Lunes 04 de Diciembre de 2023
En barrio La Tablita de Villa Gobernador Gálvez funciona, desde hace más de diez años, el comedor Ojitos Felices. Tres veces por semana, brindan entre 300 y 400 viandas a unos 350 chicos. Cuando sobran viandas, se extienden a comedores cercanos para dar una mano. En total, la red de contención que manejan involucra a mil chicos. Además, realizan varias campañas solidarias por año para brindarles útiles escolares, ropa de invierno y regalos en fechas especiales . Por estos días, como cada diciembre, convocan a una colecta navideña.
Quienes quieran participar de esta campaña deben anotarse de manera online en este link. Desde la asociación les enviarán los datos de un niño o niña para que puedan hacerle un regalo que será recibido el sábado 16 de diciembre en el Mercado del Patio, frente al local gastronómico de Churrasquito.
La historia de la copa de leche Ojitos Felices empezó hace ya tiempo. En la cocina de Olga Franco fue donde empezó este proyecto. La familia arrancó cocinando y brindando un espacio de atención a las necesidades, sobre todo alimenticias, de los vecinos. El comedor, tal como es ahora, apareció hace diez años, después de muchos esfuerzos que concluyeron en la construcción del espacio desde la nada, en una zona hiper marginal de Villa Gobernador Gálvez.
La primera campaña que realizaron fue con el objetivo de ayudar a los chicos con la escolarización. “Para nosotros es un eje fundamental el hecho de que los chicos pertenecen al aula y no a las calles”, aseguró la representante legal de Ojitos Felices, María Angélica Maccagno, en diálogo con La Capital. Realizaron entonces un relevamiento de campo, para saber cuáles son las necesidades de los chicos. Quienes se interesaron en ayudar, recibieron los datos de un niño y así pudieron armar la mochila.
Este modus operandi se repitió en el resto de las campañas. La idea es que quien quiera cooperar sepa a quién está ayudando: su nombre, su apellido, lo que necesita específicamente. “Hacer esto fue la llave mágica que permitió que este proyecto pueda sostenerse durante tanto tiempo y con tanto compromiso”, sostiene Maccagno, y agrega: “Es importante que el otro pueda sentir que del otro lado hay una persona con sus necesidades, sus inquietudes, y apostar a que lo privado también puede ayudar”.
Por otro lado, son los padres los que les entregan los regalos a sus hijos ya que “la idea no es que los chicos reciban una dádiva”, sino que eso que reciben se los esté dando un familiar. Por eso también, desde Ojitos Felices apuestan a que quienes participen sientan a los niños como hijos propios, reforzando la idea de ponerse en el lugar del otro.
Por último, la asociación civil va por más y en diez días va a lanzar la posibilidad de suscribirse a Ojitos Felices y hacer aportes monetarios, gracias a la reciente apertura de una cuenta bancaria. Recibir estos aportes será muy importante para el sostenimiento y la continuidad del comedor.