Aunque la ordenanza que hace cuatro años creó el Código del Ciclista nunca se
vetó, y por lo tanto permanece vigente, todos saben que no se cumple por su enorme complejidad de
implementación. Lo cierto es que a la bicicleta, el más frágil de los vehículos, se le exigen muy
pocas cosas. Y aunque debería llevar, como mínimo, ojos de gato, espejo retrovisor y timbre, nadie
la detiene si no los porta. Así las cosas, no es raro que el año pasado haya habido en Rosario
cinco ciclistas muertos y 980 heridos, cifras sólo superadas por los accidentes a bordo de
motos.
La combinación de impunidad entre ciclistas y desaprensión por parte de los
vehículos de mayor porte puede resultar un cóctel fatal. La mayoría de las bicicletas cruzan
semáforos en rojo, doblan en las esquinas sin mirar quién viene, circulan a contramano, no
anticipan maniobras, llevan acompañantes en precario equilibrio y a veces ni siquiera respetan al
peatón. Y nadie les dice nada.
Como contrapartida, autos y colectivos parecen olvidar quién es el más
vulnerable y rozan impiadosamente a los ciclistas o invaden sus carriles exclusivos.
Las dos conductas ignoran las normativas. El resultado es obviamente más gravoso
para los ciclistas, cuyos accidentes siguen en aumento. Sólo para graficar una tendencia: mientras
en 1993 los heridos en bicicleta sumaron 455, en 2001 llegaban ya a 898 y el año pasado ese número
alcanzó a 980.
A tal punto fue el crescendo, que desde hace una década los accidentes en
bicicleta superan anualmente a los de autos. Esa relación se mantiene y, según recordó ayer la
titular de Tránsito municipal, Marcela Biscotti, los ciclistas siguen ocupando el puesto número dos
en el ránking de los lesionados por las calles rosarinas.
Precauciones mínimas. Al margen de lo que estipula la ordenanza 7.513 (que
vertebra su capacidad de sanción en la creación de un padrón de propietarios de bicicletas con
número registral en cada rodado), hay cuidados y equipamientos mínimos que no se deberían soslayar
por razones de elemental seguridad.
Para Biscotti —cuya repartición lanzará hoy la campaña "Pedaleá seguro"
(ver aparte)— ninguna bicicleta debería circular sin llevar ojos de gato y luces que la
vuelvan visible en sectores con mala iluminación, así como espejos retrovisores y timbre o
corneta.
Si el rodado tiene canasto delantero o portaequipaje trasero, ninguno de esos
accesorios debería dificultar la movilidad. Y por supuesto que es imprescindible tener en buenas
condiciones la cadena, los guardabarros y los frenos.
Desde Tránsito recordaron que la bici no es sólo un vehículo económico y
ecológico que reduce la congestión vehicular y es muy útil para cubrir distancias cortas y medias,
sino que también representa un medio de transporte más que saludable. "Pedalear 30 minutos por día
ayuda a reducir el riesgo de infarto, combate la obesidad y es un eficaz antiestrés",
afirmaron.
Pero para que esas bondades no se opaquen por potenciales perjuicios, se
recomienda pedalear llevando casco, que "protege de lesiones importantes en cabeza y cuello",
detalló Biscotti, y ropa clara para que el resto de los conductores pueda detectar a los ciclistas
sobre todo a las primeras y últimas horas del día.