La ciudad

Covid: hay tres veces más casos y el doble de muertos que con la gripe A

Cómo se transitaron ambos brotes en la provincia. Las similitudes y diferencias de dos crisis sanitarias que pusieron en vilo a la población.

Domingo 20 de Septiembre de 2020

28 de mayo de 2009. La alarma se encendía en un colegio de Fisherton donde una niña de 5 años era diagnostica con gripe A o gripe porcina, como se le decía en aquel momento a la enfermedad producida por el virus de la influenza H1N1. En abril se había declarado la pandemia, originada en México, y unos meses después tocaba las puertas de la Argentina y particularmente de Santa Fe, donde golpeó con particular fuerza en relación al resto del interior del país.

Pasaron once años. Los jóvenes de hoy apenas la recuerdan, pero lo curioso es que también hay adultos y adultos mayores que no tienen demasiados detalles de cómo atravesaron aquella experiencia que dejó 106 muertos en la provincia, la mitad de ellos en Rosario, y que se llevó muchas vidas de entre 20 y 60 años.

Quienes sospechaban que podían tener la enfermedad iban al médico o hacerse análisis con barbijo (en Buenos Aires, en los subtes, mucha gente los usaba). Los hospitales se llenaron y se suspendieron las clases (el por entonces Ministro de Salud, Miguel Cappiello, tomó la decisión antes de que ocurriera en el resto del país, una acción que luego fue valorada como muy acertada, pero que le valió críticas en su momento). Se restringieron las reuniones sociales pero no se determinó una cuarentena al modo de la actual (explotó Facebook como lugar de encuentro) y la vacuna apareció un año después. El brote en la Argentina se sostuvo durante tres meses, aunque el fin de la pandemia fue declarado al año siguiente por la OMS.

La gripe A acorraló a los santafesinos y los hizo temblar porque los afectados y fallecidos eran personas de poca edad y porque tuvo también un impacto fuerte en las embarazadas. Hoy, en plena pandemia de Covid-19, aquel tiempo aparece en la memoria como muy lejano y parece hasta menos cruento que el actual.

En cuanto a los contagios, en este momento la provincia tiene el triple de infectados que durante la pandemia de H1N1. Hasta el viernes había 24.379 personas con coronavirus y en 2009 fueron 8.500 los contagiados con el virus H1N1. Los fallecidos se duplicaron en número: 106 fue el total de decesos producidos por la gripe A en Santa Fe durante la pandemia, ahora ya se cuentan 254 a causa del Covid-19.

El perfil de los casos mortales es diferente. En un estudio que hizo en la provincia el Ministerio de Salud después de la Gripe A, y al que accedió este diario, se consigna que observando las historias clínicas, la mayoría de los fallecidos tenían entre 20 y 60 años. Un segundo grupo entre 50 y 59 años y el tercer grupo con más fallecidos tenía entre 30 y 40 años. También perdieron la vida chicos de menos de 10 años.

>>Leer más: Coronavirus y gripe H1N1, parecidas pero diferentes

Entre los fallecidos por Covid-19 hasta el momento la mayoría tienen más de 62 años y porcentaje más alto se ubica entre esa edad y los 88 años, con lo que no quedan dudas de que los adultos mayores son los que se llevan la peor parte esta vez.

Actualmente, y al igual que en el brote de H1N1, casi todas las personas que perdieron la vida tenían comorbilidades. En ambas pandemias, en Santa Fe, en el 10% de los fallecidos no pudieron determinarse enfermedades preexistentes.

Andrea Uboldi, ex ministra de Salud de Santa Fe (ocupó ese cargo durante el gobierno de Miguel Lifschitz), actual integrante del comité de expertos que asesora a la provincia en Covid-19, era en 2009 una médica en plena actividad. Antes de que se desatara la pandemia de H1N1 los equipos de salud ya se estaban arremangando porque la provincia sufría el primer brote de dengue.

“Era pleno verano. Yo estaba en Gato Colorado, en el norte santafesino, por el problema del dengue y una compañera me cuenta que había una versión de que México tenía personas con gripe. Parecía insólito. Donde yo estaba no había conectividad, por eso recién al tiempo me entero de que México estaba exactamente con esa situación”, recuerda.

