LA CIUDAD

Conectividad y computadoras en barrios periféricos para que los chicos terminen el secundario

Ya hay 18 espacios instalados y el Programa Nueva Oportunidad busca llevarlos a 30 antes de fin de año para alcanzar a unos 400 jóvenes

Martes 28 de Septiembre de 2021

Si en la previa a la pandemia hacer que los jóvenes y adolescentes se sostuvieran dentro del sistema escolar era un desafío que el Bachillerato del Nueva Oportunidad tomó en 2019, dando respuestas de capacitación y formación, en la pospandemia ese desafío se multiplicó ante la brutal ampliación de las brechas de desigualdad. La alfabetización digital de esa población y el acceso a la tecnología que les permita tener un espacio colectivo de formación es lo que la dirección del programa intenta hacer desde el municipio a través de la instalación de 18 puntos digitales en los barrios periféricos de la ciudad. El objetivo es que jóvenes y adolescentes completen junto a sus acompañantes el bachillerato virtual. La alternativa propone alcanzar los 30 puntos para fin de año, ya aloja a 200 chicos y busca llegar a unos 400.

Los puntos digitales funcionan a través de la convergencia de tres espacios: el Nueva Oportunidad, la Asociación Civil Nodo Tau y el Polo Tecnológico, que se sumó a través de la firma de un convenio y a partir del cual, según señaló el director del programa municipal, Luciano Vigoni, "se busca potenciar y lograr una mayor masividad y alcance del programa".

El Nodo Tau, mientras tanto, puso en marcha en 2019 una planta de más de 500 metros cuadrados en Fisherton Industrial, donde realizan el reciclaje de residuos informáticos y donde comenzaron trabajando justamente un grupo de jóvenes y adolescentes que ahora son los que se encargan de montar los puntos digitales en los barrios para que otros jóvenes cursen el secundario. Y además llevan adelante el mantenimiento de esos espacios para que los equipos tengan conectividad y funcionen.

El convenio tripartito además de generar la multiplicación de las islas digitales en los barrios prevé para 2022 comenzar a planificar capacitaciones en programación y testeos de juegos, de modo tal de acercar otros trayectos de formación vinculados a las tecnologías.

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El núcleo del oeste

De los 18 espacios en marcha, Florencia Orsi y Alvaro Silva están coordinando los cinco que funcionan en el oeste de la ciudad y uno de ellos está en el Dispositivo Integral de Abordaje Territorial (Diat) de bulevar Seguí al 5400, justo al lado del Polideportivo Deliot. Dana Cáceres, por su parte, coordina otros dos en el noroeste.

"Hay requisitos básicos que los chicos tienen que cumplir, como estar alfabetizados y tener el primario terminado", explicó Florencia, aunque destacó el trabajo de enlace con las organizaciones barriales y sobre todo, "la posibilidad de llevar adelante un trabajo colectivo y en un punto de cercanía de su casa y de su barrio".

Es que de hecho, al espacio que funciona en el Diat asisten jóvenes de los barrios Toba, Pororó, La Lagunita y Bella Vista Oeste, donde trabajan tres veces por semana en el Escuela de Enseñanza Media para Adultos Nº 1.330 que cursan virtualmente y donde ahora sumarán, además, un espacio de taller literario y de escritura.

Allí, Vigoni insistió no solo en el hecho de tener garantizados los dispositivos y la conectividad, algo que en la mayoría de los casos no sucede en sus casas por falta de recursos, sino sobre todo "en el rol del acompañante a la hora de poder llevar adelante el tránsito por la escuela".

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Garantizar la conectividad y los dispositivos, pero también el acompañamiento de los jóvenes es una de las clave.

Garantizar la conectividad y los dispositivos, pero también el acompañamiento de los jóvenes es una de las clave.

"Más allá de que vos podés dar un dispositivo y conectividad, lo que se construye es un espacio colectivo donde se trabaja a través de la vinculación con otros y garantizando el tránsito por ese trayecto de un modo acompañado", insistió.

En primera persona

De los tres años de bachillerato organizados a través de 12 módulos de contenidos _cada uno de dos meses de duración _, Vanina Muñoz y Alcides Domínguez ya van por la mitad. "Yo estoy cursando género, desigualdad y derechos humamos", cuenta Vanina, madre de dos chicos.

La joven de 28 años había llegado al programa para la capacitación en cocina y panificación y si bien estudiar siempre estuvo en su horizonte, la subsistencia, los trabajos informales como empleada de casas particulares y su labor en un espacio de acompañamiento a mujeres víctimas de violencia _la misma que ella sufrió_, la obligaron a dejar la escuela.

En 2019 arrancó el bachillerato y desde entonces lo sostiene. Tanto para ella como su compañero, que comenzaron el trayecto en la previa al Covid-19, "la pandemia fue muy dura", señalaron.

"De tener actividades todos los días, a ver cómo podías conseguir un teléfono para hacer las cosas y mandar los trabajos por WhatsApp se hizo muy difícil", contó Alcides, de 27 años, que si bien llegó a cursar hasta 4º año en la Técnica 4, la necesidad de trabajar hizo que sus jornadas laborales se extendieran más de diez horas. "No llegaba y se que dejar fue una mala decisión, pero no llegaba", contó.

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El bachillerato del Nueva Oportunidad funciona desde 2019 y por estos días aloja a unos 200 adolescentes.

El bachillerato del Nueva Oportunidad funciona desde 2019 y por estos días aloja a unos 200 adolescentes.

Músico y de Bella Vista Oeste, Alcides tienen muchas expectativas en las posibilidades de tener un título secundario. Lo mismo Vanina, que incluso manifiesta el deseo de seguir estudiando y aunque por ahora no dice qué, sí cuenta que estaría vinculado al acompañamiento de mujeres que padecen violencias.

"Quisiera poder trabajar con ellas, porque muchas veces siento que incluso quienes hacen esos trabajos no saben por lo que están pasando esas mujeres", cuenta Vanina y apela a su propia experiencia, a los días en que tuvo que dejar la ciudad para irse al Chacho y el regreso al barrio Toba, donde aún hoy vive con uno de sus hijos.

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