Rosarinos por el mundo

De zona sur a Rusia solo con el idioma del bombo legüero bajo el brazo

Maximiliano Ojeda es profesor de percusión latinoamericana y está de gira hasta agosto. Lleva recorridos más de 20 mil kilómetros desde el Mar del Japón a Bielorrusia compilando ritmos autóctonos y enseñando música nacional.

Viernes 16 de Julio de 2021

Cuando era pequeño y no dejaba de marcar ritmos en todo balde que se le cruzaba por delante, Maximiliano Ojeda vivía en zona sur, en San Martín al 5900, lo que lo convirtió en un hincha fanático de Central Córdoba. Quería aprender percusión y folclore, pero "todo pasaba por el centro", cuenta nostálgico, y para él llegar allí era un viaje tan lejano como económicamente imposible. Hoy este músico, percusionista, docente, autor, compositor, bailarín de folclore, director y arreglador musical se ríe de aquella distancia y esa dificultad mientras habla desde Ekaterimbugo, Rusia. Un argentino por el mundo.

Este músico rosarino va de este a oeste, siete horas de diferencia en el uso horario, hablando aún poco el idioma, con una cámara de video, su mujer Natalie y su bombo legüero bajo el brazo. Ese que se escucha como un canto a varias leguas de distancia. Junto a Natalie partieron en mayo desde donde vivían, Moscú. Fueron hacia el Mar del Japón, luego pusieron proa hacia el oeste, llegaron a Bielorrusia, ahora están a la vera de los Montes Urales y piensan volver a donde partieron, en agosto, pandemia mediante. Todo el recorrido Maxi lo cuenta en Facebook (Maxi Ojeda) y comparte también imágenes en su cuenta de Instagram.

La pareja "rusargenta" lleva más de 20 mil kilómetros sin barbijo (allá solo se usan "máscaras", dice Maxi, "en lugares cerrados"). Va compilando ritmos autóctonos y cultura de cada tramo y enseñando música argentina y a tocar el bombo y le dice a La Capital: "Cuando uno hace música de la tierra, el bombo puede sonar en Argentina, en la Aurora Boreal o en el Cáucaso, la tierra es la misma, nos une, la música también". La travesía lo tiene totalmente cautivado y eso, admite, no tiene nada de raro.

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Maxi, de rastas oscuras y chiva bajo el mentón, tiene una página web que se llama Mundo Bombo que recibe a quienes la visitan con la frase: "Hay un mundo por conocer, y estás a solo un click".

Es un espacio autogestivo y virtual donde no solo se puede aprender a tocar el bombo legüero sino a conocer y aportar percusiones de distintas partes del mundo. Clínicas, becas, mapas de músicos, debates y mapa de arregladores de bombos son parte del menú y de la vida de Maxi.

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Una vida junto a los parches de cuero, autodidacta, escuchando casetes de Peteco Carabajal, el Chango Farías Gómez, Juan Saavedra, los Hermanos Ábalos, "mis influencers de hoy", dice Maxi antes de nombrar también a un músico de otras latitudes pero que lo sedujo por siempre con su percusión: Phil Collins.

Finalmente una vida que empezó en zona sur, en el Taller de Folclore de la escuela General Las Heras donde también fue Messi, que siguió con un breve paso por Pueblo Esther e hizo escala en Santiago del Estero como previa al desembarco en 2019, en las tierras de la vacuna Sputnik V.

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Y esa previa tiene lógica en el folclore nacional. Santiago del Estero es un lugar emblemático para los bombistas. Allí justamente, cada 18 de julio, se reúnen percusionistas de todo el mundo para celebrar la Marcha de los Bombos (este año se vive de manera virtual a través de un documental y el hashtag #LatiendoMemorias). Allí, en suelo santiagueño y en esa marcha a Maxi la vida le cambió para siempre.

Giro de 360 grados en Santiago

"Cada verano viajaba a Santiago, porque Santiago no tiene riendas pero ata. En 2017 fui a dictar un taller en el patio del lutier santiagueño Froilán "Indio" González", cuenta Maxi refiriéndose al lugar que se ganó el mote de ser la fábrica de los mejores bombos del mundo que llegaron a manos de Shakira, Lila Down, Rubén Blades, Chayanne, Gustavo Santaolalla, León Gieco, Abel Pintos, Raly Barrionuevo, el Chaqueño Palavecino, Jorge Rojas, los Carabajal, Divididos y La Bersuit, entre otros.

Ese año Maxi recuerda que llegó a Santiago y un grupo de rusos lo sorprendió con su curiosidad por la música e instrumentos argentinos. Tango, folclore, todo les gustaba. Le pidieron que les dé clases y luego lo invitaron a Rusia a dar más clases a otros músicos. Y Maxi fue por tres meses, y terminó dando clases no solo en Rusia sino también en Alemania, Italia y Ucrania, solo conociendo el idioma del bombo.

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En el país de Stravinski y de la polémica cantante feminista Manizha, Maxi participó de un festival que se llamó "Argentina en Rusia". Allí conoció a quien desde hace más de un año es su esposa: Natalie Sterdam, escritora, fotógrafa, amante de la música, del tango y de los viajes, tanto como él. Giro de 360 grados.

"Con Natalie fue amor a primera vista, no importa que no te entiendas demasiado, bastó una mirada, fue un flash. Siempre decíamos que éramos tres: ella, el traductor de Google y yo. Pudimos y decidimos hacer un proyecto de vida juntos y nos casamos, una vez en Moscú y una segunda vez, simbólica, en Crimea junto al mar, para compartir el momento con los padres de ella. La tercera será en Rosario", adelantó Maxi.

Dice que dejaron todas sus cosas en casa de una amiga en Moscú y se largaron a esta gira de cuatro meses de placer y trabajo por lugares remotos, que "seguramente continuará por otros rumbos", como dando cuenta que entre esos rumbos estarán Argentina y Rosario.

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"De Rosario extraño cosas que nunca pensé que extrañaría: desde la humedad, los mosquitos y las marchas de lucha militante hasta la Fiesta de Colectividades", enumera antes de poner en la lista también al río y esa facilidad de pasar por la casa de alguien, tocar el timbre y armar "ahí nomás, un encuentro, un mate, una peña, un asado".

Dice Maxi que en cada lugar de Rusia busca ríos como el Paraná, pero para él es "unico". Y dice también que se da cuenta que nos quejamos mucho de donde vivimos pero que "Argentina y Rosario son hermosas".

"Los extranjeron con los que me cruzo me dicen, 'conozco Argentina, estuve varias veces en Buenos Aires' y yo les digo que les falta mucho, que hay mucho país por conocer por fuera de la General Paz. Tenemos un país diverso y bello, pero me animo a decir que no hay lugar como Rosario", asegura Maxi, el muchacho del "baraban", tal como se llama allá al bombo de estas tierras.

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