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Beravebú: un pueblo que aún pide Justicia por Julieta y ahora habla de violencia

A cinco meses del femicidio de la joven de 19 años, la comunidad se movilizará el domingo: habrá una marcha y una charla en la plaza del pueblo

Miércoles 25 de Noviembre de 2020

La noche que la mataron, Julieta del Pino llegó a estar a tres cuadras de su casa de Berabevú. Había hablado con su mamá, le pidió que le calentara la comida, salió del quiosco frente a la plaza en bicicleta y recorrió por lo menos cinco cuadras, pasó frente al club y ya sobre Iriondo su asesino la interceptó, la golpeó y se la llevó. “Hasta ahí sabemos por las cámaras”, dice Fabiana Morón, su mamá. La buscaron casi durante 24 horas. Incluso Cristian Romero, luego detenido por el hecho, participó de la búsqueda antes de que que el cuerpo de la joven de 19 años apareciera enterrado en el patio de su vivienda. “Ahí conocí una maldad y una frialdad nunca antes pensada”, agrega Fabiana. Ese será el recorrido que familiares, amigas y amigos, las mujeres que se autoconvocaron y organizaron en estos cinco meses, volverán a hacer el domingo 27 pidiendo Justicia por Julieta.

La marcha busca que se aceleren los tiempos de la Justicia “para que haya una condena”, pero también removiendo las estructuras de una comunidad de apenas 2.300 habitantes que desde ese día le puso palabras a las violencias. A su expresión más extrema, que hizo de Julieta una víctima de femicidio, y también a las muchas otras, las de todos los días, naturalizadas, aceptadas y no visibilizadas, esas que “todo el mundo sabe que hay y nadie dice nada”, afirma Sofía Mei, integrante de Mujeres Organizadas de Berabevú.

El crimen de Julieta sacudió las estructuras del pueblo, y más allá también. “Esas cosas las veíamos por la televisión, son cosas de las ciudades, les pasan a las chicas de Buenos Aires, de Rosario, no de los pueblos de acá”, dice Fabiana, que justamente dejó su casa de Los Quirquinchos, apenas a 15 kilómetros de distancia, cuando tenía 17 años para trabajar y casarse con su novio desde los 16, Adrián del Pino.

Pero esas cosas sí pasan en los pueblos. El registro de casos que sostiene la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) muestra que en 2020 hubo en Santa Fe un incremento exponencial de crímenes por razones de género en localidades de menos de 10 mil habitantes. En 2018 se habían contabilizado 3 casos, en 2019 fueron 2 y en lo que va de este año ya suman 8; y en ese período de 36 meses dos de los hechos fueron en Suardi.

Lo que es seguro es que hechos tan brutales sacuden la vida de los pueblos y en Beravebú “se destaparon varias ollas”, afirma Fabiana, para referirse a todas esas violencias con las que convivían, pero no se decían. “Hubo que contener la conmoción y la urgencia de los primeros días”, recuerda el jefe comunal, Tomás Sorribas. Pero no quedó solo en eso, hubo consultas, se creó un Area de Género y se abrieron canales de denuncias.

Las mujeres que ese sábado de julio se autoconvocaron en la plaza para buscar a Julieta y acompañaron a sus padres y a sus hermanos, se organizaron, siguen pidiendo justicia por el femicidio de la joven de 19 años, reclaman “no vaciar de sentido ese pedido de Justicia” que incluso sostuvieron en estos meses de pandemia con marchas virtuales, y pusieron a circular palabras e información en todos los lugares del pueblo donde les abrieron las puertas.

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“Se rompió una estructura, toda, aparecen situaciones, la comunidad se anima a hablar”, dice el jefe comunal.

El miedo que sacude

Fabiana primero pensó que Julieta se había ido con sus amigas y se había quedado sin batería, pero a las 5 de la mañana del sábado salió a buscarla, y uno de los lugares donde se dirigió fue a la casa de su hijo mayor. “Me acuerdo de que me retó, me dijo que ya iba a aparecer”, dice recomponiendo la escena. Pasadas las horas, imaginó que algo había pasado, pero repite que nunca pensó que el femicida fuera del pueblo. “Creí que se la habían llevado, que la había secuestrado y se habían ido a otro lado”, dice.

Cristian Romero es albañil, estuvo con la familia y se ofreció a participar en la búsqueda. Tiene 28 años y trabajaba con el hermano de Julieta. Fue él quien, en las imágenes de las cámaras que registraron por última vez a la chica en bicicleta, reconoció el auto de Romero. El sábado a la noche el albañil quedó detenido cuando en su casa de Güemes al 300 encontraron el cuerpo de Julieta enterrado en el patio, en un pozo tapado con una loza de cemento. Se determinó que hostigaba a la chica con mensajes de texto, la interceptó en su auto a las 23.30 del viernes, la golpeó y la estranguló con las manos.

