Miércoles 19 de Diciembre de 2007
Diego Sosa llevaba el fútbol en la sangre y ese 31 de enero arrancó el día con la ilusión de dar el salto de calidad. Según sus familiares, habían llegado al club San José emisarios de San Lorenzo de Almagro para ver si tenía condiciones para incorporarlo a sus filas.
"Era un chico muy inquieto, lleno de vida y con grandes deseos de ser futbolista", relató Marta Sosa, tía de Diego, a horas de su fallecimiento.
Diego había salido ese día en bicicleta desde su casa en Doctor Riva al 5606 para ir a practicar. Dejaba atrás el oficio de panadero que aprendió de su padre cuando terminó la escuela primaria. El quería dedicarse al fútbol.
"Venía gente de San Lorenzo para verlo jugar", recordó Marta. Lo cierto es que la familia se empezó a preocupar cuando notó que el joven no volvía a casa, como siempre, alrededor de las 18. Entonces sus padres llamaron al club donde les dijeron que Diego no había asistido al entrenamiento.
"Después, en el club empezaron a decir que no lo conocían y que no jugaba allí", dijeron sus familiares. Pero dejaron constancia en la comisaría 33ª que Diego era socio del club y mostraron su ficha. También les llamó la atención que desapareció la bicicleta del chico y que ni sus compañeros, ni el entrenador asistieron al velorio.