Miércoles 09 de Diciembre de 2020
Declarar la cuarentena y prohibir el convivio social resultó en una separación de los cuerpos, propios y colectivos, los que enseñan, los que aprenden, y los que bailan juntos también. En esa encrucijada se encontró la Escuela Municipal de Danza y Arte Escénico Ernesto de Larrechea, que debió adaptarse a las nuevas modalidades de pedagogía virtual y a las consecuencias del encierro.
Autoridades, docentes y familiares de las alumnas y alumnos del establecimiento educativo local expresaron sus pareceres sobre una experiencia tan inédita como obligada, y pese al desconcierto inicial, los resultados son alentadores tanto en el ámbito escolar como en el de las sensaciones.
La directora de la Escuela de Danza, María José Sesma, reflexionó acerca del “gran desafío” que significó gestionar una institución municipal con “su comunidad vulnerabilizada” en medio de la crisis sanitaria. “La misión de la escuela pública fue y es contener al otro, a los chicos, a sus familias, y garantizar la adquisición de los bienes simbólicos que, en nuestro caso, representan la danza y el teatro”, puntualizó.
El vínculo como objetivo
Profesora de danza clásica en la Larrechea desde 2013, Aylén Ferraris describe el año con palabras de agradecimiento para la escuela, “la dirección proporcionó un técnico especializado en aplicaciones que estaba disponible para los profesores”; para las familias de los chicos, “porque no hay que olvidar que nos estaban mostrando su espacio personal”; y para sus colegas, “algunos tenían más o menos experiencia con la tecnología e íbamos probando y haciéndonos sugerencias” detrás de un objetivo común: cuidar la salud y sobre todo el aspecto emocional. “Hicimos todo lo posible para mantener el vínculo y para que los chicos no dejen de hacer lo que les gusta”, dijo.
Sesma explicó que las cosas se facilitaron porque la mayoría de los chicos “está acostumbrado al uso de las tecnologías” por cuestiones etarias para luego comentar que "muy emotivo verlos ahí preparaditos ante la pantalla para asistir a clases”. Ferraris asintió: “El momento del encuentro me renovaba la energía”.
De todos modos, la profesora advirtió que “es muy difícil trabajar la danza de manera virtual” ya que “a veces las conexiones no son buenas y la música se corta o llega tarde”, pero sobre todo porque la danza “tiene cuestiones que el otro, el trabajo en grupo nos puede resolver”.
Para la docente Yael Rodríguez, la enseñanza virtual de la danza “fue un desafío que nunca nos hubiésemos imaginado”. Con la presencialidad vedada, fue el momento en que “gracias a una comunicación fluida y deseada, la escuela fue a la casa de los chicos”. Profesora de danza clásica y egresada de la Larrechea hace 15 años, confiesa que no sabía si los chicos iban a comprender la situación aunque reconoce que la sorprendió “la madurez” de sus alumnas y alumnos de entre 11 y 12 años.
Rodríguez, como gran parte del cuerpo docente, no estaba preparada para la virtualidad: “Tenía pocos conocimientos y nada de formación técnica. Somos artistas”, aseveró y con una sonrisa concedió: “Con el tiempo me volví una experta de la computadora”.
Carla Terrazino es la mamá de Josefina, de siete años, que pasó a tercero. Cuenta que le hizo saber a la dirección de la escuela su beneplácito por el trabajo realizado. “Destaco la regularidad de las actividades y la organización sobre todo para los padres que trabajan. Fue muy importante la continuidad de los docentes, la evaluación constante y la devoluciones en tiempo y forma”, enumeró sin olvidar quizás lo más importante “la calidad y la calidez de la enseñanza”.
Un estudio en casa
La cuarentena obligó a una reinvención de los horarios, los espacios y hasta de los vínculos en el hogar de cada estudiante. “Terminamos compartiendo las tareas en familia y también disfrutándolas”, afirmó Terrazino.
Los espacios del hogar además tomaron otro cariz. En determinados horarios, el living, la cocina, el patio o la terraza se transformaron en aulas. “Cada familia puso sus recursos a disposición”, sostuvo Terrazino y agregó: “En casa fuimos moviéndonos buscando el mejor lugar para que Josefina pueda hacer sus actividades”.
Resultó indispensable, y a veces gracioso, montar un elemento tan esencial para la danza como la barra. En muchos casos, los padres armaron las propias, en otros una silla ocupó su lugar y hasta un pequeño tapial resultó óptimo.