“El pueblo cambió y el miedo se instaló”, señala Fabiana. Lo escucha cada vez que sale de su casa –aunque sale poco–, en los comercios. Así se lo dicen. “Ya no es la misma la confianza que había antes en la gente”, agrega. No deja de agradecer una y otra vez el acompañamiento del pueblo, y no tiene dudas de que “hay un después de lo de Juli”.

“Las mujeres se organizaron, abogadas, asistentes sociales, estudiantes que mantienen la lucha feminista, la comuna puso de su parte para atender a mujeres que se sienten agredidas y hostigadas, se está trabajando sobre un tema que antes no se tocaba acá, la gente se abre a la reflexión sobre la violencia, la violencia doméstica que queda puertas adentro. Y todo está muy bien, que las mujeres se sientan confiadas para poder denunciar, porque no es fácil”, señala.

Las estrategias de abordaje

Cuando Sorribas asumió en marzo pasado venía “con la idea de impulsar algunas cosas”, cuenta. Creó la Secretaría de Desarrollo Social, puso en marcha estrategias con los adolescentes en la escuela secundaria durante los 15 días que hubo clases, y organizó desde la comuna actividades para el 8 de Marzo, pero no imaginó que debería gestionar frente a un hecho tan brutal como fue el femicidio de Julieta.

“Había que contener a la familia, eso era lo primero y así se hizo”, recuerda. Cuando recibió el llamado de la Secretaría de Igualdad y Género de Santa Fe aceptó toda la ayuda que le ofrecieron. “Todo se aceleró a partir de ese momento”, señala Sorribas. Asesorado por especialistas, puso en marcha el Área de la Mujer dentro de la comuna, donde trabajan una psicóloga, una asistente social y una abogada en los temas específicos, y se puso a disposición de los vecinos la línea de celular de denuncias que funciona las 24 horas los 7 días de la semana.

“Sabemos de las resistencias para denunciar y sobre todo de acercarse a la comisaría que puede ser un lugar que genere desconfianza", explica. "Así que intentamos crear un espacio más cálido, donde se mantiene el anonimato y reserva, algo que es importante en las comunidades chicas donde aparece fuertemente el estigma o el miedo al estigma, a ser señalado con el dedo y quedar marcado. Y para eso está este lugar”, comenta.

En los pocos meses que tienen funcionando aparecieron situaciones que se abordan desde allí. “La comunidad se anima a hablar e intentamos dar respuesta a eso, y en los casos que lo ameritan se hacen las consultas necesarias a los especialistas de la provincia con quienes tenemos un intercambio constante”, detalla.

Pero Sorribas quiere sumar a todos. El domingo 27, ya sin casos de Covid-19 en el pueblo, habrá una charla abierta con distanciamiento y con barbijos en la plaza San Martín, se hablará de violencia y la comuna convocó a todos, vecinos e instituciones. “Cada institución debe implicarse. La escuela, los clubes, el hogar de ancianos, los bomberos, todos tenemos que mirarnos”, sostiene.

Feminismo y chicas malas

El viernes que Julieta desapareció y el sábado que su cuerpo fue encontrado en el patio de la casa de Romero, ellas se autoconvocaron, fueron a la plaza, acompañaron y se acompañaron, y enseguida tuvieron en claro que lo primero que querían, y que aún sostienen, es Justicia por el crimen de Julieta. Pero no sólo eso.

“Nos dimos cuenta de que había que ir más allá”, dice Sofía, estudiante de psicología. Empezaron a hablar y lo hacen para todo el pueblo los lunes en la columna “Ellas hablan” en el canal de cable.

“Hubo que salir a explicar todo. Explicar qué es el feminismo y que no son chicas desnudas gritando y pintando paredes que es lo que muestra la televisión como si fueran chicas malas. Explicar la violencia de género, la educación sexual integral para los diferentes niveles, los estereotipos y cómo los medios tratan el tema de la mujer, todos tabú para un pueblo como este”, cuenta Ludmila, docente e integrante de Mujeres Organizadas de Beravebú.

Trabajan en red con organizaciones de los alrededores, participan de charlas, encuentros y espacios virtuales de formación. “En pueblos tan chicos se sabe qué mujeres pueden estar pasando situaciones difíciles y no piden ayuda. Y no lo podíamos dejar así para siempre, naturalizando la violencia, los micromachismos y todo eso que siempre estuvo ahí y fue normalizado”, agrega Sofía.

El domingo 27, además de participar del encuentro en la plaza, serán parte de la marcha que reproducirá a partir de las 20.30 el recorrido que hizo Julieta. “Necesitamos que sea masivo, que venga Beravebú, pero también de otros pueblos del alrededor, con cuidado con distancia y barbijo”, pide Berenice. Y agrega: “Es muy importante porque por Julieta hay que seguir reclamando Justicia, por Julieta todavía tenemos que seguir marchando”.

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