La pediatra e infectóloga, que estaba en la Dirección de Prevención y Promoción de la Salud, que dependía del ministerio que manejaba Cappiello, menciona que como sucedió esta vez, la pandemia sorprendió a la población pero también a los médicos, al pisar suelo argentino. No había experiencia en el mundo. A nivel nacional se había armado un comité de crisis. “Aunque había protocolos armados por otras crisis complejas nadie tenía muy claro cómo trabajar ni qué hacer”, destaca.

La fortaleza con la que se contaba en 2009 era la posibilidad de un tratamiento, el famoso Oseltamivir (por el que la gente hacía larguísimas colas en los centros de salud y hospitales) que además se podía usar en forma preventiva. “Nos pusimos a trabajar en estrategia ambulatoria, en manejo de los internados. Nos sentamos con todos los médicos, terapistas, clínicos, con los farmacéuticos, explicando qué sabíamos y qué no y escuchando lo que cada uno aportaba. Armamos dispositivos para poder entregar el Oseltamivir (que se otorgaba en forma oficial)”, señala Uboldi.

El desconcierto fue grande. La pandemia avanzaba y nadie sabía a quiénes iba a afectar ni cómo. “Era el comienzo. Yo estaba en Epidemiología, en calle 9 de julio 325 y una mujer llegó desesperada con su hija que se suponía que tenía gripe. La nena se enojó, me escupió y yo no tenía ni barbijo y cuando la testearon en el Hospital Provincial dio positivo”, recuerda la médica que fue una de las profesionales que coordinó el cierre de la primera escuela, justamente la Stella Maris, de Fisherton, donde se dio el primer caso local. “Fuimos con el ministro, muy temprano a la mañana, a explicarles a los padres del colegio la situación y los cuidados que debían tomarse. El vínculo de los primeros casos era Ciudad de Buenos Aires y de allí se iba extendiendo al interior: especialmente nos tocó en Rosario y en Venado Tuerto”.

Diagnósticos    

No había como ahora PCR en tiempo real (el equipamiento que se usa para procesar los hisopados). El diagnóstico se hacía vía el Malbrán hasta que Uboldi y Eduardo Anchart (actual director del laboratorio del Cemar) consiguieron que el material también se estudiara en Rosario, lo que aceleró los resultados de los casos sospechosos. Con el tiempo se sumaron un par de laboratorios privados. Había muchos confirmados por día y hacer los estudios era difícil porque no se contaba con tecnología como la actual.

Hubo circulación comunitaria y resultaba realmente complicado que la población entendiera (como está ocurriendo actualmente) que si hay síntomas compatibles con el virus dominante —en aquel momento H1N1, ahora Sars-Cov-2— seguramente se trata de un caso positivo.

Con el avance de la pandemia por influenza dejaron de hacerse testeos para confirmar diagnósticos porque los casos eran numerosos, y como siempre, los recursos limitados .Por lo tanto, si alguien tenía síntomas era porque padecía gripe A.

Solo se detectaban por laboratorio los casos sumamente graves y se sacaban muestras a los fallecidos que habían tenido manifestaciones clínicas compatibles. A diferencia de lo que ocurre ahora, no había demasiadas quejas por esta situación. Las personas aceptaban el diagnóstico por nexo epidemiológico sin cuestionamientos, sin un papel que lo confirmara. Por estos días, todos quieren el hisopado.

Información y tecnología    

Uboldi rememora que cuando se produjo la pandemia en 2009 los sistemas de información eran escasos. “Ahora hay muchos avances, con historias clínicas digitales compartidas, sistemas que permiten rastrear a los pacientes, lo mismo que la carga de los datos que se facilitó”, destaca.

Una cuestión positiva de la actualidad, en comparación con lo que ocurrió once años atrás, es la posibilidad de la telemedicina que facilita el contacto y seguimiento de pacientes sin necesidad de que asistan a un consultorio médico.

La ex funcionaria menciona que el trabajo territorial de los equipos de salud fue creciendo y mejorando, aunque en este momento con tantos casos de Covid-19, se están viendo las dificultades para responder a la gran demanda. Más allá de los enormes esfuerzos de los médicos, enfermeros, y de todo el personal, la situación es crítica. Dos pandemias que pusieron en vilo a la población. Dos situaciones inesperadas y difíciles para el sistema. El final de la pandemia de 2009 es conocido (el gran brote se contuvo, el virus nunca se fue y la vacuna es la gran aliada). Cómo terminará la de Covid-19 es la gran incógnita.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario