La ciudad

Chicos de La Ciudad de los Niños salieron a "plantar" mariposas monarca

En la sede del proyecto se reparten semillas de asclepias, planta vital para esta variedad de insecto de alas negras y amarillas.

Martes 18 de Agosto de 2015

Rosario tiene cada vez menos mariposas, ésas que poblaban los barrios y alegraban a tantos chicos. Y fueron precisamente los niños quienes prestaron atención a esta pérdida y resolvieron poner manos e ingenio para solucionarlo. "Sembrar mariposas" es el objetivo que se pusieron los chicos que participan del proyecto La Ciudad de los Niños y empezaron a repartir semillas de asclepias, plantas cuyas flores atraen a las mariposas monarca. Un emprendimiento colectivo del cual participaron personas de todas las edades.

La propuesta nació acompañada de las ganas de los pequeños de contarles a otros lo que ocurría en la casona de Velez Sarsfield 164, sede de La Ciudad de los Niños, donde todos los domingos se abren sus puertas para que se hagan realidad los proyectos de los chicos.

Allí se fue construyendo un espacio verde lleno de flores y de frutos. Y no fue azaroso que entre las flores se buscaran y consiguieran semillas y plantas de asclepias, donde las mariposas monarca se afincan y realizan todo su ciclo reproductivo. Una maravillosa prueba de la vida misma al alcance de nuestra cotidianeidad.

Cuando "falsas banderitas españolas", como se conoce comúnmente a las asclepias, empezaron a crecer muchos se arrimaron a preguntar por la existencia de tantas mariposas a su alrededor, fenómeno que con el transcurso de este tiempo se fue incrementando y llamando la atención a mucha gente.

Es así como algunas personas comenzaron a pedir semillas de esa planta y surgió la necesidad de producir un intercambio de ellas por lo que inicialmente, con los niños del proyecto Amigos del Medio Ambiente, se prepararon algunos sobrecitos con semillas de asclepias.

De la asociación de un niño surgió la idea de que "sembrar asclepias era sembrar mariposas". Como todas las ideas fuertes, ésta atravesó la producción de los concejos y se transformó en el posible proyecto a realizar por todos los consejeros al finalizar el año pasado.

Preguntados los chicos por estos deseos que expresaban cotidianamente, de cuidar el medio ambiente, de sembrar flores en él, se encontró que lo que surcaba esas ganas era una asociación continua entre el sembrar algo y el color, la alegría, lo primaveral, la esperanza, y poder aportar a través del propio esfuerzo todas esas cosas a los demás.

Desde la magia de un niño, pero también desde la percepción de un adulto, sembrar mariposas es sembrar "primavera, ilusión, movimiento, suavidad, fantasía, felicidad, juventud, belleza, libertad, música", en fin "las cosas buenas y simples de la vida, la suerte y la buena fortuna" y todo eso se lograba con una acción tan simple como diseminar semillas de asclepias por la ciudad.

El proyecto consiste en realizar una campaña en la que se trabaje en dos instancias: por un lado, invitar a chicos y grandes a sumarse a ella, decidiéndose a plantar asclepias en sus casas y jardines, balcones y macetas; y, por otro, pedirle al municipio y a las instituciones intermedias que ayuden a plantarlas en los parques y plazas de la ciudad.

Para esto se generó un pequeño instructivo, que contiene en su interior una mariposa realizada en papel reciclado, con la particularidad de tener dentro suyo las semillas de asclepias y las instrucciones para sembrar la planta.

La iniciativa persigue dos objetivos: aportar a fortalecer la pertenencia de los niños a través del protagonismo en la construcción de los espacios públicos y, también, involucrar a la ciudadanía en la preservación de las mariposas, que muchos adultos recuerdan haber visto una en su infancia y no son tan habituales en nuestros días.

Con estas acciones, señala el proyecto, "podemos devolverles a los chicos y a los grandes la belleza y la simpleza de la naturaleza en las plazas y parques, en cada casa y en cada barrio, como territorios propios para jugar, pasear, disfrutar, estar, hacerlo suyo, convertirlo en espacio compartido con otros. Connotar al espacio público como lugar mimado para crecer juntos, para aprender de lo vivido, lo imaginado y transitado. Sumar a la naturaleza como docente privilegiado con sus mágicas acciones cotidianas que nos pueblan de sentido la vida".

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