La Ciudad

Club 20 Amigos: solidaridad y acción más allá de las paredes

El verdiblanco tiene 57 años en Villa Banana y hoy, con una cuota de sólo 50 pesos, es espacio de contención social y deportiva para familias enteras

Sábado 24 de Octubre de 2020

"Por fin. ¿Cómo puede ser que a los gobiernos les cueste tanto ponerse de acuerdo para aplicar políticas sociales cuando nosotros, desde un club de un barrio pobre, donde vive gente que hasta trabaja para narcos, logramos acordar entre evangélicos y los que no lo somos, boy scouts, chicas con pañuelos verdes y celestes, jóvenes, adultos, politizados y no y hacemos de todo incluso durante esta pandemia?". La pregunta del presidente del Club Social y Deportivo 20 Amigos, Matías Moschini, en el populoso barrio de zona oeste Villa Banana, se escuchó el día después que el gobernador Omar Perotti presentara allí un proyecto de urbanización que será realizado en conjunto con el gobierno nacional y beneficiará a cuatro mil familias.

La Capital fue al barrio para evaluar cómo se había tomado el anuncio en el club donde los jóvenes sobrellevaron la pandemia. Se trata de una entidad de apenas 170 socios, ubicado desde 1963 en el 3.400 de la calle más importante de la zona: Felipe Moré, donde dejó de pasar el colectivo 125 hace rato porque se la consideró zona peligrosa y de esa manera dejó aislados a propios y ajenos. Un club que cobra sólo 50 pesos como cuota societaria, está en obras y ampliándose, tiene casi tanta actividad social como un club privado del centro y una sensibilidad que trasciende sus paredes.

Gracias al "20" (como lo llaman en el barrio) se instalaron dos canillas comunitarias para 30 familias cuyas llaves administran los vecinos, se reparten 50 bolsones de alimentos pero "no sólo de manera asistencial". Esto significa que no todo termina en las ollas populares o en la entrega de arroz y polenta.

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"Eso lo hacen todos y creen que es política alimentaria, nosotros producimos alimentos en el club para tres copas de leche, destinado a unas 230 familias beneficiarias que viven detrás del club. Caritas Felices, Libres Somos y Luz y Esperanza se llaman los comedores que trabajan con nosotros e intentamos que los alimentos sean nutritivos y balanceados", dice Moschini antes de apuntar que así como se cocina también se realizan acciones culturales, como la organización de conciertos con la Orquesta Sinfónica de chicos de barrio Triángulo.

Allí, donde no hay wi fi gratuito y los chicos deben "robarlo" del Distrito Oeste, los sábados a la mañana los jóvenes hacen kermese de juegos para los chiquitos del barrio con todos los protocolos, y la Universidad Nacional de Rosario llega con actividades de extensión de manera virtual.

"Tal vez sólo se trate de considerar que la inseguridad no sólo se combate con políticas policiales, sino también con políticas sociales: que muchos puedan imitar a la Universidad y llegarse hasta acá para ver cómo se pueden sumar a tanta actividad en marcha", sugirió el presidente del verdiblanco.

Ya no basta con el potrero

Como no podía ser de otra manera y en homenaje al nombre del club, Moschini, de 39 años, recibe en la puerta con un amigo, Iván Moreyra, de 31 y referente de "Comunidad Rebelde", una de las organizaciones con quien también trabaja codo a codo. Ambos nacidos y criados en el barrio que se ganó el nombre por la curva "abananada" que hace la calle en 27 de Febrero y las vías del ferrocarril. Pero las cosas cambiaron bastante en el barrio desde las infancias de estos jóvenes, tanto en lo social como en lo tecnológico.

Ambos pudieron terminar la escolaridad secundaria, no almorzaban en comedores fuera de sus hogares y se conformaban con un potrero.

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Una postal muy diferente a los jóvenes de hoy que patean pelotas pero quieren usar sus celulares y nuevas tecnologías, no terminan de estudiar y no consiguen trabajo.

Moschini, en cambio, hoy es gastronómico (una actividad golpeada como la mayoría en la pandemia) y a Moreyra no le sobra nada pero puede pagar un alquiler en otro barrio. "Hoy la realidad de los pibes acá es otra, y ahí donde el Estado retrocede nosotros seguimos trabajando desde el club y desde cada rincón del barrio", dice Moreyra y se refiere así también al nuevo barrio Bonano, con un año y medio de antigüedad. "Se relocalizaron vecinos en nuevas viviendas pero les faltan todo tipo de servicios; pavimentación, alumbrado, recolección de residuos", asegura Moreyra.

Herencia presidencial

Moschini "heredó" el sillón de presidente de su papá, pero le dio un perfil muy distinto al club junto a otros 12 jóvenes ya hace un tiempo. A tal punto que cuando se hicieron cargo, por estatuto, no había mujeres en la comisión y hoy son 8 de sus 14 miembros.

