Chicos sordos cruzaron el Paraná
Un grupo de seis alumnos sordos de una escuela especial para sordos emprendió la aventura de cruzar por segunda vez a nado el río Paraná. Los chicos, de entre 12 y 18 años, partieron desde la isla y llegaron hasta la Rambla Catalunya.

Miércoles 19 de Diciembre de 2007

Un grupo de seis alumnos sordos de una escuela especial para sordos emprendió la aventura de cruzar por segunda vez a nado el río Paraná. Los chicos, de entre 12 y 18 años, partieron desde la isla y llegaron hasta la Rambla Catalunya. La experiencia es el resultado de años de práctica en pileta.

  Miqueas Morris, Juan Cazales, Juan Pablo Capillo, Estefanía Di Francesio, Mara Arques y Jashua Cabrera concurren al Instituto Rosarino de Audición y Lenguaje (Iral), que es la Escuela Particular Especial Nº 1.313.

 

Animarse. Durante la mañana del jueves pasado se animaron a dar el salto. Pasaron de la pileta donde nadan todas las semanas a la corriente natural del río. El desafío no sólo fue para ellos, también involucró a los profesores y a los padres.

  Realizaron la travesía junto con los docentes y guardavidas acompañados por personal de Prefectura.

  Desde las islas entrerrianas se lanzaron al agua y nadaron 1.100 metros hasta la costa rosarina. Allí los esperaban, orgullosos y emocionados, padres y otros docentes.

  Es el segundo año que el Iral realiza esta actividad, organizada por el profesor de educación física Marcelo Braidot. "Me atreví a la aventura luego de que comenzamos con las clases de natación", relató el docente, mientras planea enseñar canotaje a los chicos.

  Braidot explicó que la hipoacusia "no imposibilita realizar actividades físicas, lo que se pierde es la posibilidad de hacer por ejemplo roles en el agua, porque debajo, por la falta de audición, pierden la orientación".

  Los chicos que realizaron el cruce tienen como mínimo dos años de experiencia en el agua, pueden nadar media hora en una pileta común y poseen una buen estado aeróbico.

  El profesor Braidot preparó a los jóvenes para la prueba con clases desde el agua. El docente puede comunicarse con sus alumnos tanto en forma oral como a través del lenguaje de señas, para lo cual se capacitó durante dos años.

 

Se puede. El desarrollo de esta actividad supone un fuerte impulso tanto para las familias como para los chicos mismos", explicó Gabriela Kowal, psicóloga del Iral.

  "Es una forma de que ellos mismos comprueben que pueden. Al ver que se deposita confianza en lo que hacen, se sienten más seguros", acotó la profesional.

  También para los padres es una experiencia movilizante. "Generalmente sufren mucho cuando conocen el diagnóstico de sordera de sus hijos y con este tipo de actividades reconocen los logros", añadió la especialista.

 

Desarrollo. "La natación permite a los chicos desarrollar sus capacidades físicas a través del deporte", señaló la docente. "Queremos que la sociedad conozca que las personas sordas pueden desarrollarse física e intelectualmente al igual que cualquier otro niño o adolescente", declaró Kowal desde Iral, institución que apuesta a una nueva mirada de la discapacidad. l

  La hipoacusia es un trastorno caracterizado por una pérdida o una disminución de la audición que puede afectar a uno u ambos oídos. l