Martes 08 de Marzo de 2022
"Si uno lee los diarios y mira un poco de televisión tiene que ser feminista", dijo alguna vez Angélica Gorosdischer sin dar lugar a ambigüedades. Y a renglón seguido bromeó sobre el juego con sus propios personajes: "Últimamente me ha pasado que mato muchos tipos, hubo una época en que los degollaba, pero después se me pasó y dije vamos a matarlos de otra maneras, más suaves".
Decía que el feminismo "tiene mala prensa", podía ser impiadosa con quienes confundían el feminismo con una batalla contra los varones, afirmaba sin dudar que las mujeres "pagan IVA" en todos los ámbitos donde se desarrollen y, aunque confesaba un vínculo "tormentoso" con su madre, reconocía lo que de ella había aprendido rápidamente.
Video: audio gentileza de Rosario Spina; imágenes archivo La Capital, producción periodística Eugenia Langone, edición Andrés Mancini.
La escritora, nacida en Buenos Aires pero que vivió en Rosario desde los 7 años, falleció hace casi un mes, a los 93 años. Fue de las mujeres que ya por los años 80 no solo hablaban de feminismo, sino que se definían como tales.
Pionera de la literatura de ciencia ficción -un género del que se corrió porque lo consideró "agotado"- le siguieron en su vasta obra novelas, cuentos y relatos donde mujeres fueron protagonistas. En el marco del 8 de Marzo y a poco su fallecimiento, bien vale la pena homenajearla y recuperar esa voz, parte de su historia y las definiciones ofrecidas en los últimos reportajes.
De la infancia solitaria a la huida
Las referencias de Angélica a los libros están desde los primeros años de su vida, no solo porque aprendió a leer tempranamente a los 5 años, sino además porque sus recuerdos de la infancia son de un tiempo solitario.
"Tuve una infancia muy solitaria y muy triste. No me dejaban juntarme con nadie, mi familia era muy rígida, siempre era «cuidado con la nena»", decía sobre su niñez y señalaba los libros como "una salvación": primero como objetos de juego y más tarde, ya como lectora, afirmó: "Fueron la transformación de mi vida".
La mentira, en cambio, fue la válvula de escape de la adolescencia, lo que le permitió -pese a que no la dejaban salir sola- verse de pé a pá "El continuado Francés" en el Cine Broadway, hoy teatro. El engaño que urdía en su casa era una visita cada martes a la tarde a la Biblioteca del Normal Nº2, escuela de la que fue alumna en primaria y secundaria, cuando en realidad sorteaba de ese modo la prohibición de su madre de ver películas francesas.
Lo que le siguió fue la huida para casarse con "el Goro", como ella llamaba a su esposo Sujer Gorodischer. "Mi familia y la de él se opusieron rabiosamente, así que nos fuimos y nos casamos y pasé de vivir una vida bastante cómoda a vivir en una pensión y empezar a trabajar", contaba de esa pelea cual Montescos y Capuletos por los orígenes cristianos de su familia y judíos de su esposo.
Definiciones del feminismo
No tuvo que llegar la cuarta ola para que Angélica se definiera como feminista, lo hacía ya por los años 80 cuando el movimiento de mujeres no tenía ni la masividad ni la posibilidad que tiene en la actualidad de ser oído a la hora de definir políticas públicas.
Así y todo, supo decir desde siempre que "las mujeres pagan siempre IVA" -se refería a todos los ámbitos- y afirmaba: "No pueden tragar la noción de que las mujeres somos personas, que tengamos un trabajo y que no tengamos que depender del papá de un marido ni de nadie".
Aún reconociendo que a todas las mujeres "les cuesta más", admitía siempre su propia "suerte" y utilizaba esa palabra para referirse a quienes habían decidido publicar tempranamente sus obras. "Me encontré con editores muy generosos", decía.
Sobre la pelea por los derechos de las mujeres, se mostró más de una vez convencida de que cada una podía hacerlo desde su propio espacio. "Hay que hacer consiente de lo que pasa a la gente y uno puede hacerlo de varias maneras -decía-. Hay mujeres que se suben a la tribuna o se postulan para una diputación o para una gobernación y desde ahí pueden pelear por las mujeres y otras no podemos hacer eso, yo lo que hago es escribir".
Esta nota forma parte de una serie de reportajes que La Capital realizó en el marco del 8 de Marzo tradicionalmente reconocido como el Día de la Mujer Trabajadora y retomado por los movimientos feministas en los últimos años como una jornada de lucha de mujeres y diversidades donde se lleva adelante el Paro Internacional y Plurinacional de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans, intersex, identidades no binarias, personas con discapacidad, afros, originarias e indígenas y se visibilizan las luchas de las mujeres e identidades femenizadas no solo en los ámbitos laborales, sino contra todo tipo de discriminaciones y violencias. "Una en medio millón", cuenta las historias singulares de mujeres que abrieron caminos y lo siguen haciendo en espacios históricamente masculinizados y toma el dato de la población estimada de mujeres que habitan la ciudad, algo más de 522 mil de acuerdo a las estimaciones para el 2018.