Pandemia

De cuarentena en Roldán tras vivir una pesadilla en India

El 5 de junio cumplirán con el aislamiento. "Hoy estamos bien, nos llaman siempre, pero en Ezeiza nadie nos recibió", contó una de las protagonistas.

Viernes 29 de Mayo de 2020

Ahora están en su hogar, en Roldán, cumpliendo la cuarentena obligatoria hasta el 5 de junio. Al arribar a Argentina se sorprendieron por la ausencia total de controles en el aeropuerto de Ezeiza, aunque ya habían vivido lo peor: una pesadilla tras pisar la India allá por el 7 de marzo, antes de que se decretara la pandemia por coronavirus. Son la roldanense Violeta Leunda Tosi y su esposo Miguel. También viajaron su hermano Ignacio y su cuñada Nora.

Estos matrimonios intentaron volver al país durante casi dos meses de una odisea en India hasta que finalmente pudieron concretar el regreso el viernes 22 de mayo luego de 33 horas de vuelo.

Violeta había elegido el viaje para cumplir el sueño de hacer un voluntariado con las Hermanas Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la madre Teresa de Calcuta. Sin embargo, al arribar al destino se encontraron con que estaba cerrado por la pandemia de Covid-19. Entonces, decidieron volar a Bombay para regresar a Argentina el 26 de marzo. Pero el gobierno indio dictaminó la cuarentena y quedaron confinados en la habitación de un hotel.

Ahí empezó el calvario. Sufrieron actitudes xenófobas, los primeros días podían salir a hacer compras pero en los negocios les cerraban la puerta en la cara por ser extranjeros. "La gente nos señalaba y nos decía «coronavirus». A algunos compatriotas hasta les pusieron un sello para identificarlos como extranjeros y posibles portadores", contó Violeta a La Capital cuando aún estaban allá, en los primeros días de abril. Faltaba más.

En ese hotel convivían con médicos y policías hindúes que la misma comunidad excluía. Les cobraban 100 dólares diarios por el hospedaje, 2.000 pesos por un plato de arroz y 1.800 por una pizza. Gracias al consulado argentino, se cambiaron a otro hotel más alejado donde podían salir hasta la esquina para comprar algo de frutas, pan y queso, pero estaban a unas pocas cuadras de la villa más grande de Asia, habitada por un millón de personas y donde se registraron muchos casos de coronavirus.

Violeta contó que "el destrato del consulado hacia el compatriota es increíble" y detalló que para tomar el avión que los trajo al país desde Nueva Deli "viajamos 1.500 kilómetros en bus por rutas muy lentas. Queríamos usar los baños en las estaciones de servicio pero nos echaban por ser extranjeros. Tras viajar 20 horas con niños y personas discapacitadas, llegamos a la madrugada a un hotel alojamiento que contrató la embajada pero que pagamos nosotros y nos encontramos con un desastre; carecía de agua, los inodoros estaban muy sucios, las sábanas también y había cucarachas. Decidimos irnos pero, con policías de por medio, nos obligaron a pagar igual".

"Las autoridades consulares nos consiguieron otro hotel en las mismas condiciones hasta que finalmente, por nuestra cuenta, contratamos uno más o menos decente después de siete horas de búsqueda. No pudimos dormir porque tampoco sabíamos si el vuelo iba a salir, ya que había un ciclón dando vueltas. Fueron horas de mucha zozobra y en el trayecto nos íbamos encontrando con los otros argentinos con los que estábamos en contacto por WhatsApp mientras esperábamos poder regresar", narró.

Previamente, llegaron a hacer una presentación cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque el esposo de Violeta tiene discapacidad motora e hipoacusia. El organismo determinó que el estado argentino debía responder por él en cinco días, pero nunca recibieron una respuesta del gobierno nacional.

"Perdimos los pasajes de regreso que teníamos con Ethiopians porque no dejaron a la compañía volar a nuestro país, pero sí autorizaron a Latam. Los 300 argentinos que regresamos en ese vuelo tuvimos que volver a pagar el viaje", detalló Leuda Tosi que es veterinaria y docente de la UNR. Y agregó: "Aún quedan unos 100 argentinos en India, muchos están comiendo gracias a las ollas populares".

En Ezeiza nadie los recibió

Lo más llamativo lo vivieron al llegar al país: "Bajamos del avión en Ezeiza, caminamos por una pasarela en la que había unos láser que se supone tomaban la temperatura en forma automática pero nadie nos recibió ni nos preguntó a dónde íbamos", repasó Violeta.

La roldanense agregó: "Nos tomamos un taxi afuera del aeropuerto y nos vinimos para Roldán. Tampoco nos pararon en los peajes. Por intención propia, ya en el camino, avisamos a las autoridades sanitarias locales que estábamos regresando para ponernos en cuarentena".

Y hubo más, Violeta y su marido al regresar debieron pasar por una situación de bullying: "La policía y la Guardia Urbana vino a casa porque recibieron denuncias de vecinos que decían que nos habían visto por Funes y San Jerónimo".

Pero todo esto ya pasó. Hoy están "bien de salud y, como corresponde, cumpliendo en casa la cuarentena. Ahora desde el Ministerio de Salud de Santa Fe nos llaman todos los días preguntándonos si tenemos síntomas".

Y todo va en camino a quedar en una historia con enseñanza, porque a pesar de lo vivido, Violeta afirmó que volvería a la India: "Todo esto me enseñó a manejar la angustia y a tener paciencia. Pasaba el tiempo alimentando a unos cuervos que merodeaban el hotel y mirando por televisión a un gurú cuyas enseñanzas me mantenía en pie. Aprendí mucho sobre el respeto a la vida, a los seres queridos y a mí misma, así que algo saqué de positivo".

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS