Domingo 06 de Julio de 2008
La Municipalidad no encuentra el modo de ejercer un control eficiente sobre la prestación del servicio público de taxis. Cualquier rosarino puede constatar que decenas de unidades permanecen paradas frente a bares y minimercados en las horas pico mientras los usuarios pugnan por conseguir alguna. Si bien los trabajadores deben tener un necesario y merecido descanso en medio su jornada laboral (algunas de hasta 16 horas), hay un porcentaje que parece abusar del relax. Con la inyección de las 470 nuevas licencias que se incorporaron desde fines de 2007 a mayo de este año se oxigenó el sistema, pero aún cuesta reordenar la prestación.
Son por lo menos media docena los reductos del macrocentro donde los tacheros eligen "hacer el café del día" o simplemente estirar las piernas después de varias horas de conducir. Se trata de una costumbre bien arraigada en el sector, aunque al multiplicarse los autos parados aparecen las grietas en el sistema.
Esta situación se produce ante la vista de la gente. Y surge la primera pregunta: ¿las autoridades controlan que los taxis funcionen 12, 16 ó 24 horas como obliga la ordenanza según la cantidad de choferes de cada unidad?
La parada obligada. Este diario hizo una recorrida en varios momentos del día por algunos sitios puntuales: las estaciones de servicio de Alvear y Brown, Mitre y Zeballos, Maipú y 27 de Febrero, Gálvez y Entre Ríos, Provincias Unidas y Juan José Paso, y frente a los bares de Lavalle y Pellegrini y de San Martín y Montevideo.
El jueves pasado, a las 10.30, en Alvear y Brown —uno de los lugares más concurridos y donde el mal estacionamiento no provoca accidentes de milagro— había 20 taxis parados. En Mitre y Zeballos, a las 11.40, otros 10, y en Maipú y 27 de Febrero, cinco a las 11.55. Había una decena más en Lavalle y Pellegrini. La misma cantidad se observó en Maipú y 27 de Febrero, y en Gálvez y Entre Ríos, entre las 11 y las 12. En total, más 50 coches permanecían sin circular casi simultáneamente.
Conseguir una unidad a las 19 en el microcentro resulta complejo. La gente se amontona en las esquinas de Mitre y Santa Fe, o Entre Ríos y San Lorenzo, y espera uno libre durante varios minutos .
En rigor, también hay otros factores que modificaron la dinámica de los tacheros. Uno de ellos es la inseguridad: muchos vehículos prestan el servicio de día y deciden retirarlos por la noche para no exponerse a hechos violentos.
A pesar de que este diario pidió a la Secretaría de Servicios Públicos un detalle del cronograma que deben cumplir los taxis de acuerdo a la normativa que está vigente, ese dato no fue suministrado. Es decir, las horas que un coche debe estar en la calle de acuerdo a la cantidad de choferes que posee.
Duros de domar. "No es fácil controlarlos. Es un tema complejo y hay muchas variables. Además, los colectivos no funcionan bien. Varios dueños de taxis trabajan de día y se guardan por la noche. Pero no todos se paran a descansar; es difícil que se abusen los peones que se ganan el mango, porque van a porcentaje", admitió una fuente de Servicios Públicos.
Tampoco se entiende por qué un sector se niega a instalar el sistema de rastreo satelital (GPS). O sí. "Saben que de esa manera van a estar controlados", dijo el mismo vocero.
Son muchos flancos para una gestión a la que le cuesta ponerle límites al problema.
Déficit de colectivos. El sistema de transporte urbano de pasajeros tampoco ayuda. Y sólo basta con esperar, por ejemplo, la línea 120 en cualquier punto de su recorrido. A veces tarda más de media hora, y eso que la gestiona el Ejecutivo.
Taxis o colectivos: en ambos casos, el servicio de transporte público de pasajeros no está a la altura de lo que Rosario se merece.