El convoy de barcazas habría reducido potencia para cederle el paso a otro barco que bajaba por el Paraná. Esa maniobra le hizo perder capacidad de gobierno y la corriente lo desplazó hasta impactar contra el Ginga Bobcat, que estaba anclado en la Rada Rosario Norte.
16:16 hs - Martes 19 de Mayo de 2026
El choque de embarcaciones de este domingo en la ribera central de Rosario no habría sido producto de una falla súbita ni de una maniobra temeraria, sino de una secuencia técnica que se volvió crítica en pocos segundos. Así se desprende de la reconstrucción preliminar de especialistas en navegación: el convoy de 12 barcazas empujado por el remolcador boliviano HB Perseus redujo potencia para ceder el paso a otro buque de ultramar, perdió parte de su capacidad de gobierno y quedó a merced de la corriente del Paraná, que lo desplazó hasta impactar contra el buque químico Ginga Bobcat, fondeado en la Rada Rosario Norte del río.
El siniestro ocurrió este domingo cerca de las 17, a la altura de calle Corrientes, frente al Centro Municipal de Distrito Centro. La escena sorprendió a quienes estaban en la zona ribereña: un tren de barcazas se desarmó tras el impacto, varias unidades quedaron a la deriva y, en paralelo, otro buque de gran porte pasaba por la margen del río que da hacia la ciudad. Por pocos segundos, tres embarcaciones de gran tamaño quedaron concentradas frente a la costa rosarina.
Aunque el incidente continúa bajo investigación, ya comenzaron a conocerse precisiones técnicas sobre lo ocurrido en la Vía Navegable Troncal del río Paraná. En diálogo con Visión Marítima, el capitán de Marina Mercante y referente en Seguridad para la Navegación Alejandro Kalfayan aclaró varios puntos que habían generado confusión tras la difusión de videos y versiones preliminares.
El convoy cedió el paso y perdió capacidad de maniobra
Según la reconstrucción preliminar, el convoy de barcazas navegaba aguas abajo luego de franquear el puente Rosario-Victoria, una maniobra considerada delicada por las corrientes del Paraná. El remolcador HB Perseus empujaba 12 barcazas cargadas con mineral de hierro y tenía como destino San Nicolás.
Kalfayan explicó que navegar río abajo resulta más complejo porque la corriente empuja constantemente a las embarcaciones. En esas condiciones, mantener el rumbo con precisión exige una capacidad de maniobra sostenida.
En ese contexto, el capitán del convoy habría coordinado por radio con el práctico de otro buque que también descendía por el canal una maniobra habitual de cesión de paso. Para permitir el sobrepaso seguro de esa tercera embarcación, el remolcador redujo momentáneamente la potencia de máquinas.
Esa baja de velocidad habría sido el punto crítico. Al perder empuje, el convoy quedó con menor capacidad de gobierno y la corriente empezó a desplazar las barcazas hacia el centro del canal, hasta llevarlas contra el Ginga Bobcat.
“El barco no se quedó sin gobierno totalmente, pero sí con poco gobierno. Ahí empieza a actuar con fuerza la corriente y ya no logra recuperar el rumbo a tiempo”, explicó Kalfayan.
El Ginga Bobcat estaba correctamente fondeado
Uno de los puntos centrales que aclaró el especialista es que el Ginga Bobcat no estaba navegando al momento del impacto. De acuerdo con Kalfayan, el buque panameño estaba correctamente anclado en la denominada Rada Rosario Norte, un área habilitada para el fondeo de embarcaciones que esperan práctico, autorización de ingreso o salida portuaria.
La aclaración resulta clave porque en redes sociales y en algunas versiones iniciales se habían planteado dudas sobre si el buque estaba fondeado o en movimiento. Para el capitán de Marina Mercante, las imágenes permiten advertir la situación. “Si se observa bien el video puede verse claramente la cadena del ancla”, sostuvo.
Además, el especialista indicó que en ese sector el ancho de la vía navegable permite normalmente el cruce y franqueo seguro de embarcaciones. Por eso, en principio, no habría un problema estructural vinculado al canal de navegación.
Por qué se rompió el tren de barcazas tras el impacto
Otra de las imágenes que más llamó la atención fue el desprendimiento de varias barcazas luego del choque. Kalfayan explicó que esa consecuencia es esperable en este tipo de convoyes cuando se produce una colisión.