Ferraris dio un paso más: “En la escuela está todo adaptado para el aprendizaje con barras, espejos, y fue realmente muy gratificante ver cómo, en sus casas, las familias habían creado el clima para la danza”.
Verónica, mamá de Sofia Amerise Guenzelovich, de 12 años y que pasó a tercero de danza, explicó que en su casa se formalizó "la hora de la danza". Y como espectadora le encantó ver a su hija dispuesta a aprender, aunque debieron cambiar varias veces de lugar en la casa y la posición de la cámara, y otras "hubo que salir corriendo para sacar el perro" del aula hogareña.
Detalles para el orgullo
Tanto las mamás como las profesoras coinciden en un detalle que puede pasar desapercibido a la vista de los recién desayunados. Se trata de la presencia en clase y en vivo de una pianista, de las dos que trabajan en la institución, en oposición a la música grabada y reproducida por medios tecnológicos. Ex alumna de la escuela y con más de 40 años de bailar, Terrazino acomete: “Quien ha hecho danza sabe de lo valioso que es estar acompañado por un piano. Y es para mi un orgullo y un privilegio que José pueda aprender en esas condiciones”, igual a las de las grandes escuelas de danza del mundo.
Por su parte, Guenzelovich cree que es "supervalorable" que la escuela "estuviera presente" con su "habitual excelencia educativa" más allá de que sea virtual. Y no dejó de recalcar "el esfuerzo de los docentes" y "la pasión" de los chicos acompañados por sus familias. También egresada de la Larrechea, para la mamá de Sofía fue muy importante que se mantengan las formalidades, por ejemplo, como "verlos a los chicos con sus uniformes" delante de la pantalla, ya que ese compromiso genera "pertenencia e identidad". Sin embargo, su conformidad con las clases y las evaluaciones no le quitan atención a su pesar: "Hay que considerar que, a nivel social, fueron los chicos los que más padecieron" el aislamiento.
"Nadie va a salir ileso"
Una vez transitada la cuarentena, la directora del establecimiento educativo expresó con sabiduría: “Nadie va a salir ileso” de este problema. Ni la Escuela de Danzas que, si bien, vio reducido el volumen de inscriptos podrá mantener su matrícula intacta. Algunos números pueden ayudar a comprender mejor la situación.
La Larrechea atendía, hasta marzo, una matrícula de unas 800 alumnas y alumnos de entre 6 y 18 años, de los cuales, en números redondeados, 700 hacen danza y 100 teatro. De ese total, los inscriptos sumaban unos 400 y entraban a primer año unos 200. La selección se hace por sorteo. Esta vez, la preinscripción cerró el viernes 20 de noviembre con 200 anotados y el bolillero rodó el 27 de noviembre, una semana después. Así, todos los preinscriptos quedaron seleccionados y la Escuela alcanzará nuevamente su número habitual de matrícula.
De las 600 alumnas y alumnos en tránsito por la institución, hasta el último viernes de noviembre, 526 han confirmado su presencia futura, aunque sus directivos confiaron en que esa cifra tiene una gran movilidad: “Con seguridad ese número seguirá variando, ya que mucha gente que no estuvo este año quiere volver”, dijo Marianela Druetta, encargada de la comunicación de la escuela.
Presencialidad y entendimiento
Las autoridades de la escuela adujeron estar en estos momentos analizando caso por caso las causas de esa temporaria deserción. Y si la respuesta es, en general, la pandemia, existen otras particulares como los problemas en la conexión a internet, la falta de adaptación a la nueva modalidad de enseñanza y a la negativa de las familias para que las estudiantes puedan seguir cursando. Por el contrario, los demás padres expresaron su preocupación para que “continúe el dictado de clases y por la vuelta a la presencialidad”.
Más allá de las dificultades, para Rodríguez “fue un año muy productivo” que redundó en aprendizajes para toda la comunidad educativa. La docente refirió también que "ha quedado un registro de las clases y de los trabajos. Son una excelente herramienta pedagógica, ya que se pueden ver o descargar, pero no se la puede comparar con la presencialidad". Y si bien en el futuro puedan proponerse modelos de enseñanza mixta, de entre horas presenciales y otras virtuales, no dejó de expresar su deseo: “Todos nos queremos ver en un aula”.
Quedan para estos días la entrega de documentación y las reuniones con los chicos y los padres, los agradecimientos de una parte y de la otra de la pantalla, y un mensaje motivador: “Es este un momento para entenderse”, alentó la directora Sesma. Y seguir estudiando.