La entidad era un típico club con actividad de buffet, para varones. Hoy tiene un gran salón en la planta baja donde se practica taekwondo, zumba, tela y acrobacia, taller de ritmos (rap), murga y teatro para adultos mayores. El salón se alquilaba para fiestas pero eso, a diferencia de los salones caros de zona norte, quedó inactivo durante la pandemia. "Nosotros acá organizábamos fiestas para 150 personas, algo que le daba trabajo a gente del barrio de limpieza, de gastronomía, que cuida autos", lamentó el presidente del club.

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Además la entidad tiene un pequeño y precario patio que sirve como canchita de fútbol y vóley, un amplio gimnasio donde se practica boxeo y entrenamiento con pesas, al que le vendría bien más y moderno equipamiento; una pequeña cocina, un espacio de oficios (panadería, carpintería, serigrafía, imprenta donde se hacer revistas dela mano de la UNR).

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Una biblioteca colorida, de nombre "Maestro Enrique Samar", en homenaje a un educador que luchó por los pueblos originarios y por la educación pública, tiene unos 250 libros (fundamentalmente para primaria y literatura infantil) y actividad de promoción de lectura y ajedrez. Y también hay dos baños nuevos, dos más antiguos y un Salón de Usos Múltiples (SUM) en construcción con el programa Club en Obras, en la planta alta. La "perlita del "20". Y como si eso fuera poco, el club posee un termotanque solar que logró tras sumar puntos con los Clubes Verdes, tras el reciclado de botellas plásticas.

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"Queremos pasar acá películas y armar debates, hacer una radio, poner computadoras: los chicos y chicas quieren usar las nuevas tecnologías", dice Moschini, el mismo que asegura que este club es un lugar de encuentro para los jóvenes. No sólo de villa Banana, barrio Triángulo (la clase media de la zona, para los vecinos), barrio Moderno (más precario que Triángulo), Villa Honda, La Boca este.

El club tenía más terreno pero hace 15 años los fueron ocupando vecinos con casas precarias. Con ellos no hay disputa: al contrario, se colocó un tanque de 800 litros en el club y se les facilitó de manera aérea la instalación de dos canillas con buena presión de agua potable. "Y si logramos reactivar Felipe Moré que es como nuestra peatonal, tal vez podamos hacer alguna vez los carnavales en la calle", dice el presidente quien no para con los proyectos.

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El "20 amigos" no tenía papeles al día y eso impedía pedir subsidios. "Hace tres años lo normalizamos, y fuimos consiguiendo algo de ayuda. Tenemos a tres cuadras una casa con pileta como sede, que administran los scouts y donde también hay yoga. Nos gustaría poder alguna vez comprar esa casa y usar la pileta como complemento del deportivo Deliot, que los socios y los chicos de la escuela cercana puedan hacer natación y rehabilitación. En el barrio hay varios clubes pero la mayoría de buffet o con canchitas de fútbol solamente, queremos que 20 Amigos tenga más oferta para el barrio".

La kermese de los sábados

La Capital visitó el club justo una mañana donde se organizaba una kermese con tateti, tiro al blanco y "fulbito" para los más chiquitos, en la placita que es casi una prolongación de el "20" y donde hasta hace pocos años había un búnker que los vecinos tiraron abajo. Y como en el barrio dicen que la memoria tiene sentido, pintaron un mural con las víctimas de ese búnker y coloridas imágenes que le dan vida al lugar. Al final de la plaza, las vías y dos pasillos, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda, con una treintena de viviendas precarias.

Pero la actividad sucedía metros antes de las viviendas y para ingresar a los juegos había que pasar con el control sanitario de un equipo de jóvenes munido con termómetro y alcohol y conformado por Luz, Camila, Guille y Rita (la peluquera que les tiñe el pelo a todos club). El grupo que se tomó el tema del control bien en serio medía la temperatura y desinfectaba las manos de los participantes.

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Varias nenas y nenes participaron de la propuesta y una mamá y una abuela miraban desde cerca.

"La plaza y el club para nosotras son muy importantes, un espacio de contención. Los chicos se encuentran, se entretienen y no están todo el tiempo sin hacer nada o en la calle", dice Cintia de 30 años, mamá de tres nenas.

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También estaba el grupo de rap del club y uno de sus integrantes, Alex Sena (nombre artístico: Black Daimon), de 16 años, con sus mejores galas de pantalón chupín, aro, anillos en cada dedo y zapatillas, ofreció cantar un tema creado por él, dedicado a quienes perdieron a un ser querido por la violencia callejera: "Tomen conciencia/ de las cosas que están pasando/ ellos se hacen los boludos dicen que no tienen un mango/ por eso van entre dos /y te cagan a palos/ y no se dan cuenta que la vida te están arrebatando/y me da bronca y lo digo/ y lo oculto entre mis letras: Rosario está en guerra y me imagino a esas familias destrozadas y llorando...".

Un compañero del grupo, Bernabé, de 20 años, no cantó pero explicó que sus temas son algo más "filosóficos y metafóricos". El llama a su estilo: "rap consciente". Expresiones que, dicen, echan por tierra con el prejuicio de que en Villa Banana "todos son violentos" y no hay "nada por hacer".

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