La Ciudad

Coronavirus: pacientes con obra social también demandan atención en el sector público

El pico consultas e internaciones pone en jaque a todo el sistema: hospitales, sanatorios y obras sociales

Viernes 25 de Septiembre de 2020

Seis de cada diez pacientes que llegan a la guardia del Hospital Carrasco con síntomas de coronavirus tienen cobertura médica. Y el número alcanza los cinco de cada diez en la guardia del Roque Sáenz Peña. Como referente para casos Covid, el efector de Avellaneda y 9 de Julio termina no pocas veces internando a personas con cuadros que requieren aislamiento y asistencia médica, y deberían estar en un efector privado. Lo mismo planteó días atrás el responsable del Tercer Nivel de Salud de la provincia, Rodrigo Mediavilla, respecto de los afiliados de Pami, y fundamentalmente, de quienes se atienden por afuera de los policlínicos Pami I y II. Si bien la red de salud no deja a nadie sin el servicio, el pico de demanda muestra que la pandemia hace crujir al sistema en su conjunto: efectores públicos y privados, y obras sociales.

Los hospitales trabajan pisando el ciento por ciento de su capacidad de dar respuesta desde hace ya dos semanas y anoche las camas críticas del sector público estaban al 94 por ciento. En los privados no sobran recursos tampoco: las áreas de cuidados intensivos están por encima del 85 por ciento, y más de la mitad de esas plazas son de pacientes con coronavirus. Por eso, en los últimos siete días, las dificultades para encontrar una cama donde internar pacientes con cuadros severos y deficiencias respiratorias se agudizaron y más de una vez, terminaron en el sector público pese tener cobertura médica. Las derivaciones al privado se demoran porque dependen de la obra social y los contratos que cada una de ellas tenga con los sanatorios. Si alguien presenta síntomas y necesita un hisopado, y no encuentra una respuesta a través de su cobertura médica, la busca en los efectores públicos.

Gabriela Quintanilla está al frente del Carrasco, un efector que desde el día uno se referenció para la atención de pacientes con síntomas compatibles con coronavirus. “Cada vez vez se hace más difícil”, dice la médica sobre la demanda que absorbe el efector, desde las consultas en la guardia para las evaluaciones clínicas que, de ser necesario, incluyen estudios como placas y laboratorios, los hisopados y las internaciones.

A diario, el hospital recibe entre 200 y 300 consultas por día. “Tomamos una jornada como muestra para hacer una proporción, y registramos que el 60 por ciento de los pacientes contaba con obra social. Desde las más grandes y con cuotas más abultadas hasta las más pequeñas”, señaló.

>>Leer más: Al límite: el Carrasco recibe 200 consultas por Covid y el Sáenz Peña está saturado

La referencia de la zona sur de la ciudad, el Roque Sáenz Peña, tiene un escenario de las mismas características, explicó su director, Matías Vidal, y señaló que “por lo menos la mitad de quienes llegan a la guardia para un hisopado tiene cobertura médica”. Un efector que actualmente está realizando a diario unas 180 pruebas, con picos de 250 algunos días.

Los argumentos

Las razones que esgrimen los directores son coincidentes en muchos casos. “Un elemento es que en el hospital se hace la evaluación completa, estudios incluidos, lo que en la obra social es un camino largo que comienza en la videollamada y tiene un proceso más engorroso”, explica Quintanilla, y no deja de poner en juego el costo de los hisopados que ronda los 5 mil pesos y más.

Además, le médica señaló que “en el boca a boca” circula que los resultados de las pruebas hechas en efectores públicos se procesan más rápidamente que en en los laboratorios privados, y muchos “dan ese argumento cuando llegan a pedirlo acá”, agrega.

“También el está el que necesita un hisopado porque se lo pide su patrón para ir a trabajar, la obra social no se lo cubre y no tiene forma de pagar 5 mil pesos. O el que tiene un compañero contagiado y el empleador no lo hace testear y lo necesita para aislarse o bien para trabajar”, señaló Vidal.

El director del Sáenz Peña admitió “la complejidad de la situación” y dejó en claro que “los efectores están para el vecino y a nadie se le niega la asistencia”, pero también aclaró que “en este escenario donde el volumen de la demanda es tan alto, el que tiene capacidad de pago de una obra social y puede resolver la situación de otra manera, es necesario que intente resolverlo allí y dar oxígeno para quienes no tienen alternativa”.

Las internaciones

Las internaciones no están exentas de esa situación, sin embargo, para Quintanilla, “la presencia de ambulancias con pacientes esperando camas se repite cada vez más, y a veces si bien son afiliados de obras sociales es preferible ingresarlo a que esté cinco horas en la puerta”.

La médica apuntó a que “hay menos camas para aislados Covid en los sanatorios y es cierto que allí, cada obra social tiene diferentes contratos y de eso depende la posibilidad de tener o no una plaza”.

Algo similar sucede con los pacientes de Pami, una situación que también habían marcado desde el Ministerio de Salud provincial, sobre todo en los casos de los afiliados que no se atienden en los policlínicos.

En el Hospital Eva Perón, su director, Jorge Kilstein, apuntó el mismo escenario: pacientes que ingresan y derivaciones a sanatorios que se demoran. “Damos respuesta y nos los dejamos sin atención, pero tratamos que las derivaciones se concreten”, señaló.

El secretario general de la Asociación Médica de Rosario, Dardo Dorato, consideró que “el hecho de que haya una central telefónica dispuesta por el Estado para atender a toda la población puede hacer que pacientes con obra social se acerquen al efector público”, pero incluso señaló que “hay obras sociales chicas que, ante la demanda, no pueden hacer frente y directamente derivan al público”.

Sin embargo, señaló que “eso se modifica día a día dependiendo del contexto epidemiológico, la demanda y las necesidades”.

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