Salta 2141, el juicio

Departamentos sin inspeccionar y arreglos previos en Salta 2141

La cuarta jornada del del juicio desnudó ayer circunstancias que preanuciaron la tragedia que se desató el 6 de agosto de 2013.

Miércoles 15 de Mayo de 2019

Los arreglos que se realizaron en los días previos a la explosión en el gabinete de gas del edificio de Salta 2141, las tareas de operarios de Litoral Gas para reconectar el servicio once días antes del estallido y una reunión de consorcio en la que se decidió contratar al gasista que trabajó el día de la tragedia. Estos fueron los ejes principales por los que cursó ayer la cuarta jornada del juicio oral y público que busca establecer las culpas de este estrago doloso que causó 22 muertes y decenas de heridos el 6 de agosto de 2013, y por la que están imputados 11 personas, entre gasistas, administradores de consorcio, operarios de la empresa proveedora del servicio y responsables jerárquicos de la misma.

Ante el estrado presidido por la jueza Marcela Canavesio, junto a los magistrados Rodolfo Zvala y Juan Carlos Leiva, desfilaron ayer siete testigos. Quizás el testimonio más fuerte fue el de Adrián Gianangelo, hermano de Débora, una de jóvenes fallecidas en la explosión, quien se quebró y dio detalles de cómo hallaron su cuerpo (ver aparte).

Pero el hilo conductor de la jornada atravesó los días previos al desenlace fatal y fue desnudando una cadena de denuncias, inspecciones y trabajos sobre el gabinete de gas de ese edificio.

El propio Gianangelo narró cómo el reclamista de Litoral Gas, Gerardo Bolaño, le dijo más de un mes antes de la tragedia que "los caños del edificio estaban todos podridos" y que "iba a volar todo a la mierda".

Según narró, ese diálogo se dio el 29 de junio de 2013. Un día antes, le habían cortado el suministro de gas por falta de pago al departamento 3º C que habitaba junto a su hermana. "Fue mi hermanita, pagamos y al otro día vino el inspector a retirar el cepo que me habían puesto en el medidor. Lo saca, me da gas y ahí veo que los caños están podridos y me dice que hay dos soluciones: sellarlos con un líquido o cambiar toda la estructura". Luego de eso, se fue.

Días después, los Gianangelo recibieron otra inspección, esta vez en el departamento, en el que se constató un calefactor sin salida al exterior y con pérdida, un calefón sin válvula de seguridad y una cocina con un flexible dañado. Le dieron un mes para arreglar todo. Lo hicieron, y entre el 15 y 20 de julio Litoral Gas le dio el okey a su departamento.

Nuevo corte

Cinco días después, Adrián se encontró otra vez sin gas. Era el 25 de julio. Un día antes, la vecina del 9º F, Mariela Bozzo, había denunciado problemas de presión y la empresa había cortado el suministro tras detectar una pérdida en el gabinete que estaba situado en el ingreso al edificio.

"Muchos vecinos se pensaron que habían cortado el gas por nuestro problema y recibimos una lluvia de puteadas", recordó ayer. Para solucionar ese nuevo corte, la administración envió el 26 de julio al gasista José Luis Allala, quien varios testigos coincidieron en señalar ayer que lo vieron trabajar durante todo el día "armando y desarmando codos y caños" y "martillando una válvula".

"Durante horas martillaron una rosca, entre dos hacían fuerza para sacarla y a una pieza no la consiguieron y la mandaron a tornear", destacó Gianangelo. Otro vecino, Daniel Badalassi, cuya pareja quedó colgando de una ventana y la imagen aterradora de la mujer pidiendo ayuda a los gritos recorrió el mundo, señaló además que la administración les había pedido que se quedaran en los departamentos porque los inspectores necesitaban chequear todas las unidades antes de rehabilitar el servicio.

Eso no sucedió. Allala terminó el trabajo cerca de las 21 del viernes 26 de julio. Una cuadrilla de Litoral Gas llegó al lugar. Testigos, entre los que también se encontraban María Laura Martín e Iván Gasparini (ambos declararon ayer), vieron cómo le pasaban "agua jabonosa" a los caños para chequear pérdidas e intentaron abrir una válvula para restablecer el servicio. No se pudo y fue necesario llamar a otra cuadrilla, ya que les faltaba una llave especial. Cerca de las 22, dos operarios de la empresa hicieron fuerza y palanca entre ambos y lograron abrirla y restablecer el servicio. Todos los testigos coincidieron en señalar que nadie fue a los departamentos a chequear artefactos y el fluido.

Los días posteriores los problemas de presión se hicieron evidentes. Los relatos que dieron cuenta de cocinas que no funcionaban bien y calefones que se apagaban se multiplicaron. El 2 de agosto se convocó a una reunión de consorcio para informar que se debía cambiar el regulador (ver aparte). Se presentó al técnico que haría el trabajo y se acordó que se haría el 6 de agosto. Ese día, cuando el gasista Carlos García intentó manipular el regulador, una fuga de gas sin control se adueñó del edificio y en minutos todo estalló.

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