La ciudad

Crece la tendencia de alquilar espacios de coworking en la ciudad

Son oficinas comunitarias que no necesitan de garantías ni contratos y que se rigen por estructuras descontracturadas

Domingo 24 de Diciembre de 2017

Una combinación entre hostel y oficina. Trazando ese paralelismo, se puede describir a los espacios de coworking (trabajo cooperativo, en inglés) que hay en Rosario. Son oficinas comunitarias que presentan ambientes descontracturados, con personas que se desempeñan en ramas distintas, pero que alquilan el mismo espacio (que ofrece desde internet e impresoras hasta cafetería o consolas de videojuegos para esparcimiento, entre muchos otros beneficios) sin presentar garantías ni firmar contratos, en donde forman comunidades de trabajo, independientemente de los rubros en los que estén empleados.

En Rosario, la tendencia comenzó hace alrededor de cinco años y es creciente la demanda de espacios de coworking.

La amplitud de servicios es tan grande y los espacios poseen tantas propuestas que los precios van desde los $750 más IVA hasta los $4.200 más IVA.

Los paquetes se arman en base a la cantidad de días y horas que uno concurre, la posibilidad de tener un lugar fijo dentro del espacio, alquilar una oficina propia y hasta usar salas de reuniones.

"Es como una gran oficina comunitaria en la que sólo te preocupás por pagar un alquiler que contempla todo: espacio, internet, luz, aire acondicionado, calefacción y algunos servicios básicos como en algunos trabajos, por ejemplo cafetería, yerba, té, condimentos y aderezos para la hora de comer, así como microondas u horno", sintetiza Miguel Cortés (27), gerente del espacio La Maquinita, una franquicia de una empresa de la Ciudad de Buenos Aires que abrió hace cinco meses en la esquina de Jujuy y Rodríguez, y cuenta, en la actualidad, con 112 ocupantes.

Por su parte, Matías Alvarez Capitaine (39), uno de los cuatro socios que fundaron el espacio REQ coworking en marzo de este año, afirma: "Acá podés empezar a trabajar desde el primer día. No hace falta presentar ningún tipo de garantía, ni nada de eso. Hay equipos de trabajo y emprendedores, además de gente que, antes, trabajaba desde la casa".

En su espacio trabajan alrededor de 35 empresas, con un promedio de dos o tres personas por equipo de trabajo. "Es el momento ideal para trabajar en un coworking, porque es un costo efectivo bajo", opina Matías.

La idea de inclinarse por esta opción surge, también, por la falta de espacio para desarrollar determinados emprendimientos. Eso le pasó a Leandro Zuljan (32), uno de los cuatro socios de 1352 Espacios, que funciona desde abril del año pasado: "Ninguno de nosotros teníamos oficina y necesitábamos un lugar porque nos juntábamos en bares y demás lugares, que no está bueno".

El espacio cuenta con 50 plazas, entre las que se cuentan oficinas que ocupan, entre otras, empresas de Estados Unidos que emplean gente en Rosario. "Hasta hay un productor de seguros que encontró un espacio que le sirve. No nos cerramos a nada", afirma.

Dispersión y amistad

Todos los espacios de coworking de Rosario ofrecen, con cada plan que se contrata para trabajar en las instalaciones, desde áreas de cocina provistas de café, té, mate y microondas, hasta estacionamientos de bicicletas o lugares de esparcimiento que cuentan, en algunos de ellos, con consolas de videojuegos.

Además, quienes manejan los coworking trabajan en beneficio de que haya vínculo entre quienes ocupan las plazas. En La Maquinita, los viernes hay after office con cervezas y comida provistas por la empresa, que tiene un convenio con una marca de bebidas.

Por su parte, en REQ, además de quedarse a jugar a la Play Station en la oficina los jueves luego del horario laboral, suelen hacer noches de cine. "Ponemos sillas frente a un proyector (que se usa también para dar conferencias), pedimos pizzas y cervezas y ponemos una película que sea de un tema común entre todos. El que quiere, se queda", detalla Matías y afirma que "la mayoría de los eventos" los financian ellos.

   En el espacio que lidera Leandro hacen hamburguesas los viernes: "Es la forma de laburo acá. Nos cruzamos todos sí o sí en cualquier momento del día y, por más que todos trabajemos en distintas cosas, nos conocemos todos".

El clima distendido de trabajo se refleja cuando cuenta que vieron el sorteo del mundial, el 1º de diciembre pasado, mientras trabajaban o cuando "por ahí juega el Barcelona y dejamos el partido".

Comunidad

Además de generar un negocio, la premisa de los espacios de coworking se centra en formar una comunidad en la que todos colaboren, se ayuden entre sí y puedan intercambiar ideas, al margen de los carriles por donde vayan los proyectos.

   "Nosotros vamos más allá del negocio y apuntamos a generar y desarrollar la comunidad. La gente se siente parte del lugar, donde todos respetan normas. Se induce a que la gente piense en los demás para que la comunidad se respete entre sí", detalla Miguel.

   En referencia a ello, Leandro traza un paralelismo para reflejar el alma comunitaria de los espacios de coworking: "Es una mezcla de hostel y oficina. Todos deben ayudar para mantener el orden".

   Respecto al trabajo, asegura: "Yo a veces necesito cosas de diseño y se las pido a un chico que es diseñador y que trabaja acá, por ejemplo. Se genera eso de que se necesitan todos entre todos".

   Un caso parecido se dio en el espacio que conduce Matías: "Hay agencias de publicidad que, capaz, antes no agarraban algunos trabajos porque les quedaban grandes. Ahora se juntan dos grupos de trabajo y ganan un poco menos, pero terminan el trabajo que les piden".

   También recalca la importancia de que los usuarios de su espacio de coworking "sientan los beneficios" de la modalidad de trabajo: "Intentamos transmitir que cada uno tenga que ir a trabajar pero que no lo sienta como una obligación sino que esté animado por ir".

   "Para lograrlo, hay que darle calidad de vida al trabajo. Y, así, te gusta. Y si te gusta, lo vas a hacer mejor y lo más eficiente posible", afirma.

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