La ciudad

Arquitectura de lo propio para interpretar la realidad

"Si América nació con el sino de la destrucción, no es casual que, entre nosotros, aquellas obras emanadas de la naturaleza del continente, estén llamadas a correr la misma suerte".

Lunes 07 de Octubre de 2019

Jorge Enrique Scrimaglio

En la Vidriera de Cordic, edición 2003

"Si América nació con el sino de la destrucción, no es casual que, entre nosotros, aquellas obras emanadas de la naturaleza del continente, estén llamadas a correr la misma suerte. El no acreditar filiaciones tangibles con los postulados programáticos de la "modernidad" primero, y de la "postmodernidad" después, con el soporte de la "globalización", las hace quedar expuestas al daño condenable de quienes, al verlas emparentadas con las corrientes en boga, se arrogan el derecho (por tener impunidad), de descargar sobre ellas la furia de su prestada autoridad".

"Sin embargo, esto no hace sino demostrar la existencia de un estado cultural aún no resuelto, pero que los acontecimientos se están encargando de dilucidar, mostrando la vacuidad e inutilidad de tales acciones frente a un poderoso emergente que es posible rastrear todo a lo largo de nuestras historias nacionales desde que nos sentimos parte de América. Entonces, no será sólo un tango quien pueda identificarnos ante los demás _al sentirnos identificados en él_, sino que una serie de manifestaciones creativas nos irá revelando nuestra esencia, en la medida en que empecemos a reconocernos con atributos propios sin complejos de inferioridad frente a Europa, gracias a nuestra herencia indoamericana. Así descubriremos "la arquitectura de lo propio", que interpreta la realidad como un tango o un cuadro de Quinquela Martín, y vive conforme a la naturaleza de los materiales y de las técnicas empleadas, del sitio en el que se implanta y de las necesidades a las que debe responder. Sólo así llegará a ser universal.

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