La Ciudad

Ayer y hoy: a 77 años de la otra gran bajante del río Paraná

¿Qué tiene en común el estado actual del río con el descenso de 1944? Dos investigadores de la UNR analizan ambos fenómenos. Imágenes impresionantes

Domingo 27 de Junio de 2021

"La progresiva bajante del Paraná adquiere cada día aspectos más impresionantes", así comenzaba una crónica gráfica publicada por La Capital el 2 de octubre de 1944. Una serie de imágenes en blanco y negro que retrataban el retiro de las aguas: el arroyo Ludueña casi seco, el barro del lecho del río acompañando el camino por la costanera norte y las boyas que señalizaban el canal de navegación casi sobre la costa. A ese histórico fenómeno aluden actualmente los especialistas en hidráulica al momento de buscar antecedentes de los escasos 3 milímetros de altura que este sábado exhibía el río en el puerto de Rosario. Una situación excepcional explicada por la variabilidad y el cambio climático, pero también por las transformaciones en los usos del suelo, como la deforestación o las prácticas agrícolas intensivas.

Tanto como la actual, la bajante del 44 cambió la fisonomía de la ciudad, haciendo sentir sus consecuencias en la navegación fluvial y en el abastecimiento de agua, según se consigna en las páginas de La Capital de aquellos días.

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El Paraná empezó a retirarse de la costa en el invierno y la bajante se extendió hasta el año siguiente. “En 1944 y 1945 se registraron dos niveles mínimos anuales muy severos: -1.39 y -0.81 metros respectivamente. Pero, además de estos valores extremos, durante el resto de los días de esos años los niveles se mantuvieron en aguas bajas y medias; por ejemplo, los niveles máximos fueron de 3.04 y 3.07 metros, en 1944 y 1945, respectivamente”, explican 77 años después Gerardo Riccardi y Pedro Basile, ambos ingenieros civiles, docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Rosario.

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Los balnearios de la zona norte con playas inmensas formadas por el retiro del río.

Los balnearios de la zona norte con playas inmensas formadas por el retiro del río.

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Pero lo particular de esa bajante histórica, que los especialistas comparan con la actual, fue su persistencia. Ese año, por el rio marrón “escurrió el menor volumen acumulado a lo largo de todo año en toda la serie de registros del río. En el año 1944, debido a la permanencia de niveles mínimos, el volumen de agua que escurrió fue de aproximadamente 286.000 hm3. En el otro extremo, en la crecida extraordinaria del año 1983, a lo largo del año el volumen de agua escurrido fue algo mayor de 820.000 hm3”, señalan los investigadores.

Y destacan que precisamente la similitud entre las bajantes de 1944 y la actual tiene más que ver con el volumen escurrido durante ambos años. O sea, “no tiene que ver tanto con la severidad del nivel mínimo anual, sino con el comportamiento de los caudales a lo largo del año. Durante el año 2020, haciendo algunas consideraciones aproximativas, escurrieron a lo largo del año 375.000 hm3 , por encima de lo verificado en 1944”.

En los diarios de este año, las noticias sobre el río se repiten. Incluso dos años después, el prolongado descenso de las aguas sigue generando debates entre ingenieros y especialistas en puertos. Las páginas de La Capital informan sobre el trabajo de Edmundo Soulages, un ingeniero que participó de los estudios previos a la licitación del puerto de Rosario, que por primera vez y a mano alzada trazó las curvas de las variaciones de nivel del Paraná tomando las mediciones realizadas en el puerto local desde fines de 1800. ¿El objetivo? Poder predecir a largo plazo, “y con asombrosa exactitud”, las variaciones del nivel del "rio salvaje".

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El Ludueña, seco

Entrada la primavera del 44, el nivel de las aguas del Paraná seguía mostrándose preocupantemente bajo y en una ciudad recostada sobre su costa, el problema era palpable. Un fotógrafo y un cronista de La Capital recorrieron la costanera norte y produjeron un fotorreportaje, no muy frecuente por esos años.

“El extraordinario descenso del rio Paraná”, se tituló la nota que describe el paisaje en inmediaciones del arroyo Ludueña “casi seco” y narra la singular postal que ofrece un paseo por la costanera norte, “con el lecho del río visible en gran parte junto a la avenida”.

De La Florida, ya descubierta como balneario, destaca la extensión de las playas producida por “el fondo del río abandonado por las aguas en una gran extensión”.

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Y remarca también los problemas que la bajante del río despliega sobre la vida urbana. Las complicaciones para la navegación, pero sobre todo la adopción de medidas de emergencia para el suministro de agua.

Un río sin agua

Los caudales del Paraná, explican Riccardi y Basile, se originan mayormente a partir de las lluvias que se producen en las cuencas tributarias del Alto Paraná (Brasil), el río Iguazú (Brasil y Argentina) y el río Paraguay (Paraguay, Argentina y Bolivia).

Las lluvias que se producen en esas zonas generan la mayor parte del volumen de agua que escurre por el tramo argentino del río, desde Corrientes hasta el Río de La Plata. A más lluvias, más agua en el Paraná.

“El régimen del río siempre se caracteriza por ciclos y alternancias de crecidas y bajantes, ambos extremos se presentan con diversos grados de severidad y extensión temporal”, destacan y advierten que “cuando se observan las series de los valores de niveles mínimos anuales registrados en los hidrómetros (por cada año se representa el menor valor observado del nivel de agua en el hidrómetro) y la serie de los valores máximos anuales (donde se apuntan los niveles más altos), puede verse que el régimen de extremos máximos y mínimos ha cambiado a partir de 1972”.

Esta transformación, dicen, se hace más significativa “en los valores de niveles mínimos y los caudales correspondientes”, producto de una serie de factores entre lo que se destacan la variabilidad y el cambio climático, los cambios en las condiciones de escurrimiento originados en diferentes usos del suelo que desencadenan procesos de deforestación, prácticas agrícolas intensivas con monocultivos, eliminación de bajos naturales, incendios, canalizaciones no planificadas y clandestinas y la regulación de caudales que realizan presas y embalses.

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Malas señales, para una ciudad que crece al lado del río.

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