La ciudad

Casilda sigue convulsionada por los mellizos recién nacidos que siguen sin aparecer

La Capital estuvo en Casilda, recorriendo las calles y tomando testimonios de algunos habitantes. Invariablemente, todos rehusaron a identificarse y a dejarse fotografiar.

Domingo 10 de Agosto de 2014

El caso de los mellizos desaparecidos, que generó la detención de dos matrimonios en Casilda, no deja de sorprender y es el tema excluyente en esta ciudad de 40 mil habitantes del departamento Caseros, que sin embargo lleva una inocultable vida pueblerina, donde las noticias circulan de boca en boca. Una mezcla de escepticismo y hermetismo rodea a los vecinos, que hablan por lo bajo y están todo el tiempo pegados a los medios locales para conocer el más mínimo detalle que pueda trascender sobre el caso.

   “Recién escuché que les dieron prisión domiciliaria”, contaba el martes una vecina muy cerca de la casa de Andrea N., la mujer que confesó haber estado interesada en adoptar a los mellizos de Liliana Montenegro, la madre de Zavalla que luego denunció el robo de sus bebés y desató la investigación y sus consecuencias.

   La Capital estuvo en Casilda, recorriendo las calles y tomando testimonios de algunos habitantes. Invariablemente, todos rehusaron a identificarse y a dejarse fotografiar. “Esto es un pueblito”, dijo uno.

   “¿Pero dónde están los chicos?”, se preguntó en la calle una vecina, a pocos metros de la casa de una de las mujeres arrestadas. “Dijeron que las hermanas estaban presas, pero no dicen nada de dónde están esas criaturas”. Estaba hablando con otra vecina, que se espantó cuando el cronista tomó su cuaderno de apuntes. “¡No, por favor!”, suplicó. Más tranquila, y sabiendo que se resguardaría su anonimato, confesó que conoce a las familias presuntamente involucradas. “Son gente tan buena. Ese gordo —por Germán S., el esposo de Andrea N.— es buenísimo”. Y la primera mujer siguió el hilo: “Yo estoy segura de que a los chicos ellos nunca los tuvieron. Tengo gente que es conocida, íntima, de ellos, y esos chicos nunca estuvieron en la casa”.

   “¿Pero viste cómo es? La madre primero dijo una cosa, y después otra, y otra. Vaya a saber”, conjeturó la otra vecina. Lo cierto es que en la ciudad es vox populi que Andrea N,. había dicho en muchas oportunidades que iba a adoptar hijos, y que incluso ya le tenían reservados “unos mellicitos”. Es más, en la audiencia imputativa que tuvo lugar este martes en el Ministerio Público de la Acusación, la mujer ratificó aquello que comentó tantas veces entre sus allegados. También reconoció que todos los enseres con los que esperaba a los chicos los compró en Casilda, porque no tenía nada que ocultar.

La familia. Andrea y Mariana N. son hermanas, hijas de una reconocida familia de Casilda, propietaria de la principal empresa funeraria de la ciudad y de un servicio de emergencias médicas. Vivieron siempre en el distrito cabecera del departamento Caseros, donde administran la firma familiar.

Andrea, de 47 años, tiene un hijo de un primer matrimonio, "pero el padre del pibe ya no vive más en Casilda", cuentan los conocidos. El hijo tiene algo más de 30 años y, según se sabe, participa en competencias de rally como copiloto. Ella volvió a formar pareja con Germán S., un hombre a quien en toda la ciudad conocen como "el Gordo", que trabaja en una firma metalúrgica. Además de su actividad comercial, Andrea es conocida como artista plástica, y ha expuesto incluso en el exterior.

Mariana tiene 45 años. Está casada con Luis J., un médico que trabaja en la empresa de la familia y en la clínica de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), uno de los sitios allanados por la Justicia en la presunción de que los chicos podrían haber nacido ahí. Aunque no tienen hijos en común, ambos los tienen de matrimonios anteriores.

Las dos mujeres viven en Casilda, sobre dos tradicionales bulevares: el Lisandro de la Torre, Andrea, y el Villada, Mariana.

Conjeturas de la calle. Una fuente muy cercana al interior de la empresa contó que adentro de la funeraria nadie dice palabra. Todo lo que se comentaba era que a las dueñas las habían arrestado. Pero por lo bajo se habla. "Dicen que los pibes pueden estar en Mar del Plata, donde tienen una casa", se conjeturaba. Otros creen que la mamá de los bebés aprovechó la posición económica de la mujer interesada en tenerlos, le sacó suficiente dinero y después "la dejó plantada".

"En la empresa no tenían mucha comunicación con los empleados, son más bien gente seca. Pero no tienen fama de jodidas", contaron en ese entorno.

"¿El Gordo preso? No te lo puedo creer. Pero si cuando jugábamos a la pelota te dejaba pasar para no molestarte". El que habló es un amigo de la infancia de Germán S. Estaba en la plaza San Martín, tomando mate con su compañera. "Lo que acá sabemos es que Andrea ya estaba diciendo desde hacía tiempo que iba a adoptar. Se lo decía a las otras madres", contó el muchacho, y volvió sobre su viejo compinche de potrero: "Pobre Gordo, no vaya a ser que termine preso él solo".

A su lado, su compañera se sumó a las conjeturas que circulan en torno al caso: "A mí lo que me dijeron es que cuando Andrea fue a buscar a los chicos, la madre le dijo que los había perdido. Pero también se dice que están en Mar del Plata. Qué se yo, se dicen tantas cosas..."

"¿Es verdad que están en Chile?", preguntó un comerciante al cronista cuando supo que era de LaCapital.

¿Dónde están? Los comentarios se reproducen. Dos matrimonios están con prisión domiciliaria. Y hay dos bebés, vivos o muertos, que no aparecen. "Yo quisiera saber dónde están, porque la misma mamá publicó en Facebook que estaban muertos", dijo Andrea ante la Justicia. "Hace mucho tiempo que estamos buscando adoptar. Nunca quiso que la acompañara al obstetra, siempre me decía algo distinto", contó la mujer y agregó: "La ayudábamos. Le hacíamos carga en el celular".

La madre reconoce que recibió ayuda, pero niega lo que le achacan. Insiste con que le sacaron a los chicos, da detalles de cómo fue llevada a la clínica de la UOM en Casilda, le hicieron dar a luz y se llevaron a los niños. Y asegura que nunca quiso darlos.

Dónde están los chicos es la gran incógnita. La investigación sigue su curso. Mientras tanto, Casilda sigue convulsionada por el caso, y a medida que pasa el tiempo las conjeturas crecen y los comentarios se multiplican.

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