La ciudad

Celebrar la amistad: un grupo humano a prueba del tiempo

Compañeros del Regimiento 11 de Infantería se reúnen desde hace 61 años. “Somos los soldados jubilados”, festejan. 

Domingo 29 de Noviembre de 2015

Hicieron el servicio militar hace 61 años y tal como se prometieron unos a otros la noche en que festejaron el final de la conscripción, se siguen reuniendo cada año para celebrar la amistad y la vida. “Es una reunión de honor”, definió Chiquito Reyes, amigo del mítico Alberto Olmedo e integrante de aquella compañía que supo forjar vínculos a prueba del tiempo. El 2015 no fue la excepción y brindaron ya entrada la tarde en una parrilla de 9 de Julio y Alvear, a la que habían llegado al mediodía con sus recuerdos y fotografías. Tienen entre 82 y 83 años y una energía para la envidia.

El rito anual comienza cada año cuando ya se está agotando el almanaque, entonces, Alcedo Cesolari reflota la vieja lista de teléfono, se sienta y comienza la ronda de llamados. Es la antigua voz de la juventud y la lealtad la que convoca y nadie falta la cita. Sólo una enfermedad brava o la ausencia definitiva jaquean al grupo de la clase 1933, primera compañía del que fue el Regimiento 11 de Infantería General Las Heras de Rosario, que en 1964 se trasladó a Mendoza.

Según los comensales, el grupo original arrancó con los 110 que integraba la compañía, el año pasado se reunieron 25 y en esta ocasión hubo 15 comensales. Claro que hay un atenuante, el encuentro fue el sábado anterior a las elecciones y los integrantes del grupo que viven en otras ciudades, decidieron no viajar para cumplir con esa diligencia cívica.

Para los asistentes a cada reunión anual, la presencia es importante, pero los vínculos pesan más; por eso a la hora del brindis y de las anécdotas están todos presentes. “En una época teníamos algunos que eran músicos como Fulo y Pascucci, que integraban la banda del Regimiento, sabían venir con sus instrumentos y tocaban algunas canciones”, relata Gregorio Berchenko, asistente fiel a las convocatorias anuales.

A su manera, reviviendo momentos, explicando los años vividos, evocando, los asistentes sienten que a la amistad que nació bajo bandera no hay con qué darle. Ya superaron los sesenta años de encuentro y siguen pidiendo salud y entusiasmo para seguir con el rito, para no faltar a la promesa.

Perspectiva. ¿Qué significaba en aquellos años ser convocados al servicio militar? “Algunos no lo aceptaban tanto, a otros les daba lo mismo, a quienes estudiaban los interrumpían y otros se entusiasmaban, según la perspectiva de cada uno”, dijo Berchenko. Más allá de esta perspectiva, lo que no resultó indiferente, fue conocerse.

Así, acudieron a la cita Alberto Narváez que se presenta como campeón de boxeo Guante de Oro en el Estadio Norte, mostrando fotografías que lo ubican junto a famosos del ring o dirigiendo, como hasta años atrás, cuando una “mala praxis” le arruinó las rodillas. También Alfonso Ferraro, para quien cada día de encuentro es fabuloso.

“Quedan recuerdos gratos a través del tiempo, pedimos a Dios que nos dé salud y vida para llegar a la próxima celebración de 2016”, explicó Berchenko. Y dijo que los integrantes del grupo recorrieron distintos caminos en la vida y eso enriquece en cada encuentro las charlas.

Para Reyes se trata de una reunión anual ineludible. “Como cada uno tiene su historia, venimos, charlamos y nos contamos sobre nuestra vida, cosas de gente de 80 años”, cuenta y pasa la receta de una vitalidad que está a la vista. “Hay que salir de noche, atorrantear, tomar mucho vino y tener buenos amigos”, dice Chiquito mientras el resto del grupo festeja.

Anécdotas inolvidables. ¿Puede haber mejor escenario para las anécdotas del servicio militar que una reunión gastronómica de ex conscriptos? No parece posible. En estos encuentros, al contrario de la saturación de las sobremesas familiares, los recuerdos se festejan, se potencian.

Como la ocasión en que cabalgaba un sargento excedido en peso y se escuchó “ahí viene la vaca a caballo”, un suboficial oyó la comparación y pasó el dato al aludido, que también afiló su respuesta. “Ahora la vaca te la va a poner”, cuenta que dijo y el chiste terminó con un mes de arresto.

O cuando al recibir el saludo de las buenas noches se escuchó el sonido de un gas. En este punto la anécdota difiere, algunos sostienen que el ruido venía de la boca y otros que tenía origen natural. Pero, en lo que coinciden es en la consecuencia: los bailaron a los 110, hasta la mañana en un baño.

“Lo bueno es que nunca supimos quién fue”, relatan ahora entre risas. Gregorio Berchenko reflotó casi un clásico de la rutina militar: “Durante días de frío terrible nos ponían gotitas en la nariz y como los soldados se hacían los graciosos nos sacaban en ropa interior afuera para hacer saltos de rana”.

De aquellos años también evocan el dicho tan difundido como cierto entre los colimbas: lo que está quieto se pinta y lo que se mueve se saluda. Mientras el brindis final suma alegría, Chiquito Reyes acerca un lema: “Que no te agarre la Parca ahorrando guita y sin colesterol”. Y a juzgar por lo visto, habrá que darles la razón.

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