. Para uno de los médicos que impulsó la investigación del funcionamiento de la sala, "no caben dudas" de que la causa del contagio fue un "mal manejo de los mecanismos previstos para evitar la contaminación" de los pacientes.

Y a la hora de suponer responsabilidades, apuntó a la figura del jefe del servicio. "Todos estamos muy mal, esto es producto de la desidia y de la ausencia de la jefatura del servicio. Si fueron los filtros de las máquinas o los catéteres; da lo mismo, lo que falló fue el control que debería tener el jefe del servicio sobre el funcionamiento de la sala", sostuvo la misma fuente.

 

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