La ciudad

"Con los años Rosario será aún más calurosa y lluviosa"

En estos últimos días de calores del infierno, ¿quién no habló como un especialista de temperaturas, sensaciones térmicas y meteorología? El clima es el tema obligado y nada mejor que escuchar las reflexiones basadas en la investigación para saber si “el tiempo está loco” o como suele oírse por la calle.

Domingo 13 de Enero de 2008

En estos últimos días de calores del infierno, ¿quién no habló como un especialista de temperaturas, sensaciones térmicas y meteorología? El clima es el tema obligado y nada mejor que escuchar las reflexiones basadas en la investigación para saber si “el tiempo está loco” o como suele oírse por la calle.
“No, no está loco —se ríe la profesora de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA e investigadora de Conicet, Silvia Solman— este calor es normal y según nuestros estudios, con los años Rosario será aún más calurosa y lluviosa, también el resto de la región que incluye a Buenos Aires”. A relajarse entonces, o mudarse a otra provincia.
  —Hay quejas por el calor infernal. ¿El tiempo está tan loco, como se suele decir?
  —Lo ocurrido en los últimos días hasta que llovió es absolutamente normal en nuestros veranos. Es un viento predominantemente del sur de Brasil, con aire muy húmedo y cálido que agobia, y que se suspende cuando pasa un frente frío y baja la temperatura (En Rosario pasó el jueves pasado: la temperatura bajó 17 grados de un día a otro).
  —¿También son normales las frecuentes tormentas de granizo?
  —Sí. Probablemente lo que hace que estas tormentas sean más intensas es el aire cada vez más cálido. Las nubes con granizo alcanzan una extensión vertical muy alta, de hasta 9 kilómetros de altura de la superficie. Ese aire cálido con vapor de agua que conforma la nube, comienza a ascender y alcanza temperaturas de unos 40 grados bajo cero. El peso, la gravitación hace que ese cristal caiga a la superficie como lluvia o llegue muy velozmente como piedra por la altura que alcanzó, que es lo que pudo ocurrir con las pedreas que tanto afectaron a Rosario y su región.
  —¿Puede ser que años atrás tanto el calor como el frío no hayan sido tan rigurosos?
  —Si uno se retrotrae varios años en los récords de temperatura se da cuenta que en verano siempre hubo olas de calor. El punto es que tal vez en la ciudad se siente más agobiante por el cemento y el gran parque automotor. Si uno se traslada apenas unos kilómetros a una zona más verde, verá que la temperatura desciende entre 2 y 3 grados. Se trata del “efecto de la isla urbana de calor”: El sol calienta el suelo y, el suelo, el aire; no es que el aire se calienta directamente por el sol.
  —Pero hay estudios que demuestran que con los años las temperaturas tienden a subir...
  —En 50 años, en promedio, la temperatura aumentó en una media de 0,8 grados en el sudeste de Sudamérica. Esos grados no se perciben en el cuerpo, pero sí se producen olas de calor con máximas 2 grados más altas que hace medio siglo y mínimas aún mucho más elevadas; y esto de las mínimas, es la manifestación más clara del cambio climático que resulta por efecto del incremento de gases del efecto invernadero. Efecto que también modifica las lluvias. En Rosario hubo un aumento importante de las precipitaciones en los últimos 30 años. Los cambios de temperaturas y precipitaciones en estas tres últimas décadas modificaron la producción agropecuaria en la Argentina. La frontera agropecuaria se extendió hacia el oeste, regiones donde en esa época no se podía cultivar nada por falta de agua. Cierto sector se benefició pero los costos fueron muy altos: hubo tormentas severas con impacto social y económico. Hablo de pérdidas de vida. Ahora bien: la soja que impera en esta región, frente al trigo, el arroz y el maíz se salva porque es el cultivo que mejor soporta las altas temperaturas mínimas. Eso es bueno, pero también hay que pensar en los inconvenientes que ocasionan los desmontes de áreas para cultivarla.
  —¿Estamos acorralados?
  —Sí. Los efectos negativos son mayores a los positivos a nivel climático. Una serie de tormentas intensas produce desbordes de ríos e inundaciones y los afectados son siempre los que tienen menos capacidad de adaptación o sea, los que menos tienen.

El tiempo no es igual al clima

Solman sostiene que es muy frecuente que se empleen en forma errónea los términos clima y tiempo.
“Se suele hablar de pronóstico del clima y eso es un error. Uno sólo se puede referir al clima en términos de promedio y en determinado lugar; por ejemplo, el Rosario en los últimos veranos, con su promedio de lluvias y temperaturas. Pero si queremos hablar de lo que ocurrirá hoy, mañana o en diez días en términos meteorológicos, deberemos decir «pronóstico del tiempo»”, dijo.
  La Capital le preguntó por qué fallan tanto los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y no se pudo prever el granizo del 15 de noviembre de 2006.
“Hay observar las tormentas para prevenirlas, desde un parque no se puede saber qué hay dentro de una nube. Y contar con un radar meteorológico que detecta el tamaño del hielo de la nube y su trayectoria. Pero hay sólo dos en el país (uno en Ezeiza y otro en Pergamino). Con los pronósticos pasa los mismo, fallan porque no se cuenta con una red de observación adecuada. Falta inversión desde el Estado, estamos mal”, sentenció.

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