“El convoy estaba compuesto por 12 barcazas cargadas con mineral de hierro unidas mediante lingas de acero. Cuando un tren de barcazas impacta contra un objeto fijo o un buque, esas uniones pueden cortarse y las barcazas dispersarse”, señaló.
El sistema de empuje y amarre mediante lingas de acero no es excepcional ni precario. Según remarcó, se utiliza internacionalmente, incluso en vías navegables de gran tráfico como el río Mississippi, en Estados Unidos.
En este caso, el impacto provocó la separación de parte del tren de barcazas, pero no derivó en un escenario de mayor gravedad: ninguna de las unidades se hundió, no hubo pérdida de carga, no se registraron heridos y tampoco se reportaron derrames de hidrocarburos ni contaminación ambiental.
La bocina del buque anclado y la advertencia previa
La secuencia registrada frente a la costa central mostró que el Ginga Bobcat advirtió la aproximación del convoy y tocó insistentemente su bocina para intentar que el remolcador pudiera eludirlo. Sin embargo, la maniobra no alcanzó para evitar el impacto.
Ese dato ya había aparecido como uno de los elementos clave de la reconstrucción inicial: el buque químico estaba anclado con su proa en dirección aguas arriba, mientras el HB Perseus avanzaba aguas abajo rumbo a San Nicolás. La insistencia de la bocina indicó que hubo una advertencia previa antes de la colisión.
Aun así, la combinación de distancia, velocidad, corriente y pérdida parcial de gobierno habría dejado al convoy sin margen suficiente para corregir el rumbo a tiempo.
Kalfayan también destacó que las coordinaciones de navegación se realizan por comunicaciones radiales grabadas y monitoreadas por los sistemas de control de tráfico de la Prefectura Naval Argentina. Ese material será clave para terminar de precisar cómo se coordinó la maniobra de cesión de paso y qué ocurrió en los minutos previos al choque.
Un accidente fluvial frente a una zona de alta visibilidad
El siniestro tuvo un impacto visual fuerte porque ocurrió frente a uno de los sectores más transitados y observados de la ribera rosarina. La zona de calle Corrientes, frente al Centro Municipal de Distrito Centro, forma parte del paisaje cotidiano del Paraná, donde el paso de buques de gran porte suele convivir con la actividad urbana de la costa.
Pero un choque de esta magnitud transformó esa postal habitual en una escena de tensión. La presencia de un tercer buque carguero pasando en paralelo al momento del impacto acentuó la percepción de riesgo y alimentó las primeras interpretaciones sobre lo ocurrido.
Todo indica que el HB Perseus se apartó de su dinámica normal de navegación para ceder el paso de manera segura a esa tercera embarcación que también venía de bajada. Esa maniobra, habitual en la navegación fluvial, quedó condicionada por un factor decisivo: la corriente del Paraná.
El antecedente reciente del Ginga Bobcat
El accidente frente a Rosario también generó preocupación por un antecedente inmediato del mismo buque. El Ginga Bobcat venía de protagonizar otra colisión el pasado 5 de mayo en el río Paraná, a la altura del puerto de Campana, cuando embistió la popa del petrolero Helios, de bandera de Islas Marshall, que estaba amarrado.
Ese episodio representó un riesgo considerable porque el Ginga Bobcat transportaba 10.300 toneladas de ácido sulfúrico y el Helios operaba con combustibles refinados, entre ellos nafta y diésel.
En el caso de Rosario, sin embargo, la explicación técnica preliminar ubica al buque panameño en otra situación: estaba fondeado en una zona habilitada y fue impactado por el convoy de barcazas que descendía por el río.
“Una desgracia con suerte”
Aunque las imágenes del choque generaron preocupación, Kalfayan consideró que el desenlace pudo haber sido mucho más grave. Entre los riesgos potenciales mencionó el hundimiento de alguna barcaza cargada, contaminación ambiental, impactos contra otras embarcaciones o daños sobre la costa.
Nada de eso ocurrió. Las barcazas que quedaron a la deriva fueron recuperadas rápidamente y no hubo víctimas, derrames ni afectación severa para la navegación en el principal corredor fluvial de la región.
“Fue una desgracia con suerte”, resumió el especialista.