Domingo 25 de Abril de 2010
En un corralón de materiales de Avellaneda al 3400 contratan sólo a empleados que sean Testigos
de Jehová porque “son honestos y confiables”. Publicaron un aviso en La Capital
exigiendo como único requisito que los postulantes profesaran esa fe. Recibieron 300 currículum y
mañana comenzarán a seleccionar al personal.
Según el encargado del lugar, Cristian Fernández, desde hace algunos
años, cada vez que se necesita ampliar o reemplazar el plantel de empleados que tiene el corralón
de materiales se prioriza la condición de ser Testigos de Jehová. Esta estrategia llevó a que 8 de
los 15 puestos de trabajo del lugar estén ocupados por hombres de 21 a 38 años que retribuyen la
selección con una conducta irreprochable.
“La verdad es que son gente confiable, honesta y para el puesto
que estamos buscando necesitamos de suma confianza”, comentó el encargado. Aunque no
restringió la cualidad a una cuestión de credos. “Obviamente debe haber gente así en todas
partes, sólo que nosotros nos manejamos a partir de haber tenido la experiencia de tener ya la
mitad de los empleados que son Testigos de Jehová”, explicó y dijo que los titulares de la
firma no profesan esa creencia.
Etica El clasificado no pasó desapercibido. Que por toda formalidad se pidiera una condición
ligada a una creencia religiosa no es algo frecuente. En medio de pedidos de alta calificación, o
limitantes de edad y buena presencia, que se haga foco en la coherencia de las conductas no es un
dato menor.
¿Hay algún perfil especial de los Testigos de Jehová en su calidad de
empleados? Para Fernández se trata de gente que valora lo que aprende en sus reuniones, y en sus
puestos de trabajo encuentra una forma de poner en práctica lo que aprenden. “Todas las
semanas refuerzan la motivación para sus conductas”, argumentó.
Cristian Escobar es Testigo de Jehová y también encargado del corralón.
Lleva años trabajando allí, desde que el comercio dejó atrás su impronta familiar para expandirse.
“El dueño me conocía por haber trabajado juntos, me llamó y desde entonces me gané su
confianza”, recordó. Este primer paso fue quizás decisivo para lo que ahora se convirtió en
una regla tan original como sorprendente.
“Fui el primer Testigo en trabajar acá”, aseguró Escobar. A
partir de su desempeño, la empresa comenzó a priorizar a sus pares a la hora de reemplazar el
personal para los distintos puestos laborales.
“Los dueños confían en las enseñanzas que uno recibe”,
consideró Escobar al tiempo que dio muestra de la cordialidad y distensión aludida al responder al
asombro que causó el aviso que le sacó lustre a la ética, justo cuando el mercado prestigia
aptitudes menos espirituales.
Reputación
“La mayoría de los Testigos de Jehová gozamos de buena reputación con los patrones”, explicó desde su rol de encargado del corralón, Cristian Escobar. En su opinión, el hecho de visitar domicilios como parte de sus obligaciones les da un entrenamiento. “La gente está nerviosa. Si no es mal trato, recibimos indiferencia, pero siempre saludamos con respeto”.