La ciudad

Biau 2014: el rosarino Rafael Iglesia se llevó la primera gran ovación de la muestra

El galpón 15 completo se puso anoche de pie para aplaudir a Rafael Iglesia. Así, el destacado arquitecto rosarino se llevó la primera ovación de la Bienal. "Gracias por hacerme sentir vivo", dijo.

Miércoles 15 de Octubre de 2014

El galpón 15 completo se puso anoche de pie para aplaudir a Rafael Iglesia. Así, el destacado arquitecto rosarino se llevó la primera ovación de la Bienal. Un reconocimiento sentido, emotivo, más que merecido para uno de los personajes más singulares y representativos de nuestra ciudad. Un pensador que contagia, un talento que perdura, más allá de las contrariedades del destino que lo situaron en una silla de ruedas. Ocurrente, rancio y observador. Un auténtico provocador. A pesar de todo. Hijo directo de la literatura y la experimentación. La mejor expresión, de nuestra mejor arquitectura. Su obra y su vida pasaron a través de imágenes durante más de una hora que atraparon a una asistencia que festejó cada una de sus ideas, sus ironías y sus recurrentes metáforas.

Iglesia estuvo acompañado en el escenario por Ricardo Sargiotti, y del otro lado por su amigo el Laucha (así lo conocen todos), su fiel e inseparable ladero, que lo ayudó a repasar cada uno de los momentos emblemáticos de una carrera con trazos firmes, perennes, inoxidables, que le permitieron traspasar fronteras y ser invitado en muchas universidades del mundo.

"Gracias por hacerme sentir vivo", dijo el Rafa de entrada, colocando el clima de la charla entre la admiración, el aplauso y la irrupción de la lágrima interior. Rápidamente, relató un cuento y puso el foco en lo disciplinar y las advertencias, un clásico de Iglesia. "Los arquitectos debemos hacer un nuevo testamento", afirmó ante la avidez de la platea.

"Es que hoy la revolución sucede dentro de la casa. Antes el papá era un genio, pero ahora no sirve para nada si no sabe manejar la computadora. La tecnología es buena, pero nos aleja. En este momento, la arquitectura debe tender a la función social. A crear espacios de encuentros", apuntó con certeza. "Y esto puede ayudar a las cuestiones de inseguridad que se sufre en esta parte del mundo", agregó convencido.

En los asientos nadie se movía. Destacadas personalidades, profesionales de muchos países y una enorme cantidad de estudiantes estaban a la expectativa. Desde los costados, sus compañeros del recordado Grupo R (Gerardo Caballero, Marcelo Villafañe y Gonzalo Sánchez Hermelo) escoltaban la situación, con la mirada fija en su amigo, con quien armaron el congreso "La construcción del pensamiento", a principios de los 90', y sirvió como disparador de varias generaciones de arquitectos.

Mientras recorría las imágenes, lanzó frases desopilantes y contundentes. "Nadie es profeta en su casa". "Si supiera algo de estructuras, no hubiera hecho el edificio Altamira". "Prefiero viajar que mirar revistas de arquitectura". "La escalera fue el primer paso del hombre en la conquista del espacio". "El mejor arquitecto es Jorge Luis Borges". "Elijo la utilización de verbos y no sustantivos. Me gusta hablar de entrar y salir, y no de una puerta".

Iglesia volvió a demostrar ayer que sigue despertando inquietudes. Propias y ajenas. Su pensamiento es un espíritu de búsqueda, irreverente, inclaudicable. Siempre alejado de cánones de la formalidad, mantiene un discurso vigoroso y cierta distancia con el quehacer profesional. Por eso, cuando le preguntaron sobre el final cuál era su mejor obra, Rafa no dudó: "Mi mejor obra es mi hijo"...

Y el auditorio se puso de pie.

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